«No podemos evitar la tormenta, pero sí dar tiempo para decidir»: la estrategia del SMN ante El Niño
Pedro Di Nezio, director del Servicio Meteorológico Nacional y especialista en El Niño, calificó de “muy infrecuentes” las dos alertas rojas registradas en Río Negro y Neuquén desde julio. Tras años de investigación en Estados Unidos, analiza las señales del episodio actual y los cambios que impulsa en el organismo.
Pedro Di Nezio habla de meteorología y enseguida aparecen las telecomunicaciones, los camiones varados frente a un paso internacional, los radares, un sensor capaz de medir prácticamente cada gota de lluvia o las pasarelas de las Cataratas del Iguazú que pueden desmontarse antes de una crecida. Los ejemplos surgen a medida que avanza la conversación y muestran hasta dónde puede llegar la información meteorológica cuando se utiliza para tomar decisiones.
Nació en Tres Arroyos, provincia de Buenos Aires, y se recibió de ingeniero mecánico en el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA). A los 23 años se fue del país y continuó su formación en Estados Unidos, donde estudió Meteorología y Oceanografía en la Universidad de Miami. Luego trabajó en Hawái y durante años estudió los procesos climáticos que se originan cuando la atmósfera interactúa con el océano, en especial El Niño, que este año comenzó a manifestarse con fuerza. En esta entrevista con Diario RÍO NEGRO, explica cómo su influencia permite entender parte de lo ocurrido durante el invierno en el norte de la Patagonia y Cuyo y qué se espera para los próximos meses.
En agosto se formalizó la designación al frente del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), un organismo que, destaca, cuenta con “excelentes recursos humanos, con un enorme potencial para hacer crecer la meteorología en el país”. “Ahora el desafío es definir prioridades claras, nuevas asociaciones y una mirada más aplicada sobre el conocimiento que produce el SMN”, resume.
En sus primeros 80 días avanzó en la renovación de distintas direcciones y puso el acento en promover nuevos liderazgos dentro del organismo. “Fueron todas promociones de profesionales del propio Servicio. Ahora tenemos un equipo de directores muy motivado, con buenas ideas”, explica. Su objetivo, dice, es “modernizar y jerarquizar”.
Dos alertas rojas en dos meses: El Niño ya se siente en la Patagonia
La llegada de Di Nezio al Servicio Meteorológico coincidió con la consolidación de un nuevo episodio intenso de El Niño y con una sucesión de eventos extremos en el norte de la Patagonia. “La primera alerta roja fue a siete días de asumir. En ese momento era demasiado pronto para atribuir un evento aislado a El Niño, recién consolidado. La semana pasada tuvimos la segunda alerta roja en la misma región. Cuando empezás a acumular señales, aparece un patrón. Dos alertas rojas en Río Negro y Neuquén en apenas dos meses es muy infrecuente”.
Para entender ese patrón hay que mirar hacia el Pacífico tropical. El Niño consiste en un calentamiento «anómalo y persistente» de una enorme superficie del océano que modifica la atmósfera y «termina alterando las probabilidades de lluvia y temperatura en regiones muy alejadas del Pacífico».

“Dos o tres grados de temperatura pueden parecer poco, pero estamos hablando de una enorme superficie del océano que permanece más caliente durante meses. Esa escala y esa persistencia son las que terminan modificando la circulación de la atmósfera», explica.
El calentamiento del Pacífico tropical es capaz de modificar patrones de viento a miles de kilómetros de distancia. Durante el invierno, uno de sus efectos sobre Argentina es desplazar hacia el norte los sistemas meteorológicos que cruzan la cordillera, un patrón consistente con lo observado este año en Mendoza y en el norte de la Patagonia.
“En vez de concentrarse más al sur, en lugares como Chubut o Santa Cruz, este invierno las lluvias y nevadas se desplazaron hacia el norte. Lo vimos con las grandes nevadas en Mendoza», señala, «y también con las condiciones muy húmedas en Río Negro y Neuquén. Es el tipo de cambio en los patrones de circulación que esperamos durante El Niño”.
El Niño y el clima de los próximos años
“Lo importante en estos próximos años es que El Niño y La Niña van a tener una influencia muy importante sobre nuestro clima. Nuestro desafío es anticiparnos a esos cambios: mejorar los pronósticos y las alertas y conseguir que funcionen bien bajo condiciones climáticas muy distintas”, indicó.
El actual episodio, sostiene, ya está consolidado y es intenso. Pero sus efectos en Argentina cambian con las estaciones: mientras durante el invierno la señal estuvo sobre Cuyo y el norte patagónico, con la llegada de la primavera y el verano la atención comienza a desplazarse hacia la región pampeana y el Litoral, donde El Niño favorece condiciones para lluvias más intensas y tormentas severas. “Por eso ahora tenemos que empezar a mirar hacia esa región y prepararnos para los próximos meses”. Alcanzaría su pico hacia diciembre y sus efectos podrían prolongarse hasta marzo o abril de 2027, cuando aumentaría el riesgo de inundaciones por la acumulación de humedad.
Argentina cuenta hoy con una capacidad mucho mayor para anticiparse a estos fenómenos que durante los grandes eventos de El Niño de 1997 y 2015. Este será el primer El Niño que el país enfrente con la actual Red Nacional de Radares Meteorológicos, que permite seguir en tiempo real el desarrollo de las tormentas y detectar lluvias intensas, granizo y otros fenómenos severos.
“Los radares nos permiten seguir cada tormenta en el momento. Con los modelos, las alertas del SMN pueden empezar a advertir sobre una situación de riesgo con hasta tres días de anticipación y se van actualizando a medida que se acerca el evento y contamos con información más precisa. Esa capacidad de anticipación es fundamental para que la Agencia Federal de Emergencias y las defensas civiles provinciales y municipales puedan prepararse y responder.”
Para qué sirve pronosticar
Di Nezio vuelve varias veces sobre el mismo punto: la meteorología no puede impedir una nevada, una lluvia extraordinaria o la crecida de un río, pero puede ofrecer tiempo para tomar decisiones. Uno de los ejemplos ocurrió este invierno en el paso Cristo Redentor, que permaneció cerrado durante largos períodos por las nevadas de un invierno marcado por El Niño. La acumulación de camiones comenzó a generar problemas y parte del tránsito buscó alternativas que terminaron impactando incluso sobre localidades neuquinas.
El pronóstico permitió encontrar una ventana suficientemente extensa de buen tiempo para organizar la limpieza y la reapertura. “Como ya sabés que va a ser difícil abrirlo, tratás de buscar un momento de buen tiempo. Se encontró una ventana y ahí se permitió pasar a los camiones. Con el pronóstico podés ver cuándo vas a tener siete días de buen tiempo para limpiar la ruta y hacer que pasen todos los camiones lo más ordenadamente posible”.
Algo similar ocurrió la semana pasada en la cordillera. El fenómeno se desplazó desde la zona de Bariloche hacia Neuquén y las alertas fueron modificándose a medida que avanzaban las precipitaciones hacia Neuquén. Mientras tanto, las áreas de Defensa Civil monitorearon arroyos y ríos, se suspendieron clases y actividades y se redujo la circulación en los lugares más comprometidos.
“Si hay clases y gente circulando en plena tormenta, un río crece, se desborda y se lleva un auto. Con la alerta a tiempo se pueden evitar muchas de esas situaciones. No podemos evitar que ocurran estos fenómenos, pero sí podemos dar tiempo para que se tomen decisiones y la gente se prepare”, señala.
Un trabajo que reúne a distintos organismos
La preparación para los próximos meses no queda limitada al Servicio Meteorológico. Di Nezio, al frente de un organismo que funciona en la órbita del Ministerio de Defensa, participó de una reunión del Consejo Federal de Emergencias con la ministra de Seguridad Nacional, Alejandra Monteoliva, en la que distintos organismos compartieron información y escenarios para anticiparse a los impactos que El Niño podría generar durante la primavera y el verano.
“El mensaje es calma, seguir las alertas y las indicaciones de las defensas civiles locales. Los sistemas de monitoreo están funcionando y todas las agencias del Gobierno para el monitoreo y la Defensa Civil están dialogando, preparándose y en una comunicación muy fluida”, señala.
En la reunión surgió un ejemplo que vuelve a su idea sobre el valor del pronóstico. Representantes de Parques Nacionales recordaron lo ocurrido en las Cataratas del Iguazú durante El Niño de 2023, cuando una gran crecida provocó daños en las pasarelas. La experiencia derivó en cambios para poder desmontarlas cuando existe una previsión de aumento extraordinario del caudal.
“Se dieron cuenta de que las pasarelas tienen que ser desmontables. Entonces ahora, cuando hay pronóstico de crecida, se sacan las pasarelas. Es complicado», admitió, «pero es mejor que después tener que construirlas de nuevo. Los avances son así, progresivos, día a día, con gestión, con cabeza. No hay soluciones mágicas y no vamos a poder predecir el tiempo perfectamente, porque hay límites de la física”.
De las estaciones de tren a una alianza con las telecomunicaciones
Un viaje reciente a Córdoba le ofreció una imagen que utiliza para explicar su estrategia al frente del SMN. Durante una visita al Museo Meteorológico Nacional encontró un mapa de la red de observación de hace medio siglo y observó que había muchas más estaciones que en la actualidad. La explicación estaba en los ferrocarriles: en muchas estaciones ferroviarias también se realizaban observaciones meteorológicas y, con el cierre de ramales, se perdió parte de esa capilaridad.
El desafío es pensar cuál es hoy la infraestructura que podría cumplir una función semejante. Y una de las respuestas que encontró está en las telecomunicaciones. El SMN comenzó a trabajar con una empresa del sector que, ante la llegada de El Niño, necesitaba contar con información meteorológica en tiempo real para anticipar tormentas capaces de afectar su red y actuar rápidamente si alguna estación de transmisión quedaba fuera de servicio.
“Parte de prepararse para los eventos meteorológicos severos que pueden volverse más frecuentes durante El Niño es asegurar que las comunicaciones sigan funcionando. A partir de ese desafío empezamos a pensar cómo trabajar juntos: nosotros tenemos los datos que permiten identificar dónde hubo eventos severos, pero también queremos explorar cómo esa colaboración puede ayudarnos a observar mejor y ampliar nuestras capacidades”, señala Di Nezio.
La propuesta que analizan incluye instalar sensores meteorológicos en las antenas de la compañía y aprovechar una red ya desplegada en todo el territorio. “Los ferrocarriles de antes también cumplían esa función: además de conectar el país, ayudaban a observar el tiempo. Hoy las telecomunicaciones pueden ofrecernos una oportunidad parecida», comparó, «la misma infraestructura que necesita información meteorológica puede ayudarnos a generar mejores datos. Es mucho más sinérgico y eficiente».
«Queremos que crezca la meteorología argentina, no solamente el SMN”, agregó. Su intención es ampliar el acceso a los datos y productos del organismo, entender mejor las necesidades de los sectores productivos y explorar alianzas que permitan desarrollar nuevas capacidades y servicios especializados.
La Antártida, el próximo desafío
Una de las apuestas a más largo plazo de Di Nezio mira hacia el sur. Argentina tiene más de un siglo de observaciones meteorológicas en la Antártida, logística propia y una experiencia que pocos países pueden ofrecer. El objetivo es aprovechar esas capacidades para mejorar los pronósticos en una de las regiones más difíciles de observar del planeta. “Queremos tener el mejor pronóstico del tiempo para la Antártida», asegura, «para la navegación, los vuelos y toda la logística antártica necesitás buenos datos, observaciones y modelos”.
La figura de Benjamin Gould, el astrónomo estadounidense que llegó a la Argentina en el siglo XIX para estudiar un cielo austral todavía poco explorado, le sirve para pensar el futuro del SMN. Más de 150 años después, Di Nezio encuentra en esa experiencia una idea que quiere recuperar: “Nuestra ubicación nos da una oportunidad única. Así como Gould vino a la Argentina para observar el cielo austral, nosotros también tenemos que volver a mirar hacia el sur”.
La distancia entre aquel mapa de estaciones meteorológicas distribuidas junto a las vías del ferrocarril y el proyecto de colocar sensores en antenas de telecomunicaciones condensa buena parte de la transformación que imagina. La tecnología cambió, la capacidad de observar la atmósfera es infinitamente mayor y también lo es la demanda de información. Pero el desafío sigue siendo el mismo: «anticipar lo que viene con la mayor precisión posible y conseguir que ese conocimiento llegue a tiempo a quienes deben decidir qué hacer».
Comentarios