Villa Ceferino se enardeció por el ataque a una menor
La presunta violación a una chica de 14 años desató la furia entre los vecinos, decididos a linchar a los sospechosos.
NEUQUEN (AN).- Enardecidos, fuera de control y violentos. Indignados por la presunta violación de una menor de 14 años, los vecinos de Villa Ceferino hace 48 horas que se adueñaron de las calles y amenazan con hacer justicia por mano propia. Con palos, piedras y animados por sentimientos de venganza, se enfrentaron a la Policía, le ganaron la pulseada y no tienen otro objetivo que el de apresar a los dos sospechosos para hacerles pagar lo que hicieron. «Los vamos a linchar», decían a viva voz. Están indignados porque no han sido detenidos.
A uno de ellos, que vive a escasos metros de la vivienda de la víctima, lo fueron a buscar donde presumían que se ocultaba y amenazaron con «quemar» la vivienda. No llegaron a eso, pero sí le arrebataron su camioneta, una Ford Ranchero a la que desmantelaron y después le prendieron fuego. Eso fue a las 13 de ayer, cuando los vecinos -hombres, mujeres y gran cantidad de menores-, dominaban el sector de Doctor Ramón y Arabarco, uno de los centros del episodio y tal vez el más emblemático del reclamo.
Ayer el barrio estuvo dominado por la tensión. La gente en la calle impuso su bronca, levantó barricadas, quemó cubiertas y amontonó artefactos viejos y ramas. Así fue durante todo el día, con picos de efervescencia ante cualquier circunstancias y una constante amenaza de desbordes. También permanecía cortada, desde la madrugada del jueves, Combate de San Lorenzo en el cruce con Doctor Ramón. A los cronistas les cerraron el paso y a un reportero gráfico, con agresiones y amenazas, obligaron a retirarse del lugar impidiéndole que realizara su trabajo.
La historia comenzó cerca de las 20 del jueves cuando la menor fue a un quiosco a comprar una gaseosa y fue levantada por los sospechosos, a metros de esa equina. Otra versión señaló que la habrían convencido para que fuera con ellos.
«A eso de las 3 de la mañana la chica regresó a su casa con un familiar y su padre vino a poner la denuncia. La menor identificó a sus agresores, pero su padre sólo dio apellidos y apodos», dijo una fuente policial. Añadió que «no está corroborado» que haya existido una violación y que al menos hasta anoche la causa se encuadraba en un delito contra «la integridad» sexual. No obstante, una versión extraoficial dijo que también se manejaba la hipótesis de la violación.
La Policía desmintió una versión de que la niña habría sido «cortada con un cortaplumas» y dijo que en principio sólo se podía hablar de «escoriaciones». «Pero después de hacerle los primeras observaciones en la salita del barrio, la Justicia dispuso que la viera el médico legal y desconocemos qué dictaminó», dijo la fuente.
Ayer la Policía optó por no confrontar con los manifestantes y dejó «liberado» un radio de varias cuadras a la redonda. Cuando se consultó sobre la quema del Ranchero azul, los efectivos de la comisaría Tercera dijeron que sólo tenían registrado que lo habían desmantelado. A esa hora, el rodado estaba convertido en chatarra y sólo despedía un denso humo negro del motor.
Las protestas comenzaron en la tarde el jueves y cerca de las 21 una patrulla se enfrentó con una treintena de vecinos que ante la noticia de la violación a la chica, cortó la esquina de Arabarco y Doctor Ramón y amenazaba con incendiar una vivienda de uno de los sospechosos.
El enfrentamiento fue violento: los efectivos apelaron a los gases y los vecinos respondieron a pedradas. Pero los uniformados dominaron la situación. Un joven de 27 años, que enfrentó a los efectivos con piedras en las manos sin amilanarse por los gases, fue reducido y quedó detenido. Es el único.
Duró poco: a las 22.30 se reanudaron los choques y esta vez las calles quedaron bajo dominio popular. Por añadidura, cortaron también Combate de San Lorenzo. La Policía informó que a las 5 los bomberos apagaron las últimas gomas incendiadas.
Sin embargo ayer el escenario volvió ser dominado por la gente y esta vez la Policía no reprimió. «Apostamos al desgaste. No está previsto la intervención de las brigadas antimotines», dijo una fuente.
Anoche una tensa calma se imponía en las serpenteantes calles de Villa Ceferino, un sector que le fue ganando terreno a las bardas y donde las reglas de urbanización las impuso la necesidad y arbitrariedad de la gente.
Se respiraban confusión y desconcierto
Las distintas versiones que circularon ayer durante toda la jornada alimentaron aún más la confusión y el desconcierto entre los vecinos.
«Dicen que la llevaron detrás del cementerio, parece que desde allí la nena se les escapó y se fue a la casa de un familia», dijo una fuente consultada sobre lo que supuestamente pasó entre el momento en que la menor salió de su casa para ir a buscar una gaseosa al quiosco y cuando regresó, varias horas después. El cementerio está a una diez cuadras de la casa de la chica.
Pero no era la única versión: «se comenta que la sometieron en la canchita de fútbol», que está a apenas una cuatro cuadras. Otra indicaba que los sospechosos habrían herido a la víctima, presuntamente con una navaja.
Por otra lado, el número de agresores provocaba mayor confusión. Mientras una vecina -que se mantuvo en el anonimato por temor a las represalias- señaló que uno de los sospechosos es vecino de la nena, viviría con una mujer y tres niños. Otra mujer aventuró que otro presunto agresor también sería del barrio.
Estos datos dominaban los comentarios de los vecinos que intentaban con esfuerzo retomar sus quehaceres, mientras un grupo de jóvenes mantenía una calle cortada, en pleno barrio Villa Ceferino.
La Policía se abstuvo de brindar mayores detalles del hecho y dijo que hasta anoche no se había librado ninguna orden de detención.
El caso está en manos del juez José Luis Cartolano y de la fiscal Sandra González Taboada, según se informó. Pero también habría tomado participación el Juzgado de Menores.
Anoche, los vecinos buscaban explicaciones sobre el suceso que estremeció el barrio. Y el piquete sobre la calle doctor Ramón y Combate de San Lorenzo era lo único palpable de la postal de la violencia que alborotó el barrio horas antes.