Santiago Bilinkis llevó la revolución de la inteligencia artificial al auditorio de Diario Río Negro
El especialista argentino explicó ante un auditorio colmado en Diario Río Negro cómo la irrupción de la "IA agéntica" está transformando la forma de trabajar, y llamó a perder el miedo y animarse a experimentar antes de quedar rezagados frente a un cambio que definió como el más profundo y veloz de la historia.
Bilinkis en el auditorio de Diario Río Negro. Foto: Juan Thomes.
En el marco del ciclo de charlas «Roca Futuro», llevado adelante en el auditorio de Diario Río Negro, el empresario y tecnólogo argentino Santiago Bilinkis brindó una conferencia sobre Inteligencia Artificial (IA), la tecnología basada en sistemas capaces de generar textos, imágenes y respuestas a partir de instrucciones humanas (prompts).
La disertación fue acompañada por empresas locales como IJAN, Pin Capital, La Baguette, Distribuidora Pablo SA, El Forastero, Cedisur, Distribuidora Gamma, Solar Urbano, HDI, Callieri, Barda Sur, Oldelval, Droguería Patagónica, ECA SA, Panadería Mónica, Farmacia Ámbar Bancaria, 365 Broker, Net Patagonia, Cabarcos Motores, 2 Soles, Clínicas de Ojos Román, Visur Viviendas y Caic.
Cinco claves para relacionarse con la inteligencia artificial
El eje central de esta primera parte de la charla giró en torno a cómo interactuar con herramientas como ChatGPT y Claude, para lo cual Bilinkis propuso cinco consejos.
El primero fue dejar de usar la IA como si fuera un buscador. «La mayoría está utilizando la IA como Google», planteó, y llamó a dar el salto hacia un uso más creativo de la herramienta, capaz de resolver problemas concretos en lugar de simplemente rastrear información existente.
El segundo consejo desarmó la idea instalada de que la inteligencia artificial ofrece una única verdad. «Ahí adentro viven todas las perspectivas», señaló el especialista, e invitó a explotar esa multiplicidad de miradas alimentadas por varias fuentes en lugar de buscar una respuesta cerrada.

El tercer punto invitó a exigirle a la IA problemas realmente difíciles y no solo consultas triviales, bajo la premisa de que, a diferencia de las personas, la herramienta no tarda más tiempo en resolver una tarea compleja que una sencilla: «No hay costo adicional de complejidad«, explicó.
El cuarto consejo apuntó a la importancia del contexto, ya que para que la IA pueda ayudar de verdad, remarcó, es necesario brindarle toda la información posible sobre la situación a resolver.
El quinto y último consejo fue no conformarse nunca con la primera respuesta. «Gran parte del secreto es iterar», sostuvo, en referencia a la posibilidad de reformular y ajustar los resultados junto con la herramienta hasta llegar a una versión superadora.
Las fortalezas de la IA y el «terremoto» de 2026
En la segunda parte de su exposición, Bilinkis se detuvo en dos fortalezas de la inteligencia artificial: la empatía y la creatividad. Explicó que la capacidad de la IA para adaptar su respuesta a lo que el interlocutor necesita, como explicar un concepto complejo «como si fuera para un nene de 10 años», por ejemplo, es en sí misma un ejercicio de empatía, aunque no provenga de una conciencia humana.
Sobre la creatividad, compartió una experiencia propia y comentó como generó canciones con IA que imitaban el estilo de bandas reconocidas y las difundió sin identificar su origen. Y señaló que cuando la gente escucha esas producciones sin saber que fueron hechas por una máquina, tienden a valorarlas bien, pero cuando se enteran de que son obra de una IA, las rechazan. «Hay algo de repudio visceral», definió, aunque remarcó que la calidad técnica de esas creaciones es innegable.
El «terremoto» de 2026 y la irrupción de la IA agéntica
El especialista marcó un quiebre entre lo que llamó la «IA de 2025» (los chatbots convencionales como ChatGPT o Claude) y los nuevos sistemas de «IA agéntica», que definió como el verdadero cambio de este año. «2026 es más diferente a 2025 que 2025 a la década del 80», afirmó.
La diferencia central, explicó con una metáfora, es que mientras un chatbot solo responde preguntas, un agente puede ejecutar tareas completas de principio a fin, con la autonomía que el usuario decida darle.

Bilinkis destacó las características de estos nuevos sistemas. Son considerablemente más inteligentes, tienen una capacidad de memoria muchísimo mayor, que pasó de equivaler a unas 30 páginas de texto a cerca de 3.000, funcionan de manera local, por lo que todo el conocimiento acumulado sobre el usuario queda documentado y no se pierde al cambiar de herramienta, y requieren un proceso de «inducción» similar al de un empleado nuevo, al que hay que enseñarle durante días o semanas cómo se trabaja antes de delegarle tareas con autonomía.
Sobre ese proceso de inducción, detalló las vías para entrenar a un agente: el análisis de grandes volúmenes de datos propios, la entrevista directa hacia el propio usuario para relevar criterios que no están documentados, la investigación para que el sistema se convierta en experto en un tema específico, y el feedback constante sobre los errores, que según explicó no deberían generar frustración sino satisfacción: «cada error es la posibilidad de detectar dónde queda todavía un agujero en el esquema y corregirlo».
El impacto real: hiperproductividad, riesgos y las preguntas del público
En la parte final de la charla, abordó lo que consideró el impacto más concreto de la inteligencia artificial en el presente, la posibilidad de que cualquier persona, sin conocimientos técnicos, pueda resolver tareas antes reservadas a especialistas.
«Todos sabemos programar hoy en día, en cierto sentido», planteó, tras mostrar cómo había creado un pequeño videojuego dando instrucciones en lenguaje simple a una IA. Aclaró que eso no lo convierte en programador, de la misma manera que tocar una canción no convierte a alguien en músico, pero remarcó que estas herramientas permiten derribar barreras que antes resultaban infranqueables.
Ese salto, advirtió, genera personas «hiperproductivas», capaces de rendir muy por encima del promedio, lo que a su criterio representa un riesgo laboral más inmediato que el del reemplazo directo por la IA. «La mayor preocupación no es que la IA elimine tu trabajo, sino que lo elimine el compañero de al lado que la usa mejor que vos».
Los riesgos: pensar menos y perder autonomía
El especialista dedicó un tramo de la charla a los riesgos de una dependencia excesiva de estas herramientas. Citó una investigación que comparó la actividad cerebral de personas que resolvían una tarea compleja con y sin ayuda de IA, y que arrojó una diferencia de casi el 50 por ciento menos de activación en quienes usaron la herramienta y trazó un paralelismo con el sedentarismo físico, así como la comodidad tecnológica derivó en problemas de salud asociados a la falta de actividad, el uso indiscriminado de la IA podría derivar en una atrofia de ciertas capacidades cognitivas.
En ese sentido, planteó que la sociedad se dividirá en tres grupos. Por un lado quienes rechacen la tecnología por completo, quienes la usen para evitar todo esfuerzo, y quienes logren aprovecharla para potenciar su propio criterio sin delegar el pensamiento.
Para cerrar, propuso pensar el cambio tecnológico con la imagen de un cavernícola al que, de pronto, le regalan un auto. El error, señaló, sería usarlo solo para llegar más rápido a los mismos lugares de siempre, el verdadero salto está en descubrir que el mundo disponible se expandió.
Llamó a los presentes a no ser «el freno de mano» de sus organizaciones y a animarse a tomar riesgos, con la advertencia de que las compañías que se aferran a fórmulas ya probadas suelen ser las que más problemas enfrentan frente a los cambios de época.
Preguntas del público: sesgo, autonomía y riesgos de seguridad
Durante la ronda de preguntas, Bilinkis fue consultado sobre el sesgo ideológico de los distintos modelos de inteligencia artificial. Respondió que, así como sucede con los medios de comunicación, cada sistema tiene una orientación propia según la compañía que lo desarrolla, y recomendó tomar sus respuestas «con pinzas» en temas sensibles.
Ante una pregunta sobre los riesgos de la autonomía de estos sistemas, se mostró cauto, descartó el escenario de ciencia ficción de una máquina rebelde, pero advirtió que el verdadero peligro está en combinar autonomía, inteligencia y capacidad de daño sin una supervisión adecuada.

Mencionó, como ejemplo, el hallazgo de drones sin comunicación con una central que tomaban de forma autónoma la decisión final sobre su objetivo. También hizo referencia a un caso reciente en el que una empresa logró sortear las restricciones de seguridad impuestas a un modelo de última generación, lo que expuso lo vulnerables que pueden ser estos límites frente a un uso malintencionado.
Cerró la reflexión con un ejemplo, pedirle a alguien «traé un sándwich lo más rápido posible» da por sentado un montón de límites de sentido común (no lastimar a nadie, no romper una vidriera de un negocio) que resultan obvios para una persona, pero que una máquina no necesariamente puede inferir por sí sola. Ese desafío, planteó, es uno de los grandes problemas que todavía debe resolver el desarrollo de la inteligencia artificial.
En el marco del ciclo de charlas "Roca Futuro", llevado adelante en el auditorio de Diario Río Negro, el empresario y tecnólogo argentino Santiago Bilinkis brindó una conferencia sobre Inteligencia Artificial (IA), la tecnología basada en sistemas capaces de generar textos, imágenes y respuestas a partir de instrucciones humanas (prompts).
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