El fotógrafo que volvió al origen para mostrar la Patagonia salvaje, la que resiste y puede desaparecer
Andrés Bonetti nació en Córdoba, pero encontró su territorio en el extremo sur. Ahora regresó con 47 fotografías que recorren costas patagónicas, Malvinas y Antártida y hablan de aquello que resiste, se transforma y desaparece.

Después de más de 30 años de dejar Córdoba para hacer de la Patagonia su territorio, Andrés Bonetti volvió a su ciudad natal con 47 fotografías que resumen una vida detrás de la cámara y más de un millón y medio de kilómetros recorridos. Las imágenes, reunidas en las muestras “Lo Salvaje” y “Diálogo silencioso”, atraviesan la Patagonia, las Islas Malvinas y la Antártida para mostrar una naturaleza tan poderosa como frágil: la que resiste, la que cambia y aquella que quizás mañana solo pueda sobrevivir en una fotografía.
Durante décadas Bonetti construyó un banco de imágenes completo de la Patagonia austral. Ahora, dejó su casa en Puerto Madryn y llegó al lugar donde nació, en 1961, para encontrarse con sus raíces.
Ayer, inauguró dos muestras en de los espacios culturales más importantes de la ciudad. A las 17, la propuesta llegó al Museo de Ciencias Naturales de Córdoba con “Lo Salvaje”. Una hora después, fue el turno del Museo de Fotografía Palacio Dionisi, considerado uno de los principales espacios dedicados a la fotografía del país, con “Diálogo silencioso”.
Son 47 fotografías. Cuarenta y siete fragmentos de un territorio inmenso que Bonetti recorrió durante años. “Es un momento muy importante para mí después de más de 30 años volver al origen”, cuenta.
La historia de Bonetti con la fotografía comenzó en Córdoba. Se formó en la Escuela de Artes Lino Eneas Spilimbergo y empezó su carrera como laboratorista en el Estudio Procine. Allí aprendió una parte del oficio que hoy puede parecer lejana: la paciencia del laboratorio, los tiempos de revelado, la espera antes de saber si una imagen había logrado convertirse en aquello que el fotógrafo había imaginado.
Después llegó la Patagonia para quedarse. Su trabajo se concentró cada vez más en la fotografía de naturaleza, pero no desde una mirada turística ni desde la postal, sino con una búsqueda por encontrar aquello que ocurre cuando nadie mira. El paisaje aparece, pero no como fondo, es protagonista.
Una ballena, una colonia de aves, una costa, un fragmento de hielo, una huella, una textura. A veces basta una pequeña señal para contar la dimensión de un territorio entero. Durante años recorrió costas, parques, islas y mares y esa experiencia se convirtió en un archivo, pero también en una forma de memoria.
“Busqué acercarme a aquello que se está transformando, a lo que resiste y también a lo que tristemente va desapareciendo”, explica. Esa preocupación atraviesa las dos muestras.
Diálogo silencioso
Aquí la fotografía parece bajar la voz. La muestra se construye sobre la fugacidad, la espera y una manera más íntima de relacionarse con el mundo natural. Bonetti no busca solamente el instante espectacular, sino también esas presencias mínimas que pasan inadvertidas.
“Sentir el frío de una piedra, el murmullo de un océano que respira, el sonido de la lluvia en el bosque y, desde la profundidad del mar, contemplar un cielo de agua”, escribe Bonetti para describir esa experiencia.
Fotografiar, en este contexto, “se convierte en un acto de amor: un homenaje a la vida en todas sus formas y un recordatorio de que formamos parte de algo más grande”, explica.
Lo Salvaje
En el Museo de Ciencias Naturales, “Lo Salvaje” propone una pregunta sencilla y, al mismo tiempo, incómoda: ¿qué significa todavía hablar de naturaleza salvaje? La respuesta de Bonetti no tiene que ver con la violencia ni con lo indómito. Lo salvaje es aquello que todavía consigue permanecer fuera del control humano. Lo que no se deja domesticar.
En sus fotografías, esa condición aparece en los animales y en los paisajes del extremo sur. Pero también en la luz, en el clima, en el movimiento del agua y en esas atmósferas que cambian antes de que el fotógrafo alcance a registrarlas. El color tiene allí un papel fundamental. Bonetti utiliza una gama cromática deliberada para construir diferentes atmósferas y reforzar la narración.
“Lo Salvaje es un recordatorio de que, en la majestuosidad de la naturaleza, reside una fuerza y una delicadeza que nos invitan a la contemplación y al respeto por aquello que, simplemente, es…”, escribe Bonetti.
Un archivo construido a fuerza de kilómetros
Bonetti desarrolló buena parte de su trayectoria desde una lógica de autogestión e independencia laboral. Junto con la fotógrafa Alejandra Brátin fundó la editorial Extremo Sur, dedicada a libros y proyectos autorales. Publicó doce libros, con más de 50.000 ejemplares.
Su cámara estuvo en algunos de los acontecimientos y territorios más emblemáticos de la Patagonia. Colaboró con Sebastião Salgado durante la realización de Génesis en Península Valdés y fue fotógrafo exclusivo durante la visita de la princesa Diana a Chubut.
Sus fotografías fueron publicadas en medios como Clarín, La Nación, Gente, Caras, Infobae, la agencia Télam, Veja y The Guardian. También fueron utilizadas por organismos públicos, Parques Nacionales, la Secretaría de Turismo de la Nación y gobiernos provinciales.
Algunas de sus obras forman parte de colecciones públicas y privadas, entre ellas las del Banco Chubut, la Casa de Gobierno de la Nación, la Secretaría de Turismo y el Palacio de Buckingham. Sus libros incluso fueron entregados como obsequios protocolares a reyes, presidentes y embajadores durante visitas oficiales a la Patagonia.
Pero detrás de todo ese recorrido hay algo menos visible y mucho más difícil de medir: las horas de espera. Porque fotografiar naturaleza también significa aprender a esperar a que el paisaje entregue, durante un instante, aquello que el fotógrafo estaba buscando.
Las obras reunidas en Córdoba son apenas un recorte de una producción mucho más extensa. Pero alcanzan para construir un viaje. Comienza en las costas patagónicas, atraviesa las Islas Malvinas y se interna hacia la Antártida. Son geografías extremas, distantes entre sí, pero unidas por una misma condición: son territorios donde la naturaleza todavía tiene una presencia capaz de imponerse sobre la mirada humana.
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