Los artesanos de Bariloche también tienen una buena temporada invernal

Los días grises y lluviosos fueron los más atractivos para los paseos de emprendedores que se encuentran en el centro de la ciudad.





La feria de artesanos de Bariloche y la globa de emprendedores tuvieron mayor afluencia de público los días lluviosos y grises de julio. Archivo

Las tres ferias más importantes que agrupan a emprendedores y productores artesanales de Bariloche lograron recuperar por primera vez este invierno los volúmenes de venta previos a la pandemia. Los puesteros destacaron el impacto positivo de la apertura de fronteras y la llegada del turismo extranjero, como no se veía desde 2019.

Algunos señalaron que el movimiento fue muy importante pero “las ventas no se condicen con la cantidad de gente”, aunque a muchos les permitió volver a vivir de la actividad, una meta a la que apuntan todos los artesanos y que parecía imposible hace unos pocos meses.

La feria de la plaza Derechos de la Mujer (o “calle Urquiza”) y la de que alberga al grupo Ecosureños (ubicadas ambas en los jardines del Centro Cívico), agrupan en conjunto más de 200 puestos, mientras que otros 70 forman parte de la tradicional feria artesanal emplazada detrás del Scum de Moreno y Villegas.

A ellos se suman los artesanos que montan sus “paños” en plena calle Mitre, los que trabajan en la nutrida feria de Colonia Suiza y los que exponen y venden en los locales de emprendedores del Cerro Catedral y de la terminal de ómnibus, ambos administrados también por Ecosureños.

La feria de la plaza Derechos de la Mujer (o “calle Urquiza”) y la de que alberga al grupo Ecosureños (ubicadas ambas en los jardines del Centro Cívico), agrupan en conjunto más de 200 puestos. Foto: Marcelo Martínez

La temporada tuvo un pico de movimiento en las primeras tres semanas de julio y menguó un poco hacia el final, aunque todavía se mantenían las vacaciones de Buenos Aires, dijo uno de los artesanos. En materia de público el dato significativo fue “la presencia en primer término de paraguayos y uruguayoos, luego la llegada masiva de brasileños y también la gente del norte del país, que conocen de artesanías y compran bien” dijo Carlos Muntada, quien vende cerámicas en la feria de calle Urquiza.

Aseguró que “la temporada es buena, dentro de lo normal”, y como principal valor destacó que ya pudieron dar por superada la crisis de la pandemia, que tuvo a la ciudad semiparalizada durante el primer año y con turismo menguado en el segundo. Para Joy Collini, una artesana que trabaja con cuadros y piedras pintadas, “la cantidad de gente es importante pero no se relaciona con el volumen de ventas”. Dijo que muchos preguntan y se interesan aunque, los argentinos en particular, cuidan mucho el gasto.

La temporada tuvo un pico de movimiento en las primeras tres semanas de julio. Foto: Marcelo Martínez

El tipo y rango de precio de los artículos tiene mucho que ver en el éxito de cada puesto. La oferta en el puesto de cerámicas arrancan desde los 1.200 pesos, hasta las más sofisticadas de 8.000. Mientras que Collini tiene trabajos valuados entre los 2.000 y 7.000 pesos. “Eso es algo que tenés que manejar muy bien, algunos se adaptan al público y otros no -explicó uno de sus colegas-. Cuando la gente busca un adorno, un recuerdo para llevar, algo que no es útil en sí mismo, el precio tiene mucho que ver”.


El esfuerzo de sostener el proyecto


Miriam Bustos es una de las referentes de Ecosureños y refirió que en esa feria son casi “mitad y mitad” quienes viven exclusivamente de la producción artesanal y quienes tienen otro ingreso, a veces una jubilación o una asignación social.

La temporada “es aceptable, un poco mejor que el año pasado”, gracias al regreso del turismo de Brasil y otros países vecinos, a quienes “el tipo de cambio les favorece mucho”.

Para las ferias, los días lluviosos o fríos son más favorables porque se transforman en paseo casi obligado. Con la llegada del buen tiempo la gente “sale más en excursiones” y deja las compras para la tarde o la noche.

La temporada “es aceptable, un poco mejor que el año pasado”, gracias al regreso del turismo de Brasil y otros países vecinos. Foto: Marcelo Martínez

Bustos aseguró que los extranjeros son “muy compradores del recuerdito, el obsequio”. Su experiencia de años le dice que cualquier puestero debe tener sí o sí un “caballito de batalla” que sea sencillo y barato, para tentar después al cliente con un producto de mayor elaboración. En su caso ofrece llaveros e imanes desde 200 pesos.

Explicó que la feria de emprendedores “luchó mucho para sostenerse” en tiempos de veda turística y que ahora buscan reunir recursos para renovar la lona de la globa en la que trabajan. El municipio les cobra un derecho mensual y “se había comprometido a retornar la mitad de ese dinero en mejoras para la feria -según indicó Bustos-. Pero no cumplió muchas de las cosas pactadas”.

Foto: Marcelo Martínez

Dijo que los puestos que mejor funcionaron esta temporada fueron los de productos elaborados en madera, la bijouterie en metales y piedras, los sahumerios y los tejidos. En Ecosureños, hay también microproductores de comestibles (a diferencia de las otras ferias) y es posible encontrar por ejemplo dulces y embutidos.

María Alonso tiene una jubilación y complementa sus ingresos con los tejidos que vende en la feria. Dijo que la gestión de venta es una artesanía en sí misma porque hay que cuidar el vínculo con el cliente. “Muchos comparan y no se deciden, preguntan mucho, se van. Y después vuelven”, explicó. Dijo que a ella le va bien con los gorros, aunque ya no vende lo mismo que hace unos años. Consideró que ofrecer “cosas útiles” otorga más chances de éxito, sobre todo si el producto no es barato.


Vender y producir


Otra cuestión a considerar, por parte de los artesanos y emprendedores, es cómo repartir el tiempo entre la venta en la feria y la producción en su casa o taller. Son muy pocos los que pueden hacerlo detrás del mostrador, mientras ofrecen sus productos. En esos casos el trabajo a la vista es una herramienta más de marketing.

María Arriola y Aldana Soto son referentes de la feria del Scum, menos visible que las otras, pero la más antigua de todas. Dijeron que para atraer público apelaron este año a las “volanteadas” en la esquina de Mitre y Villegas, ubicada a una cuadra, y a dedicarle “muchas horas” de presencia en los puestos (de lunes a sábados entre las 10 y las 20.30), donde a veces se turnan para cubrir a sus compañeros.

Destacaron que además del turismo, tienen una apreciable porción de clientes locales, que buscan regalos y “encargan” trabajos. Para llegar a esa franja “son importantes las redes sociales” que muchos artesanos utilizan con fluidez.

En esa feria los productos más exitosos esta temporada fueron los “amigurumi” (pequeños muñecos tejidos), dijes de flores, velas, sahumerios, piedras y textiles en general.

Foto: Marcelo Martínez

Aldana dijo que la mayoría de los artesanos que montan allí sus “paños” viven exclusivamente de la actividad y tienen claro que las temporadas de invierno y verano necesitan acumular ingresos para los lapsos intermedios, en los que se vende mucho menos. “Uno estudia un poco el mercado y se ajusta, por ejemplo cuando ve que la gente va mucho a lo barato, como pasa en general con los argentinos. Los turistas de Brasil funcionan distinto, aunque les gusta regatear, algo que no vez con otro tipo de público”, explicó María.


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