Cuando el fútbol no alcanza, aparece el corazón: la Selección Argentina sigue viva en el Mundial y jugará una semifinal histórica ante Inglaterra
La Selección volvió a mostrar carácter en una noche con poco juego y mucha resistencia. Superó a Suiza por 3-1 y ahora afrontará un cruce con enorme carga simbólica frente a Inglaterra, 40 años después de la epopeya de México 1986.
Cómo explicar lo que hace, transmite, sufre y termina resolviendo esta Selección Argentina, que sigue ilusionando con el bicampeonato a pesar de jugar ante Suiza un partido discreto, sin ideas y con problemas que ya son recurrentes a esta altura del Mundial 2026.
El equipo nacional está en semifinales de la Copa del Mundo y como en un guiño del destino ahora le toca Inglaterra, a 40 años de la epopeya del Azteca, testigo de la Mano de Dios y del gol más extraordinario de la historia de los Mundiales, gentileza de Diego Maradona. Será un nuevo desafío para Lionel Messi, quien nunca enfrentó a Inglaterra, como si todavía le faltaran retos en su extraordinaria trayectoria de dos décadas junto a la Selección.
«Es muy difícil no sufrir para llegar a una semifinal del Mundial», expuso Lionel Scaloni después del partido y no falta a la verdad el entrenador. Quizás entonces debamos tomar el análisis sobre dos carriles bien diferenciados como para entender de qué manera Argentina pudo ganar, siendo tan deslucido su partido en el Arrowhead Stadium de Kansas.
La voluntad, el amor propio y la entrega son virtudes irrenunciables de este equipo visceral, que juega siempre con el corazón en la mano. Lo preocupante es que solo estas cualidades sean las portadoras de la ilusión de esta Selección y no su juego propiamente dicho, que fue el aspecto distintivo que lo consagró como el mejor del mundo hace tres años y medio.
Una vez más, la Selección le avisó al planeta fútbol que para dejarlo sin la Copa, el rival de turno deberá jugar el partido de su vida. Está claro que Suiza se quedó a mitad de camino, y no fue capaz de aprovechar las facilidades que le dio Argentina en varios pasajes del juego.

El mediocampo argentino conformado por Mac Allister, Enzo y De Paul, que prácticamente volaba en Qatar, hoy es lento, previsible y carente de sorpresa. Anoche, esa zona neurálgica del equipo terminó enamorándose de la idea de planchar el partido una vez que se puso en ventaja con el gol de Alexis a los 10′ de juego. El cuadro queda más expuesto aún si Messi no está lúcido y resolutivo como en los partidos anteriores, siendo ante Suiza la primera vez que el capitán no anota en este Mundial.
Esa supuesta virtud de que Argentina, al estar en ventaja manejaba el ritmo del partido y relentizaba las acciones, se derrumbó con el gol de Ndoye a los 67′. El empate parcial exponía la ya evidente falta de dinámica e iniciativa de la Selección. Pero por esas cosas del fútbol, poco después del 1-1 la tonta expulsión de Embolo, le devolvió el dominio del partido.
Entre lo que quedaba del tiempo reglamentario y el primer tiempo del alargue, la Argentina jugó 30′ con un hombre de más pero recién en los 15′ finales antes de ir a los penales, el equipo, que se refrescó con cambios que le hiceron bien, volvió a tener fluidez.
El golazo de Julián Álvarez terminó con la sequía del artillero argentino en el Mundial y encaminó la victoria que se terminó de consolidar con el tanto sobre el final de Lautaro Martínez. El 3-1 en números parece amplio, más aún si se tiene en cuenta que Argentina hasta el momento es el equipo más efectivo del Mundial con 17 goles. Pero la realidad es que el sufrimiento volvió a ser un aspecto distintivo de este equipo.
Argentina está entre los cuatro mejores y lo cierto es que no importa cómo fue. A esta altura del Mundial, la ilusión no entiende de merecimientos ni de rendimientos. Solo sabe de victorias y la Selección consiguió una de esas que se gritan con el alma. El equipo sufrió el partido, jugó por debajo de su nivel, le costó encontrar juego, atravesó largos pasajes de incertidumbre y convivió con la angustia durante gran parte de la noche. Pero este campeón tiene una cualidad que lo distingue: jamás se entrega.
No fue la mejor versión del equipo y está claro que le faltó claridad, precisión y fluidez. Sin embargo, volvió a mostrar ese carácter competitivo que lo convirtió en campeón del mundo y que le permite sobrevivir incluso en sus noches menos brillantes. El sueño sigue vivo y mientras la pelota siga rodando, nadie se anima a ponerle un límite a esta Selección.
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