De Alan Parsons a Soda Stereo, el fútbol transformado en una película de Marvel: qué música suena en el Mundial 2026

De los sintetizadores ochenteros de Alan Parsons al rock argentino de Soda Stereo, la FIFA diseñó un halftime show permanente en los estadios. Los secretos de la banda sonora globalizada que comprime aires de drama cinematográfico y hasta tiene la venia cumbiera de Messi.

Por Hernán Panessi

Alan Parsons, creador de "Sirius", la pieza instrumental que abre cada partido del Mundial 2026, cuando los equipos salen a la cancha.

Suena en los parlantes de los televisores. Se oye en las tribunas. El Mundial 2026 ya no es sólo un torneo de fútbol, sino que se configura una noción de kermés hipertecnológica donde la pelota convive con otros insumos como hamburguesas, apuestas deportivas, papas fritas, gaseosas, jugos con minerales esenciales y más. Y, sobre todo, con un soundtrack diseñado específicamente para agigantar la experiencia.


Durante esta primera ronda, los altoparlantes de los estadios escupieron ensaladas nostálgicas, épicas de gimnasio y destellos de reggaetón globalizado. Pero en varios partidos, entre ellos el de Argentina contra Argelia y en la mayoría de los de la primera jornada, la estampa silenciosa de los túneles terminó ensanchada por el galope de “Sirius” de The Alan Parsons Project, uno de los himnos oficiales que adoptó la FIFA para la salida de los equipos desde los vestuarios.


Como una declaración de principios, aquellos sintetizadores progresivos de 1982, eternamente asociados a los Chicago Bulls del mismísimo Michael Jordan, operan en el cerebro como un disparador químico: lo que viene será muchísimo más épico que la vida cotidiana. Es el fútbol transformado en una película de Marvel Cómics.


Presentación de los Chicago Bulls con la música de «Sirius» de Alan Parsons Proyect, en la final N° 6 de la NBA de 1997

La salida de los equipos en el Mundial 2026 con la música de «Sirius»


Por eso, entre esos caireles de nervios y ansiedad, cuando Alan Parsons encuentra el fade-out, los estadios mundialistas se convierten en una procesión de gladiadores modernos musicalizada por “Lose Yourself” de Eminem, que evoca directamente al film 8 Mile y a esos instantes previos a la batalla crucial.

El bombo de Detroit golpea el pecho de los hinchas mientras los planteles mundialistas ensayan sus calentamientos. Hay algo de justicia poética en escuchar aquellos acordes de Marshall Mathers III y sus “oportunidades únicas” mientras está por comenzar un partido. Es la épica del sobreviviente, el combustible perfecto para un ecosistema que deglute y agiganta ídolos en cada fecha.


En esa misma línea, el one hit wonder de Opus, “Life is Life”, remite directamente a Diego Armando Maradona con los cordones desatados. Imposible escindir a esa canción de otra imagen que no sea la del 10. Sin embargo, la FIFA la sumó a su playlist oficial y la hizo sonar en el Dallas Stadium, en la antesala del Argentina versus Austria, mientras los hinchas de la selección iban ubicándose en sus butacas. El dato: los de Opus son austríacos, así que el guiño viene por partida doble.


Por ahí, también, la guitarra gorda y la batería de “Seven Nation Army” de The White Stripes, que suena como una marcha militar. O el réquiem triste pero indefectiblemente legendario de “Lux Aeterna”, del músico inglés Clint Mansell, reconocido como el tema principal de la película Réquiem para un sueño. “Me gusta esta música dramática”, señaló el relator de DSports en el entretiempo del lánguido Inglaterra – Ghana, uno de los pocos 0 a 0 de este Mundial repleto de goles y canciones.


Y en este halftime show involuntario que armó la FIFA también aparecen algunas expresiones del pop de laboratorio como “Titanium” de David Guetta & Sia, que se expandió desde Monterrey pasando por Vancouver hasta Miami. El público entra en un trance extraño cuando escucha aquel “Fire away, Fire away” y se divisan caras de éxtasis. Es un Frankestein musical que surte su efecto: levantar la moral. Por allí, brotan las mismas vibras con “Satisfaction” de Benny Benassi, con su distorsión eléctrica y líneas de bajo cuadriculadas.


Y entre tanto machaque nostálgico, la cuota de mercado la pone la colombiana Shakira junto al nigeriano Burna Boy, con “Dai Dai”, que empezó a asomar con mucha más fuerza desde la segunda fecha mundialista. Una cruza de afrobeat y pop latino, que intenta emular el conjuro inmarcesible del “Waka Waka”, parte de la banda sonora de Sudáfrica 2010, pero con un filtro de Spotify cosecha 2026. Van cuatro mundiales seguidos de la hegemonía sonora de Shakira, que comenzó desde Alemania 2006 y su versión de “Hips Don’t Lie”.


Mientras tanto, la selección alivia sus tensiones con “La cumbia de los trapos” de Yerba Brava y “Cumbia sobre el mar” de Los Palmeras, que suenan antes y después de los partidos de La Scaloneta. No hay dudas: tienen el okay de Messi. Curiosamente, la hasta ahora única canción de rock nacional no sonpo en un entretiempo de Argentina, sino de México: en la noche del miércoles, en el Estadio Azteca, el DJ de turno puso “De música ligera”, de Soda Stereo, mientras el “Tri” y República Checa descansaban
Y en casi todas las canchas se entona el himno noventero “Freed from Desire”, de la italiana Gala, que se popularizó en la Eurocopa 2016 y sonó con fuerzas en el último Mundial de Clubes.


Así, en las largas transmisiones asoma un pánico al vacío, al instante mudo, a la pausa sin música. A la vida sin música. Por eso, se oyen Los Ángeles Azules, Belinda, Bad Bunny y “Danza Kuduro” de Don Omar, que sonó en el empate entre Brasil y Marruecos y algún despistado habrá asociado con algo del cosmos brasilero. Cuando haya un gol, cada selección tendrá derecho a escoger su propio soundtrack. Por aquí, un loop infinito que infla cabezas, pero que de tanto en tanto nos regala una alquimia exitosa entre épica deportiva y show de corte mainstream, esos que los norteamericanos saben entender muy bien.


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