Pax Silica: Argentina en medio de una puja geopolítica por la IA entre China y Estados Unidos
Argentina se suma a la apuesta de EE.UU. para competir con la Inteligencia Artificial (IA) china. Un debate que recién comienza sobre el desarrollo tecnológico en el país, el potencial argentino en las tierras raras, el uso y la disponibilidad de energía, y la conectividad del futuro.
Mientras la ventaja comparativa de Estados Unidos en la carrera por la inteligencia artificial (IA) frente a China tambalea, el gobierno de Javier Milei sumó a Argentina a Pax Silica, una iniciativa de la Casa Blanca para impulsar el despliegue de esta tecnología.
Al acuerdo ya adhirieron 23 países, además de Taiwán, como “participante no signatario”. Su objetivo estratégico es, en sus propios términos, construir una cadena de suministros y una gobernanza global que garantice el desarrollo de la IA bajo el liderazgo de Estados Unidos.
“Si el siglo XX se movió a base de petróleo y acero, el siglo XXI se mueve a base de la computación y los minerales que la alimentan. Esta declaración histórica marca el inicio de un nuevo consenso en materia de seguridad económica que garantiza que los socios alineados construyan el ecosistema de IA del mañana, desde la energía y los minerales críticos hasta la manufactura de alta gama y los modelos”, dijo en un comunicado Jacob Helberg, subsecretario de Estado de Estados Unidos para Asuntos Económicos y artífice de Pax Silica.
Según define formalmente los Estados Unidos, Pax Silica es «un nuevo consenso en materia de seguridad económica que garantiza que los socios alineados construyan el ecosistema de IA del mañana, desde la energía y los minerales críticos hasta la manufactura de alta gama y los modelos». Allí acaba de ingresar Argentina.
¿Qué significa este acuerdo exactamente? ¿Qué rol podría tener para Argentina en el “ecosistema de IA del mañana”?
El contexto
A principios del año pasado, DeepSeek, una empresa china que desarrolla soluciones de IA, sorprendió a los mercados con un modelo económico y potente que pudo – con mucha menos inversión – competirle a las compañías norteamericanas OpenAI y Anthropic, que pusieron miles de millones en desarrollo.
“El momento DeepSeek”, como fue nombrado por los medios, parecía demostrar que la primacía de Estados Unidos en la materia podría no ser eterna. Y en junio de este año, la startup Z.ai, con sede en Beijing, lanzó un potente modelo llamado GLM-5.2, que tiene a Silicon Valley en vilo por sus capacidades de programación y de “agente” – o sea, la capacidad de ejecutar tareas complejas con un mínimo de indicaciones – que casi rivalizan con las principales ofertas estadounidenses a una fracción del costo. Estamos, quizás, en otro momento DeepSeek.
Es por ello que el gobierno de Donald Trump apuesta a un rol más activo en el desarrollo de esta tecnología. El martes pasado, la Casa Blanca levantó restricciones sobre los modelos Fable y Mythos de Anthropic, a los que consideraba muy peligrosos. Y esta semana, la principal competidora de Anthropic, OpenAI – creadora de ChatGPT–, propuso darle al gobierno un 5% de las acciones en la compañía y “limpiar los obstáculos políticos” de acuerdo al Financial Times.
Además de minerales, energía y capacidad de procesamiento, la IA de los tecnomagnates estadounidenses, necesita desregulación y más data centers.
Es que, además de minerales, energía y la capacidad de procesamiento, la IA concebida por los tecnomagnates estadounidenses, necesita que se sostenga la desregulación y construir más data centers, que generan reacciones cada vez más negativas en suelo norteamericano.
Para Patricio Giusto, director del Observatorio Chino-Argentino, China lidera la carrera de la IA y cuenta, además, con minerales críticos, cruciales para la fabricación de microchips. Según Giusto, con Pax Silica, “Estados Unidos busca promover el ‘friend shoring’: buscar alianzas con amigos para consolidar una autosuficiencia alternativa a China, que es el mayor poseedor y el mayor procesador de minerales críticos: casi el 70% a nivel mundial”.
Dato
- GLM-5.2
- El último modelo de IA generativa lanzado en Beijing, que tiene en vilo a Silicon Valley.
La estrategia china en cambio, no es la expansión. “China no está buscando alianzas porque es autosuficiente en toda la cadena”, dijo Martín Schapiro, analista de política internacional y coconductor de Un Mundo de Sensaciones, programa radial que se emite por Futurock. Para Estados Unidos, en cambio, “esos minerales son fundamentales para tecnologías críticas para la seguridad nacional estadounidense”, dijo Schapiro.
Para Marcelo Elizondo, analista internacional y presidente del comité argentino de la International Chamber of Commerce (ICC), la principal razón para crear Pax Silica no e la amenaza china. “Estados Unidos sigue siendo el dominador de la industria de la IA: el 40% de las empresas del sector del mundo están en ese país, que tiene gigantes como Anthropic, OpenAI y Google, y una vocación de avanzar en la materia” afirmó.
El rol de la Argentina
Aunque los detalles del acuerdo no se conocen, los objetivos generales del acuerdo son públicos. “La Argentina busca ser un socio clave en el suministro de minerales críticos: tiene litio, cobre y energía más allá de los minerales: pueden ser insumos muy relevantes para el desarrollo de la infraestructura y el hardware de la inteligencia artificial”, dijo Elizondo.

Para el analista, hay que leer la firma de Pax Silica en el marco de alianza general entre el gobierno de Milei y el de Trump. “Acá hubo un swap de la Secretaría del Tesoro, un acuerdo comercial, una alianza estratégica en materia de defensa. Ahora viene esta alianza estratégica y tecnológica”, resumió.
Según Elizondo, el acuerdo puede ser beneficioso para la Argentina. “Estamos hablando de posibles inversiones de empresas de Estados Unidos, pero pueden ser de otros países, para el abastecimiento de la cadena de la IA”, agregó. “El objetivo del Súper RIGI también es ese: alentar inversiones, ingreso de dólares en una industria nueva en la cual no hay tantos actores a nivel internacional”, agregó.
Tierras raras y energía son dos elementos esenciales en la cadena de valor de la IA, que Argentina está en condiciones de ofrecer de forma competitiva.
Para Schapiro, la firma del acuerdo, y la estrategia tras él, encierran riesgos. “El mayor es entrar en la lógica del enfrentamiento entre Estados Unidos y China sin que los intereses de Argentina estén representados allí”, afirmó. Aunque Estados Unidos, afirma, busca proveedores seguros en su cadena de suministro y Argentina busca atraer inversiones, no está claro que el Estado estadounidense esté financiando agresivamente estas inversiones en terceros países.
“Creo que el gobierno tiene la aspiración de que empresas extranjeras hagan cosas en Argentina. Una evidente son los centros de datos”, afirmó Schapiro. Para el analista, sin embargo, esto no significa que Argentina vaya a desarrollar los llamados “modelos de frontera”. “Son muy pocos los países que pueden estar en la frontera tecnológica. Es muy difícil pensar que Argentina vaya a tener un desarrollo parecido al de OpenAI, Anthropic o DeepSeek”, agregó.
Irina Sternik, periodista y autora del libro Inteligencia Artificial, el futuro llegó hace rato (AZ Editora), enmarcó la firma de Pax Silica con proyectos, medidas y alianzas que se firmaron en estos últimos meses. “Pareciera ser que el lugar de Argentina es el de socio estratégico dentro de la cadena de valor de la IA”, afirmó.
«La lectura política de Pax Silica es que Argentina intenta insertarse como hub de recursos e infraestructura para la nueva economía digital, pero el riesgo es quedar más como proveedor de insumos y territorio que como capturador de valor tecnológico propio».
Irina Sternik, periodista y autora del libro «Inteligencia Artificial, el futuro llegó hace rato».
El objetivo, agregó, es que Estados Unidos reduzca su dependencia de China y ordene “una red de proveedores alineados con Washington”. “Pax Silica no apunta a ‘desarrollar IA’ en Argentina como a asegurar la base material que la hace posible: litio, tierras raras, energía, conectividad y eventualmente data centers o capacidad logística vinculada a esas inversiones”, dijo Sternik.
“La lectura política es que Argentina intenta insertarse como hub de recursos e infraestructura para la nueva economía digital, pero el riesgo es quedar más como proveedor de insumos y territorio que como capturador de valor tecnológico propio. De trabajo propio, ni hablar”, concluyó la periodista.
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