El fiscal pidió 38 años de prisión para Laila Díaz
Los defensores plantearon la inimputabilidad.
Miguel Gambera
CIPOLLETTI (AC).- “¿Soy una asesina? Sí lo soy, pero fue sin querer”. Esas fueron las últimas palabras de Laila Díaz ayer, sobre el final del juicio. En los alegatos el fiscal la acusó por ocho delitos y reclamó 38 años de prisión. El querellante por los padres de Carla Milla, la víctima, pidió 33 años y el representante de la clínica solicitó 5 años solo por los hechos que afectaron el patrimonio del sanatorio. Los defensores plantearon un caso de inimputabilidad y peticionaron la internación de la acusada y en subsidio una condena que represente “la idea de justicia y no de venganza”. (Ver recuadro)
La de ayer fue una jornada muy extensa que, además de los alegatos, contó con varias intervenciones de la procesada, de un médico del hospital Castro Rendón y de los padres de Carla: Juan Carlos Milla y Beatriz Fatorell.
Beatriz manifestó: “Puedo aceptar que me pida perdón y que se haya equivocado, pero hay que pensar las cosas antes de hacerlas. Su mamá tenía una edad avanzada y mi hija, 24 años. Con sueños, proyectos, quería una casa y tener hijos. Hoy ya no tengo su vida, no puede abrazarme ni besarme”. Juan Carlos fue más acotado y sólo pidió “una justicia ejemplar”, porque “acá no se discute la enfermedad de su madre sino la muerte de mi hija”.
En sus últimas palabras Laila reconoció que hizo “una locura. Agregué más dolor al dolor de más personas, pero los jueces tienen que entender que no estaba completamente lúcida, había tomado los tranquilizantes que le daban a mi mamá. Fue lo peor que me pudo haber pasado”, dijo en referencia al episodio.
Mucho antes, cuando culminaron las declaraciones testimoniales, Laila amplió su indagatoria y aseguró que tenía furia pero no intención de matar. Reconoció que le apuntó al enfermero Carlos Méndez pero dijo que le tiró a la escalera para asustarlo. “A mi hija también la asustaste”, le recriminó Juan Carlos Milla. “La maté sin querer”, respondió la imputada. Insistió con que su objetivo era el médico Walter Núñez, a quien ella responsabiliza por la supuesta mala praxis de su madre Elena Sigri, de 81 años, que había estado internada en la Clínica Radiológica del Sur de Cipolletti. Tiempo después Sigri murió en el hospital Castro Rendón de Neuquén.
Ante las consultas, Laila sostuvo que el tiro que alcanzó a la laboratorista Carla Milla fue producto de un rebote. La pericia balística demuestra que la bala tuvo una trayectoria lineal.
En los alegatos, el abogado Agustín Aguilar, patrocinante de los padres de Carla, argumentó que el ataque de la imputada fue voraz, que mintió y engañó y comenzó una casería. “Nada le importó, hubo un desprecio total por la vida, quería cometer una masacre y hubo un plan elaborado para vengarse de la Fundación Médica”, afirmó. Reclamó por el “homicidio agravado por el uso de arma” 33 años de prisión.
El otro querellante, Guillermo Moyano, que representa los intereses de la clínica, acusó por la violación de domicilio, por daño reiterado (fueron 12 hechos por los disparos a los vidrios, puertas, paredes y demás objetos), por abuso de armas y portación de arma de fuego de uso civil. Por todos esos delitos reclamó 5 años de prisión.
El fiscal de cámara Gustavo Herrera solicitó 38 años de prisión. Acusó a Laila por violación de domicilio (ingresó a la sala de internación por la fuerza), por la amenaza con arma en perjuicio de la enfermera Eugenia Toppi (que intentó prohibirle la permanencia), por los 12 daños en las paredes y puertas, por la portación del arma de fuego sin la debida autorización, por dos abusos de arma (en perjuicio del enfermero Méndez y de los médicos Andrés Otero y Fernando Barbosa que se encerraron en el quirófano), por el homicidio de Carla Milla y por la coacción al médico Núñez.
CIPOLLETTI