Un milagro para Doha

Por Redacción

Por Eduardo Tempone

Eduardo Tempone – Abogado y diplomático

En la comedia “Un día en las carreras”, el inolvidable Groucho Marx, convertido en un veterinario que se hace pasar por médico de un hospital, sentenció: “O ha muerto o se ha parado mi reloj…”. Esa famosa ironía podría describir el dilema que encontrarán los ministros de los 161 países miembros de la Organización Mundial del Comercio (OMC) cuando se reúnan en Nairobi, Kenia, a mediados de diciembre. Tras catorce años de infructuosas deliberaciones, el órgano máximo de la organización deberá decidir sobre el futuro de la ronda de negociaciones comerciales globales (Ronda de Doha), cuya conclusión parece todavía lejana. Es la primera conferencia ministerial que se hará en un país africano. Sigue a la celebrada en Bali (Indonesia) hace dos años, que tuvo resultados que se limitaron a la aprobación del acuerdo sobre facilitación del comercio. Uno, entre los veinte asuntos en negociación. En el 2001, cuando se lanzó la Ronda de Doha, el objetivo era alcanzar un acuerdo comprensivo que posibilitara una mejor integración al mercado mundial de los países en desarrollo y menos adelantados. Un punto que tiene consecuencias sobre el crecimiento económico de las naciones. Por otra parte, la Ronda apuntó a resolver las distorsiones del comercio que afectan gravemente al sector agrícola en detrimento de los países en desarrollo, muchos de los cuales -como el nuestro- tienen una ventaja comparativa en este sector. Pero desde entonces los ejes de la discordia son la apertura del mercado para productos agrícolas y la liberalización para bienes industriales y servicios. No se trata únicamente de diferencias entre norte-sur, este-oeste, países en desarrollo y desarrollados, sino que hay un poco de todo. Y los intentos, incluso del G20, para dar renovados impulsos a las negociaciones no han logrado su cometido. El consenso es muy difícil de alcanzar en una organización casi universal. La consecuencia: negociaciones extensas y complejas que resultan en acuerdos ambiguos que sólo cubren las expectativas mínimas de los interesados. Por lo tanto, no sorprende el intento de negociar acuerdos comerciales paralelos al ámbito multilateral, en un formato más reducido de miembros o entre grupos afines, un camino que están tomando muchos países, ya sea por ubicación geográfica, intereses políticos o nivel de desarrollo en común.

“Doha se iba a convertir en un símbolo de un nuevo orden, más justo y equitativo. Pero hoy parece casi un sinónimo de decepción y parálisis. Requiere un milagro”

En la base de datos de la OMC existen más de 250 acuerdos comerciales bilaterales en vigor. Y por lo menos otros 35 se están negociando en este momento, sin contar las iniciativas más amplias como el Acuerdo Transpacífico (TPP), que acaba de concluir, o el Acuerdo Transatlántico (T-TIP), que está en marcha entre Estados Unidos y la Unión Europea. Mientras tanto, el comercio global se ha frenado. La Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), que reúne a las economías más poderosas del mundo, manifestó preocupación por la lentitud de los intercambios comerciales globales. Se prevé que el comercio mundial se expanda un 2% este año, la segunda tasa más baja de la última década. Sólo en cinco de los últimos 50 años se registró un crecimiento del comercio mundial igual o inferior a ese nivel. Es un hecho que en Nairobi no será posible concluir la Agenda de Doha para el Desarrollo, como se la denominó en el 2001. El mejor escenario posible es lograr entendimientos parciales en algunas cuestiones concretas que podrían incluir, por ejemplo, subsidios agrícolas, algunos asuntos dirigidos a los países menos adelantados y otras cuestiones vinculadas con la transparencia en el ámbito de los servicios y normas. Pero ese acuerdo parcial, en todo caso, no resolverá el dilema sobre el destino final de Doha. El debate adquirió intensidad en los últimos meses. Algunos países desarrollados, como Estados Unidos y la Unión Europea, prefieren aceptar el fracaso y mover al organismo hacia una nueva agenda, más adecuada a la realidad del comercio actual. Los países en desarrollo, en cambio, se esfuerzan por preservar el mandato original de Doha para abordar los desequilibrios de la ronda anterior, que derivó en la fundación de la OMC en 1995. Desde entonces, han tratado de hacer una serie de enmiendas en los acuerdos existentes para que la arquitectura del sistema multilateral de comercio se oriente más hacia el desarrollo. Doha se iba a convertir en un símbolo de ese nuevo orden, más justo y equitativo. Pero hoy parece casi un sinónimo de decepción y parálisis. Lo que requiere el éxito de la Agenda de Desarrollo de Doha, que debía concluir en el 2005, es un milagro, porque… “Si sigues cumpliendo años, acabarás muriéndote. Besos, Groucho”.

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“Doha se iba a convertir en un símbolo de un nuevo orden, más justo y equitativo. Pero hoy parece casi un sinónimo de decepción y parálisis. Requiere un milagro”