Embarazada, subida a un techo, una discusión con el albañil le cambió la vida a una arquitecta en la Patagonia

De las obras a las cortinas: cansada del destrato en el mundo de la construcción, Mariana Buscemi apostó por un nicho inexplorado en el Alto Valle, con base en Roca. De estar a punto de emigrar en 2002 a liderar un negocio propio en pleno crecimiento, una inspiradora historia entre telas, viento y ventanales.

Por Javier Avena

La arquitecta Mariana Buscemi en su local en el centro de Roca. Foto: Alejandro Carnevale.

Un día, Mariana Buscemi se dio cuenta de que debía cambiar de vida. Parada sobre la losa de un tercer piso en construcción en el Alto Valle, embarazada de su primer hijo, discutía con el albañil, el mismo que antes le había dicho que mejor pusiera una boutique. La situación se ponía cada vez más tensa, la recuerda en detalle: el calor, el sofocón, el sudor. En aquel techo a medio terminar, no era la primera vez que sentía que como arquitecta tenía que pagar un peaje demasiado caro en ese mundo de hombres, ni que le decían que sí y después lo hacían lo que les parecía a ellos. Pero esa vez, hace 15 años, aquella mañana en un barrio de Roca pensó que ese destrato había llegado demasiado lejos. Y se bajó, al menos hasta parir, de la losa y de las peleas de cada día cuando hacía una dirección de obra.

Fue entonces que se decidió a probar suerte en un rubro que le parecía cada vez más interesante y que veía como un nicho, una oportunidad en el norte de la Patagonia: las cortinas. Sabía que la región daba señales de que se aprestaba a vivir un boom de proyectos y también que su formación le daba un valor agregado para abordar un nuevo emprendimiento desde una perspectiva integral. Lo que no imaginaba es que ese camino la apasionaría tanto ni que le daría tantas satisfacciones.


El blackout y el jacuzzi que no debía verse desde la calle

Esta mañana de agosto, Mariana cuenta su historia en el local que inauguró hace dos meses y medio en el centro de Roca.
Afuera, el solcito acaricia la calle después de varios días de lluvia y cielo cerrado. Adentro, en el showroom, brillan las telas, los rieles y los sistemas manuales y automatizados que los clientes pueden examinar en detalle antes de decidir.

Suele aconsejarles que se tomen su tiempo, que habiten la casa y detecten las necesidades reales a partir de esa experiencia antes de gastar. Esa es una de sus reacciones habituales.

Opciones de sistemas de cortinas.


Otra, cada vez que entra alguien y le pide un blackout, es preguntarle para qué lo quiere, si está seguro de que oscurecer todo sea la mejor opción y contarle que hay un mundo de otras posibilidades además de ese tipo de tela que no es una cortina.


A veces, los pedidos le arrancan una sonrisa, como la pareja que hizo construir un jacuzzi con ventanales de piso a techo y la llamó para poner algo: no querían que se viera todo desde la calle. La anécdota le sirve también para marcar su punto: “Las cortinas hay que pensarlas antes, son parte del diseño de la casa desde el comienzo”.

Sunset enrollable de madera y pura armonía.

Sunset horizontal de aluminio.

. Para la arquitecta, el mejor plan es siempre pensar el tipo de cortina y de sistema con el diseño original de la casa, como en este caso.

De España a la Patagonia

Hoy está por sumar mobiliario a su oferta, también hace trabajos de arquitectura y no tiene días libres en la agenda. Su radio de acción va hasta Neuquén al oeste y Choele Choel hacia el este con base en el Alto Valle que eligió para vivir, pese a que cuando llegó, hace 24 años, venía a despedirse de sus hermanos porque se iba a radicar en España.

Ese otro momento clave de su historia ocurrió a comienzos de 2002, después del estallido de la Convertibilidad, cuando un dólar dejó de valer un peso y aquel crac de la economía derivó en protestas sociales, represión y muerte mientras un presidente dejaba el poder en helicóptero y cientos de miles de argentinos armaba la valija para emigrar.


Como muchos otros profesionales, aquella crisis la impulsó junto a Hernán, su marido ingeniero, a pensar en irse. Ya tenían los pasajes para instalarse en Cataluña con un grupo de amigos, colegas y un maestro mayor de obras cuando viajó al norte de la Patagonia a darle un abrazo a sus hermanos.

Antes de que un trágico accidente en la ruta se lo llevara de este mundo, su padre les había dicho que intuía un futuro en Neuquén. Por eso, aunque en esos tiempos Vaca Muerta solo fuera un asunto de geólogos y la provincia no era aún la locomotora de la Patagonia, había desembarcado allí con sus hijos para desarrollar un proyecto comercial. Por eso estaban ahí los hermanos cuando ella fue decir adiós.

Mariana en el local que abrió en el centro de Roca dos meses y medio atrás. Foto: Alejandro Carnevale.

Durante aquella visita, Hernán no pudo con su genio y envió su currículum a todos lados. Una mañana sonó el teléfono y ella atendió. Era una empresa constructora de Roca que le ofrecía trabajo al ingeniero.

¿Qué hacer? ¿Radicarse al sur de Barcelona con todo ese equipo de trabajo y amigos que aparecía como una gran manera de apostar a irse? ¿O darle una chance más a la Argentina pero lejos de casa? La sangre pudo más y así llegaron a Roca, la ciudad rionegrina a mitad de camino entre la cordillera y el mar que se acercaba por entonces a los 100 mil habitantes, aún con más chacras que loteos entre el verde profundo de los álamos en el verano, el dorado de las bardas al caer el sol y el agua cristalina de los canales de riego que hacía crecer los manzanos y los perales.

No se parecía en nada a su Concordia natal, ni a la Mar del Plata donde se radicó con su familia a los 11 años en busca de nuevos horizontes con ese gen emprendedor como telón de fondo, ni a las diagonales de La Plata donde ella y Hernán terminaron la facultad. Eso era otra cosa. No podían imaginar entonces que habían encontrado su lugar en el mundo.


Una nueva vida en el Alto Valle


Los primeros años en el Alto Valle fueron de obras para ella, pero aquella discusión con el albañil fue la gota que rebalsó el vaso en esa sucesión de planos que aparecían hechos un bollo, indicaciones que se ignoraban y ladrillos puestos al revés. A ese desgaste mental y emocional, se sumó el nacimiento de su primer hijo y con él la decisión de priorizar la crianza: así se alejó de la dirección de obra tradicional.
-Me fascina, pero necesitaba una pausa, una actividad más tranquila para dedicarme a ser mamá. Así abrí mi primer negocio -dice.

La llegada de su segundo hijo la decidió a montar el estudio en su casa para estar presente mientras los dos crecían. No importaba dónde, cada vez encontraba más interesante su nueva actividad y el abordaje de telas y herramientas novedosas. Y lejos de pensar a las cortinas como un simple elemento decorativo, la arquitecta detectó un vacío en las casas contemporáneas: las tendencias actuales, de líneas minimalistas y grandes superficies vidriadas, generan que muchos proyectos deban enfrentar desafíos climáticos potentes.


El impacto del viento y la orientación

En el Alto Valle, explica, la amplitud térmica y la radiación solar exigen respuestas precisas. Para Mariana, la orientación oeste representa el principal escollo constructivo: el sol horizontal durante las tardes de verano atraviesa cualquier protección estándar. A esto se suma el viento, que desaconseja el uso de toldos tradicionales exteriores debido a las ráfagas que sacuden a la región.
Frente a este panorama, se basa en su enfoque como arquitecta para clasificar las telas y sistemas según su función técnica específica.

Otra vez, el ejemplo del blackout es esclarecedor: ese tejido multicapa que impide el paso de la luz, suelen pedírselo de manera automática, aunque su uso en espacios sociales como comedores o livings resulta inadecuado porque elimina la iluminación natural. Frente a eso, prioriza el análisis de cada abertura, el tipo de piso, el mobiliario y la orientación.

Sistema Roller dúo.

Otra tono para una opción horizontal.
Roller, otra atractiva alternativa.

Sistema Nuntucket: velo traslúcido doble con láminas horizontales centrales orientables.


Con el menor de sus hijos en el secundario y el mayor que estudia en Buenos Aires, decidió volver a un espacio comercial a la calle. Y mientras la construcción avanza con nuevas tecnologías y domótica, asume con una sonrisa cada día el desafío de resolver el confort térmico y lumínico de casas, departamentos y locales en el Alto Valle, aunque insiste en que es mejor abordarlos desde el proyecto inicial. ¿Se arrepintieron alguna vez de no haber ido a España? Cada vez que otra crisis sacude a la Argentina el tema vuelve, llaman a los amigos, les preguntan si da, siempre les responden que sí. Pero, dice y sonríe, nunca se fueron: difícil hacerlo cuando uno encuentra su lugar en el mundo.


Mini bío

Mariana Buscemi (54 años, dos hijos) nació en Concordia, Entre Ríos. Recibida de arquitecta en La Plata, se radicó en Roca en 2002 y hace 15 años se dedica al mundo de las cortinas, que hoy comercializa en su estudio en Tucumán 185.
Contacto: @cortinaskromatica


La arquitecta Mariana Buscemi en su local en el centro de Roca. Foto: Alejandro Carnevale.

Un día, Mariana Buscemi se dio cuenta de que debía cambiar de vida. Parada sobre la losa de un tercer piso en construcción en el Alto Valle, embarazada de su primer hijo, discutía con el albañil, el mismo que antes le había dicho que mejor pusiera una boutique. La situación se ponía cada vez más tensa, la recuerda en detalle: el calor, el sofocón, el sudor. En aquel techo a medio terminar, no era la primera vez que sentía que como arquitecta tenía que pagar un peaje demasiado caro en ese mundo de hombres, ni que le decían que sí y después lo hacían lo que les parecía a ellos. Pero esa vez, hace 15 años, aquella mañana en un barrio de Roca pensó que ese destrato había llegado demasiado lejos. Y se bajó, al menos hasta parir, de la losa y de las peleas de cada día cuando hacía una dirección de obra.

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