Una visita turística gratuita, colmada de historia y anécdotas, recorre un rincón del Centro Cívico de Bariloche

La Secretaría de Turismo de Bariloche propone un recorrido por la torre del Municipio, de 20 metros, para conocer el imponente reloj y las figuras talladas en madera que representan la historia de la ciudad.

Las visitas son los jueves a las 13.30. Foto: Alfredo Leiva

Cada día, cuando las agujas marcan las 12 y las 18, fuertes campanadas llaman la atención de los turistas que pasean por la plaza del Centro Cívico de Bariloche. Las miradas se dirigen a la torre del edificio Municipal, de unos 20 metros, y al imponente reloj que fue instalado entre 1940 y 1941. Por debajo, una pequeña ventana exhibe el escudo de Bariloche que cuando comienza a girar, da lugar a otras cuatro figuras de madera que apenas se visualizan desde abajo: un aborigen, un misionero, un conquistador y un labrador. De pronto, vuelve el escudo que queda fijo una vez más.

En 2024, la Secretaría de Turismo de Bariloche se propuso contar la historia en torno al reloj que cuenta con un sistema engranajes y un mecanismo único emplazado en el corazón de Bariloche. La guía es gratuita.

Soledad Carnevale, una guía de turismo, encara la visita número 236, según tiene contabilizada, desde 2024. El grupo compuesto por unas 20 personas -muchos de ellos barilochenses- está expectante por conocer los cinco pisos de la torre.

Las visitas son los jueves a las 13.30. Foto: Alfredo Leiva

La cita arranca en las escalinatas del Municipio de Bariloche donde la guía enumera y señala cada uno de los edificios que conforman actualmente el Centro Cívico, en torno a la plaza, y los que estaban en un principio cuando fueron construidos en los años 40.

«Unos 17 meses tardaron en construirlos con piedra y madera de la zona. El proyecto original tenía previsto seis edificios que luego fueron ocho. La inauguración fue el 17 de marzo de 1940», comenta.

Recuerda que hacia fines de 1800, el comercio era la principal actividad económica en Bariloche y mucha mercadería se trasladaba al Pacífico. «Una empresa de origen alemán en Chile instaló una sucursal de un almacén de ramos generales que estaba ubicada a 100 metros de aquellos arcos de piedra. Sucede que acá estaba el final de población. Acá terminaba el pueblo de Bariloche«, recalca.

Las visitas son los jueves a las 13.30. Foto: Alfredo Leiva

El relato continúa con la creación del parque nacional Nahuel Huapi, el primero del país, y la idea de Exequiel Bustillo, el primer presidente de la Administración de Parques Nacionales, para transformar el pueblo en ciudad, a través de su hermano Alejandro. Este arquitecto trabajó junto a otro colega especializado en Europa, Ernesto Estrada que, siendo empleado de Parques, estuvo a cargo de la urbanizanización de la ciudad.

En un primer momento, cuenta la guía, la intención fue levantar el Centro Cívico en el terreno de la iglesia Catedral. «Pero como todo esto era el final del pueblo era un poco más barato. Así fue que compraron los terrenos a la viuda de Capraro. Se desarmó todo lo que había, se usó el desnivel natural y se sacó provecho del paisaje», especifica.

Las visitas son los jueves a las 13.30. Foto: Alfredo Leiva

Luego de preguntar de dónde era el público y consultarles si tenían alguna pregunta, Soledad los invita a entrar al Municipio. La primera parada es en el primer piso de la torre donde está el despacho del intendente. Desde 1987, resalta, todos los edificios del Centro Cívico son declarados Monumento Histórico Nacional, de modo que cualquier modificación que se pretenda, debe ser aprobada por la Comisión de Monumentos.

Al llegar al cuarto piso, la gente observa con desconcierto las cuatro esculturas de madera que dan dos vueltas completas cuando el reloj marca las 12 y las 18. «Observen los detalles que desde abajo no se ven. Fueron talladas en un tronco, en una sola pieza, por el escultor argentino Jorge Casals, el mismo que talló todo el Martín Fierro que está en el Museo de Luján», relata la guía y acota: «Estas figuras representan los cuatro momentos históricos de la ciudad y Casals tardó 12 días en tallar cada una de las piezas».

Las visitas son los jueves a las 13.30. Foto: Alfredo Leiva

En ese momento, una mujer del público interrumpe el relato histórico: «Me llamo Luz y mi abuelo estuvo en la construcción de todo esto». Su voz se quiebra y Soledad la invita a presionar el botón que hace que las figuras de madera giren. La mayoría decide no perderse el momento y lo registra con sus celulares.

«Está tecnología funciona desde los años 40 y es así de silenciosa. Las figuras giran y finalmente queda el escudo de Bariloche, dibujo que ganó el concurso en el año 78, entre 72 trabajos. ¿Qué representa? El lago, el parque, la nieve, el poncho de Sahiueque, la cruz de los evangelizadores, la gorra militar y las banderas de las comunidades que vinieron a vivir a Bariloche», puntualiza.

Las visitas son los jueves a las 13.30. Foto: Alfredo Leiva

Soledad también recalca que Estrada hizo, al menos, 53 dibujos con posibles torres del Centro Cívico. «Su hijo Gonzalo recuerda que la mesa de su casa estaba llena de esos dibujos. Y su esposa, un mediodía, cansada de pedirle que despeje la mesa, le dijo: ‘Que sea ésta, Ernesto’«, dice. Esa anécdota genera risas entre el público.

La visita concluye en el último piso donde la gente observa el péndulo y escucha sonar las campanas que genera algunos sobresaltos, especialmente entre los más pequeños. «Este reloj se embarcó en Hamburgo y la gente de Parques lo trajo a Bariloche, a través de la empresa Cronos Comercial que aún existe en Buenos Aires. A su vez, mandaron a un empleado para que lo arme», señala.

Las visitas son los jueves a las 13.30. Foto: Alfredo Leiva

Por más de 20 años, Jorge Stanoievitch, un inmigrante de origen serbio, fabricó muchas de las piezas y mecanismos que todavía hoy permiten su funcionamiento. Lo limpiaba, subía y le daba cuerda manual. Tras su muerte, otros relojeros se hicieron cargo del mantenimiento.

A lo largo del relato, que contempla muchísimos datos históricos, anécdotas y chistes, el público se emociona. Toma fotos y agradece a la guía por ese paseo que no estaba previsto.

Las visitas son los jueves a las 13.30. Foto: Alfredo Leiva

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