China: se frenan iniciativas económicas
Los cambios en la cúpula dirigente podrían afectar el crecimiento, estiman
PEKÍN (DPA).- “Son épocas de vacas flacas”, lamenta el representante de una empresa alemana en Pekín. “Los negocios no marchan bien” y los nuevos proyectos están congelados, porque los socios chinos no se atreven a tomar decisiones en estas épocas de cambios políticos que abarcan desde la cúpula del poder partidario hasta cargos en el sector de economía. Pero existe otra razón: la incertidumbre sobre la situación económica que atraviesa el gigante asiático, que podría ver cerrar el año 2012 con el nivel de crecimiento más bajo que haya registrado desde 1999. “Aquí está todo muy quieto”, comenta el representante de otro multimillonario proyecto de inversiones en China. “Todos se retiraron a la retaguardia”. Según el profesor Zhang Ming, de la Universidad Popular de Pekín, el país atraviesa “un período de transición”. “Nadie toma decisiones debido al miedo de que ocurra algo”, apunta. Los viejos vínculos quedan en suspenso, surgen nuevos entramados. Después de que en noviembre se produjera un recambio en la conducción del partido, en el que Hu Jintao fue reemplazado por Xi Jinping, se producirá el cambio de gobierno pendiente. Es el primero en diez años y se verá acompañado de reformas y fusiones de ministerios. Desde el punto de vista de la coyuntura el panorama tampoco es precisamente alentador. ¿Qué más se podría esperar si el crecimiento incluso fue descrito por el primer ministro saliente, Wen Jiabao, y por su sucesor, Li Kequiang, como “desequilibrado, descoordinado y no duradero”? En 2012 el crecimiento no superará el 7,9% según cifras del Banco Mundial. Para un país emergente de las características de China no es mucho, y tampoco es suficiente como para alentar la coyuntura mundial. Las perspectivas a nivel de comercio exterior siguen siendo magras debido a la caída de la demanda de productos “made in China” en los mercados estadounidense y europeo, que no atraviesan su mejor momento. La consecuencia: China, la segunda mayor economía del mundo, precisa un nuevo motor de crecimiento. Deberá dejar de apoyarse en las exportaciones y en las inversiones para concentrarse en el consumo interno. Parece más sencillo de lo que es. Los analistas aseguran que las condiciones no están dadas para realizar un giro semejante. Un aumento de los ingresos perjudicaría a las empresas y las inversiones; un aumento de las bajas tasas de interés favorecería a los ciudadanos chinos, pero significaría un aumento del costo crediticio para las compañías; los servicios sociales son deficientes: los costos de salud y educación van de por sí en constante aumento. Y los chinos, prefieren ahorrar para épocas malas a consumir. Las reformas fueron pospuestas una y otra vez, pese a que no pocos analistas exigen que se ponga de una vez fin a la predominancia del sector empresarial estatal en favor del sector privado. Los monopolios no dejan margen a la competencia, distorsionan los mercados y fomentan la corrupción. También se exige una apertura del sector de servicios, poco desarrollado en el país. El nuevo dirigente chino, Xi Jinping, debería implementar cuanto antes las reformas financieras pendientes, opina el profesor Zhang Ming. Y, según el catedrático, las palabras no bastarán a la hora del cambio. “Deberá ceder a varios una porción del pastel”, asegura. “No es un negocio fácil”. Según Zhang Lifan, Xi Jinping es más ambicioso que su cauto antecesor, Hu Jintao. “El problema ahora será la fuerte resistencia que enfrentará si quiere introducir reformas”.