Riesgo de enfermedades en las chacras del Alto Valle por las lluvias: cómo prevenir la sarna de la pera
Ante la persistencia de El Niño, una investigadora del Conicet y docente de la UNCo recomendó reforzar el monitoreo de los cultivos y revisar los antecedentes sanitarios de cada establecimiento. Recordó las pérdidas que provocó la enfermedad en la temporada 2017-2018.
El Niño y las lluvias modificaron las condiciones ambientales en las chacras del Alto Valle. La presencia prolongada de agua sobre las plantas, combinada con temperaturas favorables, facilita las enfermedades por hongos y otros patógenos. Así lo explicó María Cristina Sosa, investigadora independiente del Conicet y profesora adjunta de Fitopatología de la Universidad Nacional del Comahue. La especialista recomendó monitorear los cultivos y evaluar los antecedentes sanitarios para decidir cuándo intervenir, sin aplicar productos «por las dudas».
La preocupación se concentra en la sarna de la pera, causada por el hongo Venturia pirina. Según difundieron desde prensa de la UNCo, las lluvias coincidieron con la floración y sostuvieron durante varios días las condiciones necesarias para suscitar afecciones.
Sosa afirmó que, por sí solo, el clima no alcanza: también debe estar presente el patógeno y haber una planta susceptible.
Cómo prevenir el avance de la sarna en las chacras del Alto Valle
Para prevenir la sarna, Sosa sugirió revisar primero si la enfermedad estuvo presente en la chacra en temporadas anteriores. Las lesiones observadas en las plantas o los reclamos del empaque por fruta afectada pueden ayudar a identificar esos antecedentes. Además de revisar el historial sanitario, recomendó observar las plantas para detectar síntomas. «Si vemos síntomas en hoja, hay que tratar de frenar que eso llegue a la fruta”, explicó.
Si la chacra tiene antecedentes de sarna y las condiciones del tiempo favorecen una nueva infección, puede ser necesario aplicar un fungicida, siempre bajo criterio técnico. «Tiene que haber riesgo de infección para intervenir», remarcó la investigadora. Sugirió tener los productos y la maquinaria preparados para actuar a tiempo.
Explicó que el riesgo depende, entre otros factores, del tiempo que las hojas y los frutos permanecen mojados y de la temperatura. Cuando esas condiciones favorecen al hongo, pueden producirse nuevas infecciones, incluso después de la floración. Sosa señaló que también registraron casos en noviembre, diciembre y cerca de la cosecha.
Recomendó mantener el monitoreo y prestar atención a los avisos sanitarios y a las condiciones meteorológicas durante esos meses.
La especialista desaconsejó aplicar fungicidas «por las dudas» en chacras sin antecedentes ni señales que justifiquen el tratamiento. Estas aplicaciones suman costos económicos y ambientales y pueden favorecer la aparición de hongos resistentes a los productos. «Primero el buen diagnóstico y después el tratamiento», enfatizó.

El impacto económico y el papel de las políticas públicas
El principal problema de la sarna es la pérdida de valor comercial de la fruta. Según Sosa, una lesión basta para que una pera quede fuera del mercado. «Sarna tiene tolerancia cero en la fruta», señaló.
Como antecedente, recordó la temporada 2017-2018, cuando hubo productores que dejaron fruta en las plantas porque el ingreso por su destino industrial no compensaba la cosecha. «Esa es una práctica que no está bien, pero te demuestra lo que puede ser la enfermedad», remarcó.
Indicó que esa «epidemia» impulsó nuevas investigaciones. Sosa y su equipo profundizaron el estudio de cómo sobrevive el hongo entre temporadas y cuáles son las fuentes de nuevas afecciones en el Alto Valle. Identificaron particularidades de su adaptación al clima local y la importancia de su fase asexual. Además estudiaron su permanencia en la propia planta, más allá de la hojarasca del suelo.
Sosa también advirtió que el exceso de humedad puede favorecer otros problemas, como podredumbres de raíces en suelos anegados y enfermedades que se manifiestan durante la conservación. Propuso revisar drenajes y prácticas de manejo, además de reducir las fuentes del patógeno, para no depender solo de las respuestas químicas.
Estos conocimientos permiten orientar las medidas de prevención según las condiciones de la región. Sosa planteó la necesidad de financiamiento, acompañamiento técnico y jornadas de actualización para productores y profesionales. También reclamó apoyo a la investigación y coordinación entre instituciones públicas y privadas. «Es importante seguir apostando a la ciencia, a la técnica, al desarrollo», sostuvo.
El Niño y las lluvias modificaron las condiciones ambientales en las chacras del Alto Valle. La presencia prolongada de agua sobre las plantas, combinada con temperaturas favorables, facilita las enfermedades por hongos y otros patógenos. Así lo explicó María Cristina Sosa, investigadora independiente del Conicet y profesora adjunta de Fitopatología de la Universidad Nacional del Comahue. La especialista recomendó monitorear los cultivos y evaluar los antecedentes sanitarios para decidir cuándo intervenir, sin aplicar productos "por las dudas".
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