“Suerte queda chico”: la emoción de encontrarse cara a cara con una ballena azul en medio del mar de la Patagonia

Un grupo de turistas, un fotógrafo con “imán para los bichos”, cien delfines y una aparición imposible en Comodoro Rivadavia. La ballena azul, el animal más grande del planeta, sorprendió a una excursión en el Golfo San Jorge y dejó uno de los registros más impactantes de los últimos años en la Patagonia.

La ballena azul apareció frente a una excursión turística en el Golfo San Jorge y quedó registrada en imágenes históricas por el fotógrafo Maxi Jonas.

El mar tiene días en los que parece guardar algo. Martín Hocko lo sabe, vive pendiente del agua, de los movimientos, de ese silencio raro que a veces antecede a lo extraordinario. Desde hace años sale al Golfo San Jorge buscando fauna marina, leyendo señales invisibles para otros. Pero incluso él, acostumbrado al asombro, habla de aquella mañana como quien intenta acomodar una escena demasiado grande para las palabras.

“Decir suerte me queda chico”, dice. Y se ríe apenas, todavía incrédulo. “Eso fue fortuna”. Martín es uno de los cuatro prestadores que integran la alianza Habitantes del Mar, un grupo de emprendedores que impulsa excursiones náuticas y avistaje de fauna marina en Comodoro Rivadavia. Su proyecto se llama Al Este Patagonia, y cuenta que ese día no había salido pensando en hacer historia.

Maxi Jonas estaba en la ciudad. “Maxi había quedado frenado un día y medio en Comodoro y le dije: ‘venite y salgamos’”, cuenta. Jonas no es cualquier pasajero, en el mundo de la fauna marina es una referencia. Hace años trabaja con ballena franca y orcas y hace un tiempo empezó a viajar seguido a Comodoro por los avistajes de ballena Sei. “Es amigo de la casa, y además tiene un imán para los bichos, no sé qué tiene”.

El bote salió con un grupo improbable arriba. Estaba el hijo de Martín, de nueve años, filmando, había tres nadadoras de aguas frías que venían de competir en Caleta Olivia. También fanáticos de Ferro que habían viajado por la semifinal de la Liga Nacional contra Gimnasia y Esgrima. Gente distinta, historias distintas, mirando el mismo mar.

La ballena azul apareció frente a una excursión turística en el Golfo San Jorge y quedó registrada en imágenes históricas por el fotógrafo Maxi Jonas.

Y entonces pasó. Primero estaba la sei, esa presencia ya habitual en el Golfo San Jorge, enorme para cualquiera que la vea por primera vez. Pero algo empezó a cambiar alrededor. Los delfines aparecieron y detrás, una sombra. “No era nuestra intención aproximarnos demasiado. Simplemente íbamos acompañando la navegación y en un momento ella se acercó. Nos pasó por el lado, salió a respirar… era algo imponente”, recuerda Martín.

Hace una pausa. “Porque la sei al lado parecía súper chica”. La frase sirve para dimensionar el tamaño de lo imposible. La ballena azul puede medir cerca de 30 metros y pesar hasta 180 toneladas. Es el animal más grande conocido sobre la Tierra. Más grande que cualquier dinosaurio del que se tenga registro. Y estaba ahí, respirando a pocos metros del bote.

“El nene estaba filmando y en un momento del video se escucha que dice: ‘Ay, me cagué todo’”, cuenta Martín, muerto de risa. “Y la verdad es que todos estábamos igual”. Nadie gritó, el asombro tiene algo de silencio. La ballena azul nadaba sola, como suelen hacerlo. “Tiene hábitos bastante solitarios. Su área de alimentación está entre Malvinas y Georgia del Sur y después gran parte de su ciclo ocurre en el Pacífico. Va hacia Chiloé, sube hasta Galápagos, puede llegar a Baja California o Groenlandia”, explica Martín.

En el Atlántico sur los registros son escasos. Un varamiento en Uruguay, una observación lejana en Patagonia Azul. “Por eso lo que vivimos fue impresionante. Es un animal muy distante y muy poco frecuente”.

El encuentro ocurrió durante una salida de avistaje en Comodoro Rivadavia y sorprendió incluso a quienes llevan años navegando el mar patagónico.

Días después, el Proyecto de Investigación de Cetáceos del Golfo San Jorge publicó las imágenes y confirmó lo extraordinario. “Primera vez que se logra registrar a la enorme y enigmática ballena azul desde el bote frente a Comodoro Rivadavia. Un encuentro inolvidable que nos recuerda lo asombroso que es el Golfo San Jorge”.

Las fotos no quedaron solamente como recuerdo. También permitieron identificar al ejemplar e incorporarlo a un catálogo internacional de ballena azul. Una de las imágenes muestra con claridad la aleta dorsal, cuya forma funciona como una huella biométrica única. Ahora, si ese animal vuelve alguna vez, podrán saberlo.

Mientras habla, Martín enumera todo lo que el mar les regaló este verano: jorobadas, grupos gigantes de delfines nariz de botella, una orca rondando Punta Marqués, las Sei apareciendo casi como una costumbre.

Pero enseguida aclara algo. “El mar siempre te sorprende con algo más”. Ellos tienen un nombre para eso. “La sorpresa oceánica”. Y quizás sea exactamente eso lo que pasó aquella mañana frente a Comodoro: el océano recordándoles, por un instante breve y gigantesco, que todavía guarda secretos capaces de dejar a cualquiera sin palabras.


“Queríamos que la gente deje de pasar de largo”: cómo nació el turismo de ballenas en Comodoro


La idea empezó a tomar forma en plena pandemia, cuando un grupo de navegantes, buzos y habitués del Golfo San Jorge decidió convertir toda una vida ligada al mar en una propuesta turística. “Somos todos cuarentones, nacidos y criados acá. Y en pandemia, que terminó siendo una usina de ideas para muchos emprendedores, dijimos: pongamos en valor todo lo que vimos y conocimos del Golfo San Jorge durante nuestra vida”, cuenta Martín Hocko.

Avistajes de ballenas sei, delfines, jorobadas y hasta una inesperada ballena azul empiezan a posicionar al Golfo San Jorge como un nuevo escenario del turismo de fauna marina en la Patagonia.

El proyecto no nació pensando únicamente en las ballenas sei. La idea era mucho más amplia: ofrecer avistajes de fauna marina, excursiones náuticas y experiencias de buceo. Pero el entusiasmo inicial chocó rápidamente con una realidad inesperada. “Nos encontramos con muchísimos problemas burocráticos y de gestión. Regularizar toda la actividad llevó cinco años".

Desde aquella idea nacida en el encierro de 2020 hasta fines de 2025, cuando finalmente pudieron salir al mar de manera formal y vivir su primera temporada completa que en estos días llega a su fin.

Las temporadas de la ballena franca y la sei son casi opuestas. La franca va de junio a diciembre y la sei aparece entre diciembre y mayo o junio. Por eso ahora trabajan junto a operadores de otros destinos patagónicos bajo una idea simple y potente: ofrecer “ballenas todo el año”.

La primera temporada dejó números que todavía sorprenden. “Tuvimos más de un 98% de efectividad en avistajes. Siempre aparecen animales. Algunas salidas son más espectaculares que otras, pero la presencia es constante”.

Con el Golfo San Jorge como escenario, la ciudad empieza a descubrir una nueva identidad posible: la de destino de naturaleza y fauna marina en el corazón de la Patagonia.

Parte de ese éxito tiene que ver con la red de información que construyeron junto a investigadores, observadores y trabajadores marítimos de la región. “Tenemos gente en la monoboya de Caleta Córdoba, investigadores en Punta del Marqués y distintos puntos del golfo. En un frente de casi 40 kilómetros manejamos información en tiempo real sobre dónde están los animales”.

La ballena sei a nivel mundial es una ballena muy difícil de encontrar tan cerca de la costa. Y verla como la vemos nosotros es realmente extraordinario”. Explica que el avistaje también es distinto al de la ballena franca: “Es más dinámico, porque navegás más. Pero encontrarte grupos alimentándose y ver cómo se ponen de costado y abren la boca es espectacular”.

La diferencia también está en el motivo de su presencia. “La ballena franca viene a reproducirse. La sei, en cambio, está en plena ruta migratoria y entra al golfo para alimentarse. En las francas ves madres con crías; en las sei no vemos ejemplares jóvenes de menos de cuatro o cinco años. Entendemos que permanecen en zonas oceánicas hasta alcanzar cierta madurez”.

Para Hocko, el crecimiento del turismo de naturaleza puede modificar la manera en que se mira a Comodoro Rivadavia. “Comodoro ya tiene casi 300 mil habitantes y cada vez más turistas pasan por acá porque es la puerta de entrada a la Patagonia Sur. La idea es que no solo pasen: queremos que se queden uno o dos días y encuentren actividades para hacer”.

Fotos y videos de: Maxi Jonas, Iker Hocko, Analía San Leandro, Jeremías Galaz y Gustavo Cherro.


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