Raúl Pérez, el Luthier que a sus casi 80 sigue haciendo instrumentos desde Bariloche para todo el mundo

Su conexión con la madera es única. Hizo su primer guitarra a los 17 y hace 40 años que músicos de todo el mundo quieren que sea el creador de sus instrumentos.

Raúl Pérez, Luthier de Bariloche.

A la casa de Raúl Pérez llega gente de todo el mundo. En primer lugar, sus hijos y nietos que viven en Europa y en cada invierno vienen de vacaciones para reencontrarse con Bariloche; y luego, gente que busca un instrumento personalizado y de calidad.

Entrar a su hogar es ver la conexión que tiene su familia con el arte de la carpintería. Su casa está prácticamente hecha con madera, desde el revestimiento hasta los muebles que fueron construidos por sus hijos, sus nietos, su padre.

En la ciudad cordillerana, todos conocen a Pérez del Cerro Otto. Un barilochense de toda la vida que nació en San Martín de los Andes por el trabajo de su padre, que en ese momento trabajaba para Parques Nacionales y construía las casas para los empleados. “Pero a los pocos días ya estaba en Bariloche”, cuenta Raúl, haciendo una introducción a su biografía.

La calidad de los instrumentos – en general de cuerda – que construye llevó su nombre y su marca personal al mundo. “Nunca tuve problema de vocación”, dice. A los 10 años no sabía lo que iba a ser de su vida, pero sí sabía lo que no.

“No iba a ser odontólogo ni abogado. Sabía que iba a hacer cosas con las manos”.

Raúl Pérez, Luthier de Bariloche.

Desde cristos para iglesias hasta instrumentos, su relación con la madera parece estar en la sangre, en su ADN.

Raúl Pérez tiene su taller de carpintería en su casa.

Su conexión con la música la tienen por sus padres, pero la música que escuchó en la casa de un amigo cambiaría todo. El padre de su amigo, un comisionado de cultura tenía una inmensa colección. “Había libros desde el cielorraso hasta el piso, y si no eran libros, eran discos de música”, cuenta Pérez.

Las tardes en lo de su amigo fueron combustible para Raúl. “Yo tuve una revelación, un despertar”, dice. “Me gustaba la música, mi madre tocaba algo, mi papá también, pero me pasó algo curioso cuando escuché música de Laúd de un músico antiguo del siglo XVI, Luis de Milán, tocado por el músico alemán Walter Gerwig. Tenía 13 años y dije que tenía que tocar eso”, comentó cuando le pregunté de dónde venía su conexión con la música.

Su satori, como dice Raúl – que en japonés es despertar o iluminación – lo llevó a una búsqueda del conocimiento para poder construir y tocar un laúd.

“Ni siquiera en Argentina sabían lo que era un Laúd. Había descendientes de libaneses que decían tocar laúd, pero nada que ver con lo que yo buscaba. El Laúd español también es diferente. Las afinaciones, las técnicas de uso, todo distinto”.


“Esto se aprende desde chico y va un poco en la sangre”


Pérez tiene una conexión única con la madera. Es una extensión de su cuerpo, a tal punto que, cada vez que golpea una sabe cuál es su timbre, su característica sonora. Es algo que heredó.

“Mi padre, el abuelo de mi padre, todos trabajaban con madera”, cuenta. También sus hijos y sus nietos.

El dato no muere ahí. Esto viene de varias generaciones anteriores según la búsqueda que hizo su hijo, que reside en Girona, España y hace genealogía. En esa investigación encontró una especie de factura de pago para el tatarabuelo de su papá, por la reparación de una iglesia de Chiloé, en Chile. Más allá del dato, Raúl sostiene que viene de mucho antes: “incluso parientes más viejos en el siglo XII”.

Pasó mucho tiempo para que Pérez construya el instrumento que lo apasionaba: el Laúd Trabajó con su padre desde muy chico. José Pérez fue el carpintero que construyó una parte del Instituto Balseiro y tenía su “tallercito de carpintería como tengo yo ahora”.

A sus 15 años hizo su primera canoa y “a los 17, hace 62 años”, piensa Raúl, empezó a hacer instrumentos. “Siempre trabajé con las manos”, afirma.

Su padre ya había hecho guitarras y él después de hacer su tercera comenzó a construir el instrumento que lo inspiraba: el Laúd. Construirlo y llegar al sonido no le fue una tarea sencilla. “Conseguir datos era una cosa absurda. Imagínense que no había internet ni libros acá en Bariloche”.

“Fui comprando libros y tuve que aprender idiomas para poder leerlos. Hasta que me llegaron los primeros datos, no comencé a construir. La relación con la gente que salía del país fue muy importante para obtener libros, información para construir. Hasta mi suegra me traía cosas de Europa, como clavijeros, planos, libros”, detalla Pérez destacando lo que implicó poder empezar a construir su primer laúd.

Las condiciones que pone Raúl Pérez en cada encargue


Para el afuera, Pérez es Luthier. Terminar aquí sería encasillarlo sin conocer que también es artista plástico y le apasiona pintar al óleo. También es docente jubilado que sigue dando clases en su taller y trabajó dos años en el cine como operador.

Más allá de los diversos trabajos, siempre estuvo anclado a su eje, la carpintería.

“Desde chico tuve la urgencia de hacer cosas. A mí me gusta trabajar con madera, piedra, cemento, cuero, construyo herramientas”.

Si hay algo que nos dejó bien en claro es que sigue esto a rajatabla:

  • “No fabrico, porque no tengo una fábrica y no construyo un instrumento sin antes conocer a su ejecutor”
  • “Priorizo que el instrumento no se haga a ciegas para saber qué necesidades tiene. Yo necesito escuchar cómo toca la persona”.
  • “Ningún instrumento es igual a otro. Un instrumento distinto para una persona distinta”.
    Para sus artesanías, utiliza maderas que guarda desde hace 30 años en su taller, y que viene de un árbol con muchos años más. Para él, no hay una específica, se puede usar abeto, alerce, ciprés, y otras.

Hoy a sus casi 80 años afirma: “La gente me dice: usted es Luthier. Se podría decir. Yo trabajo con las manos”.


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