“Messi es la cuarta estrella”: desde Río Negro hasta Jujuy, los argentinos celebraron más que un subcampeonato mundial
Un multitudinario evento resultó la llegada de la selección argentina, a pesar de la ausencia estelar del capitán.
Foto: Enrique García Medina.
A tres kilómetros del aeropuerto internacional de Ezeiza, los hinchas que se acercaron a recibir a los jugadores de la selección argentina ralentizaron el tránsito. Los autos estaban vestidos de banderas celestes y blancas. Al costado de la autopista Ricchieri, las sonrisas y los mates acompañaban a los transeúntes que no se amedrentaban con la lluvia. La tímida garúa contrastaba con el entusiasmo de los jóvenes que avanzaban, a paso lento, en una procesión cuyo destino eran las medianías del predio de la AFA.
El vuelo AR1971 llevaba a bordo a todo el plantel argentino con excepción de Gerónimo Rulli, Cristian Romero, Enzo Fernández, Rodrigo de Paul, Julián Álvarez, y la ausencia estelar de Lionel Messi, que volverá a Rosario al día siguiente previo paso por Miami, donde actualmente reside.
A medida que se acercaba la hora señalada, aumentaba la ansiedad entre los cientos de miles de simpatizantes que se acercaron a darle una última reverencia al equipo que, por lo menos hasta diciembre, comandará Lionel Scaloni.

Desde Jujuy hasta Río Negro, los hinchas de la Scaloneta, representados fuera y dentro de la cancha por esta pequeña gran multitud, dijeron presente en una tarde tan desapacible como alegre. “No importa nada la lluvia”, dijo Mauricio de 38 años, junto a su pareja Caterina, padres de una nena y un nene. “La enseñanza que nos deja Messi es que hay que luchar por todo porque se puede”, añadió.
“Un round más” para Scaloni
En Ingeniero Budge viven Evelyn (30), Melisa (23), Marianela (22) y Benjamín (22). Buscaban expresarle al equipo que estaban allí. “Lo importante es hacer la presencia”, dijeron e hicieron un pedido que empieza a resonar en las calles: “Que Scaloni siga. Nos trajo un montón de emociones”.
Nicolás Mansilla, de La Matanza, pidió “un round más” para Lionel Scaloni. Diego, de 47 años, vino desde Córdoba con un auto que recorría toda la Argentina “alternando a la Scaloneta”.

Pía llegó desde Jujuy y se quedaba hasta el miércoles, mientras que Marcelo, de Pacheco, definió a Messi como “la cuarta estrella”.
Como representante provincial, Roberto Miño hizo 1400 kilómetros desde Cinco Saltos, Río Negro. Sólo para ver pasar a los “muchachos” en el micro descapotable, que incluyó la presencia de Chiqui Tapia.
Entre el merchindising, se lucía la ya mítica inscripción “Las Malvinas son Argentinas” en la remera que Giovanni Lo Celso mostró luego del triunfo ante Inglaterra. Se vendían a 15 mil pesos.

La Scaloneta 2026, mucho más que un equipo de fútbol
Hubo un sentimiento que se repetía con las imágenes del obelisco, del 19 de julio de 2026. Néstor desplegó una extensa bandera de Malvinas. “El gesto del equipo fue impresionante. Por eso estamos acá agradeciéndoles a ellos. Fue el abrazo de todos los argentinos”.
Era la hora señalada. Pero Vanessa de Burzaco tenía algo para decir. No se festejaba el título. “Ya es un mérito primero ganarle a los ingleses. Yo tengo un conocido que es excombatiente y fue una alegría enorme que que puedan llegar a ver ese triunfo en vida”, afirmó. Aseguraba que haber suspendido la sesión que trataría en el Senado la ley de Tierras era un título en sí mismo. “Más allá de salir campeones, con eso ya… yo creo que ganamos”, indicó.

El equipo pasó por al lado del malón que vitoreaba al compás de “el que no salta, es un inglés”. Camperas de la selección, las famosas vuvuzelas y banderas en forma de regla cubrían a los autos. Apenas un instante de felicidad representó el paso del micro descapotable con el elenco argentino. O mucho más.
A tres kilómetros del aeropuerto internacional de Ezeiza, los hinchas que se acercaron a recibir a los jugadores de la selección argentina ralentizaron el tránsito. Los autos estaban vestidos de banderas celestes y blancas. Al costado de la autopista Ricchieri, las sonrisas y los mates acompañaban a los transeúntes que no se amedrentaban con la lluvia. La tímida garúa contrastaba con el entusiasmo de los jóvenes que avanzaban, a paso lento, en una procesión cuyo destino eran las medianías del predio de la AFA.
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