Testimonio de un hincha infiel
Alejandro De Muro
DNI 5.081.245
Múñiz, Buenos Aires
En la película “El secreto de sus ojos”, uno de sus personajes asegura que alguien puede cambiar de idea política, religión o mujer pero, jamás, de favoritismo por un club de fútbol. Sin ánimo confrontativo digo que, en lo que a mi respecta, la afirmación carece de asidero. Mi paso por tres entidades de primera división, en calidad de socio, desmiente tal creencia.
Fui hincha acérrimo de Racing. Lo vi salir campeón en 1961 y 1966/67. Del conjunto consagrado, apenas iniciada la década del 60, recuerdo su formación habitual. Me maravillé con las gambetas de Corbatta, los cabezazos del “marqués” Sosa y las atajadas de Negri. Lo propio puedo señalar acerca del “Equipo de José”. Sin ayudamemoria, estoy en condiciones de mencionar a los once titulares y a otros, alternativos y menos famosos: Martinoli, Parenti, Joao Cardoso, Mori, etc.
Mi fanatismo por la Academia cesó en 1975.
El River de J.J. López, Merlo y Alonso me cautivó al extremo de decidir asociarme al Millonario. Si bien fui menos apasionado que por los albicelestes, las genialidades de Alonso, los regates de Ortiz y la prestancia de Perfumo no impidieron que, durante varios años, profiriera encendidos gritos de gol.
Tras ese paso sobrevino otra “fuga”. El elegido, también como abonado: Independiente.
A esta altura del relato imagino que muchos me tildarán de veleta o “rara avis”.
Otros, más severos, quizá me adjudiquen el mote de “execrable”.
Acepto todo y aclaro, para no decepcionarlos demasiado, que mi fidelidad hacia la Selección permanece inalterable; que mi predilección por Maradona y Messi, también.
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