Cipolletti ordena, Neuquén regula ¿y Roca?

Por Carta de lector

Javier Genoud DNI 17.506.130

GENERAL ROCA

En el Alto Valle ya no hay excusas. Los problemas están a la vista, hace años. Uber funciona. Los trapitos están en la calle. La diferencia no es qué pasa: la diferencia es quién se anima a hacerse cargo. En Cipolletti no se anduvieron con rodeos. Definieron que el espacio público tiene reglas y las hicieron cumplir. No hubo romanticismo ni discursos largos: hubo decisión. Los trapitos dejaron de ser parte del paisaje porque alguien resolvió que no debían seguir ahí. Y con Uber, lo mismo: en lugar de negarlo, lo encuadraron. Lo que existe, se regula. Punto.

En Neuquén eligieron otro camino, menos confrontativo pero igualmente efectivo. No arrasaron, pero tampoco miraron para otro lado. Regularon, equilibraron intereses, acomodaron lo nuevo sin romper lo viejo. No es épico, pero funciona. La ciudad no se queda quieta. El problema no está ahí.

El problema está en General Roca. Porque en Roca todo llega tarde. Uber primero fue negado, después ignorado y ahora, finalmente, discutido.

Siempre un paso atrás de la realidad. Los trapitos siguen ocupando la calle, pero en lugar de resolver el conflicto, la propuesta es administrarlo: anotarlos, identificarlos, repartirlos. Como si ordenar un problema fuera lo mismo que solucionarlo. No lo es. Regular lo que ya desbordó sin cambiar nada de fondo es apenas una forma elegante de no hacer. Y no hacer, en política, no es neutral: es elegir que todo siga igual.

El argumento suele ser el mismo: evitar conflictos, cuidar a todos, no dejar a nadie afuera. Suena bien. Pero en la práctica significa otra cosa: no incomodar a nadie, aunque eso implique que el problema lo siga pagando el vecino. Porque alguien siempre paga. El que estaciona y no sabe si le están pidiendo o exigiendo. El que trabaja en regla y compite con lo informal.

El que ve cómo las normas son cada vez más flexibles para algunos y más rígidas para otros. Ahí es donde se ve la diferencia entre gestionar y administrar. Entre gobernar y acompañar lo que pasa. Cipolletti decidió ordenar, con costo político incluido. Neuquén decidió regular, sin romper el equilibrio.

General Roca, en cambio, sigue eligiendo el camino más cómodo: no decidir del todo, no resolver del todo, no cambiar del todo. Y mientras tanto, la calle sigue marcando el ritmo. Porque la realidad no espera ordenanzas. Avanza igual.

La pregunta ya no es qué pasa con Uber o los trapitos. Eso está claro hace rato. La pregunta es más incómoda, más directa y más necesaria: ¿Van a seguir administrando el problema o en algún momento van a decidir enfrentarlo de verdad?


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