Un educador llamado Francisco

Por Redacción

MARCELO ANTONIO ANGRIMAN (*)

La llegada del papa Francisco a tierras brasileñas para presidir las Jornadas Mundiales de la Juventud ha provocado una descomunal participación de jóvenes venidos de distintas partes del mundo, eclipsados por su mensaje esperanzador. A esta altura cabe preguntarse ¿qué es lo que tiene este pontífice venido del fin del mundo para concitar semejante atracción, en tiempos de tanto escepticismo? Pues bien, Francisco remite al sabor de las cosas buenas sobre la base de tres sólidos apoyos: habla sencillo, es coherente y predica con el ejemplo. Nada más, pero tampoco nada menos que ello. El papa simboliza una inspiradora vuelta a la simpleza. Al terminar el Ángelus del 14 de julio pasado en la pequeña plaza de Castel Gandolfo, del que tuve el halago de participar, ya palpitaba su viaje a tierras cariocas e invitaba a participar en espíritu a todo aquel que tuviera el corazón joven (“un cuore giovane”). Al comenzar su alocución de aquella jornada se permitió decir que era un día de fiesta y que sólo hacía falta una torta para festejar. Así, de ese modo, llega pronto al hombre común, que deja de ver en él a un purpurado, para encontrar a una persona sensible, sobre todo con los pobres y enfermos a quienes se acerca y saluda con ternura. Es que el papa tiene en su foja de servicios muchos años de docencia y la educación, sobre todo de los jóvenes, no le resulta nada indiferente. Siendo aún arzobispo de Buenos Aires, en su homilía del 18 de abril del 2012, refiriéndose a qué significaba educar, dijo: “Saber conducir a la armonía, saber alfarerear el corazón joven entre los límites y los horizontes… Un educador que sabe moverse entre estas dos puntas hace crecer, un educador que se mueve en la tensión entre estos dos puntos es un educador que hace madurar. Mas aún, moverse entre estas dos puntas es confiar en los chicos, ¡saber que hay material humano grande! ¡Solamente hay que incentivarlos!”. En el libro “El Jesuita” de Sergio Rubín y Francesca Ambrogetti –basado en conversaciones sostenidas con el entonces cardenal Bergoglio– el ahora jefe de la Casa de Pedro decía sobre la educación: “Hay que caminar con un pie en el marco de seguridad, o sea, en todo lo que viene adquirido, lo que fue incorporado por el alumno, aquello donde está seguro y se siente cómodo. Y con el otro pie, tentar zonas de riesgo, que tienen que ser proporcionales al marco de seguridad, a la idiosincrasia de la persona, al entorno social. Entonces, la zona de riesgo se transforma en un marco de seguridad y así sucesivamente se avanza en la educación. Pero sin riesgo no se puede avanzar y a puro riesgo, tampoco”. En su ideario, hay que darle preferencial importancia a lo formativo aun por sobre el funcionalismo promocional que proponen algunas escuelas. Es decir, privilegiar la vivencia en valores por sobre lo curricular. Francisco siempre creyó en la importancia de que: “Uno piense lo que siente y lo que hace; sienta lo que piensa y lo que hace y haga lo que piense y siente. Que ejercite el lenguaje de la cabeza, del corazón y de las manos”. El prelado argentino tiene claras convicciones como aquella que lo llevó a decir: “Para mí hay tres palabras que definen a las personas y constituyen un compendio de actitudes –y que dicho sea de paso, no sé si yo las tengo– y que son: permiso, gracias y perdón. Por eso, a los que no dicen estas tres palabras les falta algo en su existencia. Fueron podados antes de tiempo o mal podados por la vida”. Quizás sea tiempo de machacar en las casas y también en las escuelas, de un modo mucho más artesanal, acerca de la existencia del otro, de la necesidad de convivir y no sólo la de obtener conocimientos para el día de mañana tener como único objetivo alcanzar a ocupar un lugar. Proyectar de alguna manera una sociedad mejor, con menos intolerancia y más respeto interpersonal. Francisco con un aire nuevo vuelve a recordarnos cosas viejas, pero no por ello perecederas. Como el sabor del “buon vino” que se añeja con cariño. (*) Abogado. Profesor Nacional de Educación Física marceloangriman@ciudad.com.ar