Los cuatro “cuellos de botella” que frenan el desarrollo regional

El norte de la patagonia tiene recursos estratégicos que el mundo demanda. Sin embargo, sin adecuada infraestructura, quedan “atrapados” en el territorio. Dos especialistas de Cippec analizan las restricciones críticas que existen hoy en Neuquén y Río Negro.

Por Leonardo Herreros

La red de alta tensión que conecta los principales centros de generación y consumo de energía del país.

Un concepto habitual entre los economistas que piensan en la planificación del desarrollo es el concepto de “frontera productiva”: la cantidad máxima de bienes o servicios que una economía puede producir en un período determinado, utilizando al máximo todos sus recursos y tecnología disponibles. Este concepto está directamente atado a puntos críticos en la infraestructura y la logística que pueden restringir o ampliar la capacidades de una región.

Un reciente informe del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec) asegura que Argentina “tiene activos estratégicos (energía, minerales críticos, alimentos, talento y capacidades industriales) que el mundo demanda; pero sin infraestructura logística y energética, esa oportunidad de crecimiento puede quedar atrapada en el territorio”. El trabajo hace especial foco en el potencial de Vaca Muerta y en los obstáculos críticos de infraestructura que frenan el desarrollo exportador del norte de la Patagonia.

Diario Río Negro consultó a dos de sus autores: Paula Szenkman, directora de Desarrollo Económico de CIPPEC, y Mauricio Roitman, economista especializado en energía y consultor de la misma entidad, quienes señalaron que el diagnóstico es claro: “el cuello de botella ya no reside en la capacidad de producción de petróleo y gas, sino en su evacuación y transporte” hacia los mercados internacionales.

Los autores destacan que proyectos como el oleoducto Vaca Muerta Oil Sur y el Gasoducto Dedicado San Matías son piezas esenciales para destrabar las exportaciones de petróleo y GNL, respectivamente. Sin embargo, el eslabón más rezagado es el sistema eléctrico, que padece un aislamiento estructural y una red nacional envejecida, que impide aprovechar plenamente el potencial de generación renovable y térmica de la región

Para resolver los cuellos de botella, proponen modernizar los puertos, la reactivación ferroviaria y la expansión de redes de alta tensión mediante inversión privada. Subrayan que el Estado debe pasar de simple ejecutor “a planificador estratégico, garantizando seguridad jurídica y marcos regulatorios estables”. Finalmente, destacan que “una logística eficiente y una conectividad digital sólida son indispensables para transformar los activos naturales en competitividad genuina”.

El gran olvido : la red eléctrica


En Vaca Muerta, la capacidad de extracción ha superado la infraestructura disponible para llevar el recurso a los mercados, sostiene el informe. Szenkman y Roitman identifican cuatro restricciones críticas que se superponen en Neuquén y Río Negro.

• En primer lugar, el transporte de petróleo depende de la finalización del oleoducto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), una obra de 437 km que, a marzo de 2026, presentaba un avance del 58% con una inversión de 3.000 millones de dólares

• No obstante, los expertos advierten que el riesgo crítico no es el ducto, sino la infraestructura de carga offshore —monoboyas y caños submarinos—, sin la cual “no hay manera de exportar”.

• En cuanto al gas, el frente más rezagado es el de la licuefacción (GNL). La pieza faltante es el Gasoducto Dedicado San Matías, que conectará la cuenca con la costa rionegrina y que la semana pasada fue aprobado com o proyecto RIGI. Con una inversión estimada de 1.300 millones de dólares, este ducto es vital para que el primer buque licuefactor pueda operar hacia septiembre de 2027. “La ventana de exportación de gas está a 18-30 meses y depende de que el ducto no se atrase”, señalan los especialistas.

• La red eléctrica. Pero el punto que Szenkman y Roitman consideran más crucial, aunque poco discutido, es el aislamiento eléctrico de la Patagonia.

Los camiones de Vaca Muerta deberán circular por la Ruta 67, la «ruta del petróleo».

Los investigadores sostienen que “el sistema opera con debilidades estructurales que impiden evacuar el potencial de generación térmica, hidroeléctrica y, sobre todo, renovable, a pesar de contar con el mejor recurso eólico del país”. La falta de redes robustas “también frena la electrificación de la actividad upstream de los hidrocarburos no convencionales, un paso necesario para abaratar y limpiar los procesos productivos” opinan.

En síntesis, aseguran los especialistas, “mientras que los proyectos de petróleo y gas ya cuentan con sponsors privados y decisiones de inversión, el eslabón eléctrico es el más atrasado en planeamiento y financiamiento”.

Agregan que la red nacional de transporte, que supera los 36.000 km, muestra signos de agotamiento: el 60% de la red de 220 kV y el 30% de la de 500 kV tienen más de 30 años de antigüedad.

Logística, rutas y el “ausente” ferrocarril

Más allá de la energía, los autores sostienen que la competitividad de la Norpatagonia se ve socavada por una logística costosa y deficiente. Menos de la mitad de la red ferroviaria está operativa y solo un tercio de las rutas nacionales y provinciales está pavimentada.

En el Alto Valle, las rutas que sirven a Añelo y toda el área de Vaca Muerta están saturadas por un tránsito de camiones para el cual no fueron diseñadas.

El Ferrocarril de cargas es calificado por Roitman y Szenkman como el “gran ausente recuperable” de este esquema.

“Para el transporte de arena de fractura e insumos mineros, el tren es el modo más eficiente en distancias largas, pudiendo reducir costos entre un 30% y 40% frente al camión” sostienen.

Y recuerdan que, actualmente, el ferrocarril mueve menos del 1% de la carga del Puerto de Buenos Aires desde esta región. La reactivación del ramal Neuquén-Bahía Blanca sería una de las 20 obras que deberían ser priorizadas , según el CIPPEC, para “mover la aguja” del desarrollo regional.

Agua y conectividad digital

El informe también pone la lupa sobre recursos básicos como el agua y la conectividad. Szenkman y Roitman recuerdan que el sistema de riego del Alto Valle, dependiente del dique Ballester, tiene más de 100 años y sufre graves pérdidas por infiltración. Existe, además, una creciente competencia por el recurso hídrico entre el consumo urbano, la producción agrícola y la industria del fracking.

Por otro lado, la conectividad digital se ha vuelto una infraestructura productiva indispensable. Sin embargo, en el Norte de la Patagonia, el 61% de las firmas reporta una mala banda ancha fija y solo el 22% cuenta con señal móvil estable en las rutas.

Hoja de ruta y financiamiento


Ante la falta de margen fiscal del Estado, la pregunta central es cómo movilizar capital privado. Los especialistas destacan el rol del RIGI como un ancla de previsibilidad que sustituye la garantía soberana que el país no puede otorgar. No obstante, advierten que falta una “hoja de ruta más amplia, realista y sostenida”.

Los autores admiten que hoy “no hay margen fiscal para grandes inversiones estatales. La pregunta, entonces, no es de dónde sale la plata pública, sino cómo el Estado moviliza capital privado sin comprometer recursos fiscales”, al menos en el presente.

Entre otras alternativas, mencionaron: concesión de obra pública con tarifa regulada; Garantías de organismos multilaterales y agencias de crédito (BID-BM); Co-inversión del usuario ancla (caso Aluar); Mercado de capitales local (obligaciones negociables, fideicomisos y fondos de infraestructura) y aportes provinciales no fiscales (tierras, servidumbres, agilidad en los permisos).

En particular, Paula Szenkman y Mauricio Roitman subrayan tres faltantes críticos para mejorar el esquema actual para el sector eléctrico, el más comprometido:

• Definición de “quién paga”: No existen reglas claras sobre la metodología tarifaria para los “usuarios beneficiarios” de las ampliaciones de transporte.

• Horizonte post-emergencia: El marco actual se apoya en la emergencia del sector que vence en 2027, mientras que las obras requieren de 4 a 6 años de ejecución y financiamiento a 25 años. Se necesita un plan indicativo que sobreviva al ciclo político.

• Bankability y garantías: Solo 3 de las 16 obras prioritarias han ido a licitación, y falta claridad sobre qué garantías (multilaterales o agencias de crédito) acompañarán al resto.

Cómo hicieron países vecinos para superar trabas de infraestructura


Al momento de abordar los “cuellos de botella” en infraestructura y logística, resulta interesante saber cóm o países vecinos, de desarrollo similar, pudieron resolverlos. Al respecto, DIARIO RIO NEGRO consultó a los investigadores Szenkman y Roitman sobre los casos de Chile, Brasil o Uruguay.
Los investigadores sostuvieron que “Cada uno deja una lección distinta y aplicable” en el país y la región. Lo s tres tienen algo en común, aseguran: “planeamiento público estable e indicativo, ejecución privada competitiva y remuneración regulada de largo plazo desacoplada del ciclo fiscal. Argentina tiene las piezas legales; le falta el plan recurrente y la credibilidad que da repetir el mismo juego muchas veces con reglas idénticas. Y hay elementos clave subyacentes son condiciones necesarias: la estabilidad macroeconómica y el acceso al crédito internacional”.

  • Chile. Tras sus crisis de suministro, separó la planificación de la transmisión (estatal, técnica, anual y vinculante) de la ejecución, que es privada y licitada, con las obras remuneradas mediante un cargo a la demanda. Es la dirección hacia la que apunta Argentina, pero con el componente de planeamiento permanente que acá todavía falta. Además, interconectó su norte y su centro, algo análogo a reforzar el vínculo de la Patagonia con el resto del sistema interconectado.
  • Brasil. Es el caso de referencia. Publica un plan decenal de planeamiento y licita las líneas en subastas competitivas donde gana quien ofrece la menor tarifa anual; el concesionario construye, opera y cobra un ingreso regulado por unos 30 años. Construyó miles de kilómetros con capital privado, a bajo costo y con previsibilidad. La mecánica argentina es casi idéntica; lo que Brasil tiene de más es el plan decenal y el historial de cientos de subastas que le dan credibilidad al modelo.
  • Uruguay. Llevó su matriz a cerca del 90 % renovable en una década con contratos de largo plazo licitados por una contraparte estatal creíble y reglas estables, sin subsidio fiscal directo. La lección no es tecnológica sino de método: reglas simples, contratos largos, una sola contraparte confiable.

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