Bipolaridad, TDAH y stand up: el show que busca romper el tabú de la salud mental en Neuquén
La neuquina María Pía Borja utiliza el humor como herramienta para desarmar el estigma de los trastornos mentales. Desde el diagnóstico hasta las tablas con la presentación de "Loca pero tratada".
María Pía Borja presenta en Neuquén su show de stand up para hablar de salud mental. (Foto: Cecilia Maletti).
«Tengo trastorno afectivo bipolar«, cuenta María Pía Borja. La respuesta que recibe, muchas veces, es: «No parecés«. ¿Cómo se ve una persona con bipolaridad? Como cualquier otra. María Pía tiene amigos, cuatro hermanos, es comunicadora, trabaja, da clases, hace radio y, este 22 de agosto, dará su show de stand up en Neuquén, «Loca pero tratada«.
Pese a que en los últimos años la salud mental tomó lugar en la conversación pública, algunas enfermedades siguen siendo tabú. Pía comenta que existe una creencia de que las personas con bipolaridad son peligrosas o que tienen cambios de ánimo repentinos, pero no. Con la medicación y el tratamiento adecuado, se puede tener una vida con «cierta estabilidad».
Sin embargo, asegura que llegar hasta ahí es muy difícil y demora años. «Yo estuve cinco años hasta tener una medicación que más o menos me funcione», recuerda. Entre cambios de psiquiatras y tratamientos, además apareció un segundo diagnóstico: el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH). Esto le trajo alivio y la respuesta a muchas preguntas que la acompañaron a lo largo del camino.
«Tengo un par de trastornos de los que nos podemos reír», invita Pia al show de stand up que protagonizará este sábado 22 de agosto en Bar Artes, en Carlos H. Rodríguez 374.

Del caos al diagnóstico: «Por dentro el sufrimiento era altísimo»
El primer diagnóstico llegó hace 10 años, en el medio del caos. María Pía procesaba un abuso sexual, había hecho la denuncia, enfrentaba una contradenuncia por parte del agresor y una exposición mediática inusual. Al mismo tiempo, trabajaba como asesora legislativa y sostenía una «depresión funcional»: por fuera parecía que estaba todo bien, «pero por dentro el nivel de sufrimiento era altísimo».
El quiebre fue durante una escena cotidiana. Una noche terminó de ver una serie, se sentó en la mesa de su casa y sintió un vacío profundo, «unas ganas de no vivir» que la asustaron. Le escribió a una persona de confianza, que fue a su casa y le propuso ir a una psiquiatra.
Llegó al consultorio con síntomas como «aceleración del pensamiento, la imposibilidad de parar de pensar», y salió con una medicación que en principio era «temporal». «Es hasta el día de hoy. Desde ese momento nunca dejé de estar medicada«, señala.
El diagnóstico no apareció de golpe. Un tiempo después, María Pía vio en una receta un código del manual DSM, lo buscó en internet y se encontró con las palabras «ciclotimia» y «trastorno bipolar». Recién entonces empezó a ponerle nombre a algo que ya venía viviendo: oscilaciones del ánimo, episodios depresivos profundos, trastornos del sueño y episodios mixtos. «El objetivo es llegar al medio», comenta.
El TDAH: «Vino a ayudarme a entenderme»
El diagnóstico de Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad llegó mucho después y casi de forma fortuita. Cuando cambió de psiquiatra, él le pidió una historia clínica contada por ella misma. Así María Pía empezó a revisar su vida y a atar cabos.
Por otro lado, había vuelto a su escuela secundaria, esta vez como docente. Sus antiguos profesores la recibían con una broma que la dejó pensando: «Ya vas a ver, si te toca un alumno como vos, se va a hacer justicia». Comenzó a recordar que de chica se la pasaba fuera del aula, aunque aprobaba todo, así que nadie encendía las alarmas.
A eso se sumaban señales que arrastraba. «Siempre me estoy cayendo. Tengo siete puntos en la rodilla, un tobillo operado, un chichón reciente», relata. También pierde llaves, papeles y plata por no hacer trámites a tiempo, le cuesta sostener la atención en jornadas largas y suele dejar todo para último momento, pero logra resolverlo.

Llevó esas dudas a terapia y el nuevo psiquiatra sospechó que tenía un TDAH de base. Para confirmarlo, le indicó un estudio neurocognitivo con una neuropsicóloga, que incluyó varias sesiones de tests y entrevistas, además de la reconstrucción de su infancia junto a su mamá.
Así ya no quedaron dudas. Para Pía fue un alivio: «El TDAH vino a ayudarme a entenderme«. Explica que no es que a ella «le tocaron todas», sino que los trastornos afectivos bipolares suelen presentar otros diagnósticos que se superponen.
Cartas a sí misma y la medicación: «Es un innegociable»
Entre los dos diagnósticos, a veces se pregunta: «¿Cuál de todas soy yo?». Y se contesta: «Cuando estoy deprimida detesto la existencia y no entiendo por qué me trajeron a un mundo donde tengo que resolver problemas de adulta que no elegí. Cuando estoy en hipomanía todo me parece genial, quiero salir de fiesta todo el día. Ahora, en eutimia, es algo más parecido a un punto medio».
Para no perderse en esas versiones, se escribe cartas a sí misma en distintos estados y, al releerlas, encuentra un hilo común: «La gente que quiero, la que elijo en mi vida, es la misma. Las cosas que valoro son las mismas».
En ese mapa interno, la medicación es un innegociable. Escuchó muchas historias de personas con bipolaridad que, al sentirse bien, dejaron las pastillas y terminaron internadas. Ella no quiere correr ese riesgo. No es que sea inmune a los efectos adversos, de hecho siente temblores por el litio, a veces se le cae el pelo y suele frecuentar al gastroenterólogo.
Aun así, el balance le cierra: «Si el precio de la estabilidad es que me tiemblen las manos, me lo banco. Si necesito la medicación, usaré la medicación. A mí la medicación me saca del sufrimiento y me permite tener mejor calidad de vida».

«Loca pero tratada»: transformar la propia historia en escenario
El otro sostén es el humor. Estuvo ahí incluso en los momentos más críticos: después de una sobreingesta farmacológica, su mamá supo que estaba un poco mejor cuando la vio hacer chistes irónicos a las enfermeras. «Siempre manejé un humor medio insoportable, incluso estando deprimida», reconoce.
Ese registro se convirtió en herramienta y hoy la lleva a pararse sobre las tablas para presentar “Loca pero tratada”, el unipersonal con el que aborda la bipolaridad, el TDAH y los vínculos. «Los temas complejos de los que hago chistes son los propios”, aclaró.
Durante años, a Pía le dijeron que tenía que hacer stand up. Amigos, oyentes de radio e incluso desconocidos en bares le repetían lo mismo después de escuchar sus anécdotas. Ella se resistía, hasta que una amiga le propuso armar un monólogo para un evento. Escribió el material, lo trabajó con otra persona y el evento se suspendió.
En lugar de dejar el texto guardado, le escribió a un amigo que tiene un espacio cultural, fijó una fecha y se subió sola al escenario. La mayoría del público no la conocía y, sin embargo, se rió durante más de una hora.
Le gustó la experiencia, aunque no estaba segura de volver a hacerlo. Sin embargo, cedió ante sus amigos que le reclamaron más y reescribió el material. Así surgió «Loca pero tratada». No pretende dar una clase de salud mental, pero sabe que algo se mueve cuando se presenta, con micrófono en mano, como protagonista de su propia historia.
"Tengo trastorno afectivo bipolar", cuenta María Pía Borja. La respuesta que recibe, muchas veces, es: "No parecés". ¿Cómo se ve una persona con bipolaridad? Como cualquier otra. María Pía tiene amigos, cuatro hermanos, es comunicadora, trabaja, da clases, hace radio y, este 22 de agosto, dará su show de stand up en Neuquén, "Loca pero tratada".
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