Pez limón en Chubut: una de las especies más codiciadas por los chefs echa raíces en la Patagonia
Un estudio del Conicet confirmó que la cotizada especie extendió su hábitat al Golfo Nuevo y comenzó a reproducirse en la región. Los científicos piden regular la pesca para proteger el recurso.
El pez limón, una de las especies más valoradas por la gastronomía mundial, dejó de ser un visitante ocasional en la Patagonia: hoy muestra una presencia estable y abundante en el Golfo Nuevo, en Chubut. Un estudio del CENPAT-CONICET confirmó que su distribución en el Atlántico sudoccidental se extendió y que, además, se reproduce en la zona. «Conocer los ciclos de reproducción es clave para la conservación», remarcó la investigadora Luján Villanueva-Gomila.
Los investigadores detectaron un cambio profundo en el patrón histórico de aparición de este pez, muy apreciado por pescadores deportivos, artesanales y chefs. En lugar de unos pocos ejemplares grandes durante un breve lapso del verano, ahora se registran individuos de distintos tamaños durante gran parte del año en Puerto Madryn. «A partir del año 2000, comenzamos a registrar una mayor abundancia de la especie en la región», explicó el biólogo Alejo Irigoyen, del Centro para el Estudio de los Sistemas Marinos (CESIMAR-CONICET).
El trabajo, que combinó entrevistas con pescadores artesanales, cámaras submarinas y estudios biológicos, también aportó evidencias de que el pez limón se reproduce en aguas patagónicas. Para los científicos, este hallazgo obliga a pensar en medidas de manejo que protejan el recurso sin frenar una actividad que ya forma parte del patrimonio económico, cultural y gastronómico de la región.

¿El pez limón llegó para quedarse en la Patagonia?
Hasta hace pocos años, los registros científicos ubicaban al pez limón entre el sur de Brasil y Mar del Plata, con presencia estacional. «Científicamente se había reportado que la especie habitaba desde el sur de Brasil hasta la zona de Mar del Plata y de una manera estacional mientras que, históricamente, a Madryn llegaban individuos muy grandes de pez limón en un periodo muy corto y de forma muy escasa», recordó Irigoyen. Esos datos surgían de apariciones esporádicas y de apuntes dispersos en laboratorios.
El nuevo estudio amplió cinco grados hacia el sur el límite reconocido de distribución y confirmó su llegada estable hasta el Golfo Nuevo. Según el equipo del Cenpat, la especie ya no aparece solo en enero. «Históricamente, los registros se concentraban de manera muy acotada en el mes de enero, extendiéndose ocasionalmente a diciembre o febrero. Actualmente, esa ventana temporal se ha ampliado significativamente: el período de registro abarca desde octubre hasta mayo o junio, habiéndose reportado la última captura del estudio a finales de este último mes», detalló el investigador.
Entre 2023 y 2024 los científicos obtuvieron muestras de 50 ejemplares en el Golfo Nuevo. Midieron longitud y peso de 47 peces, 37 de pesquerías artesanales y diez de pesca submarina. Además recolectaron gónadas de 30 individuos para análisis reproductivos. Los resultados indican que el pez limón se reproduce en la zona.
Esto marca un precedente que debe motivar la acción. «Si una especie se reproduce en un lugar específico, es fundamental proteger esa zona, de hecho, los propios pescadores lo saben y cuidan el recurso”, subrayó Luján Villanueva-Gomila, investigadora del CENPAT.
El cambio en la estructura poblacional también resulta evidente: ya no se observan solo «gigantes» de hasta 30 kilos, sino también ejemplares jóvenes. «Empezaron a aparecer otras tallas, incluyendo individuos más chicos. Ya no solo estaban los gigantes de siempre, lo que marcó el inicio de un cambio notable», señaló Irigoyen. Para los especialistas, la presencia de prereclutas indica que el Golfo Nuevo funciona como área de asentamiento y crecimiento.
Frente a este panorama, los investigadores proponen discutir medidas precautorias. No plantean un cierre total de la actividad, pero sí un esquema de regulación. «Una opción de manejo no es prohibir la actividad, ya que es una fuente de trabajo y un recurso económico, gastronómico y cultural espectacular, parte de nuestro patrimonio. Pero sí se podrían fijar límites en los volúmenes de captura o implementar vedas y permisos», señaló Irigoyen.
Entre las opciones postuló que los pescadores tradicionales podrían seguir trabajando, «pero evitando que se sume un exceso de flota que ponga en riesgo el recurso por sobrepesca». Para la Patagonia, el desafío será aprovechar esta nueva riqueza marina sin comprometer su futuro.
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