El folclore patagónico viaja a Estados Unidos
Los músicos Claudio Chehébar y Eduardo Paillacan ajustan el repertorio e instrumentos para su presentación en el Montana Folk Festival entre el 10 y 12 de este mes en Butte (Estados Unidos).
ESPECTÁCULOS
Por Teresita Méndez
teremendez@live.com.ar
Merced al programa de intercambio Compañeros de las Américas, los músicos Claudio Chehébar y Eduardo Paillacan participarán durante los primeros días de este mes del Montana Folk Festival en Butte (Estados Unidos). Únicos argentinos invitados, ofrecerán un repertorio integrado por piezas instrumentales andinas y páginas del repertorio patagónico tradicional.
Viaje previsto para el martes próximo apura los ensayos que comenzaron a intensificarse hace dos meses para llevar al escenario norteamericano “un ramillete de canciones lo más representativo posible de nuestra cultura”, señala Paillacan. Cantautor nacido en Esquel, es allí donde surge el quehacer que cultiva desde niño en el seno de una “familia guitarrera. Hace treinta años que vivo exclusivamente de la música, como aporte al canto regional de la Patagonia que es muy rico.
“Por más que el anonimato nos anula, seguimos encontrándonos. Hace poco en San Martín de Los Andes hubo una reunión organizada por Nación, Generación XXI, de la que participaron varios referentes, compositores patagónicos jóvenes y no tanto que estamos en el camino del canto de las distintas regiones”, señala.
Originalmente la invitación a Montana incluía a Manuel Montecinos, fallecido en febrero de este año. “Cuando ocurrió lo que los barilochenses saben, pensé en Eduardo como la persona con quien podía ir. Para mí, uno de los mejores cantautores de la Patagonia”, considera Chehébar.
Montana Folk Festival “dura tres días, incluye números folklóricos de norteamérica y distintas partes del mundo. Del intercambio entre Montana y Patagonia mediante el programa Compañeros de las Américas han participado varios biólogos y artistas como Nadia Guthmann”, informa.
A la par de su desempeño como biólogo en la Delegación Técnica Regional Patagonia de Parques Nacionales, Chehébar integró durante más de dos décadas uno de los dúos más reconocidos de la región junto al músico Roberto Navarro.
Invitados por Rick Douglass, los representantes del país en el festival de Montana tienen previstas presentaciones de entre cuarenta y cinco minutos y una hora durante cada uno de los tres días (del viernes 10 al domingo 12 de este mes). “Después nos quedamos una semana más porque este programa incluye encuentros en otros lugares”, anticipan.
El repertorio integrará piezas instrumentales andinas del norte, registros patagónicos, composiciones de Paillacan y “por ahí algún tango instrumental. También va a haber solos de guitarra, trataremos de aprovechar el espacio para mostrar el patrimonio musical del país y la Patagonia. Como hasta ahora no habíamos trabajado como dúo, cuando volvamos tendremos que presentarlo acá”.
El contacto a través de la música y la amistad cultivada durante unos veinte años fue generando “un vínculo de ida y vuelta en esto que es el canto, la música popular latinoamericana. Hemos compartido muchos escenarios, encuentros y discos también con Roberto Navarro. Quiero nombrarlo porque vivimos cosas muy hermosas.
“Cuando ocurrió la desgracia de que se nos fue Manuelito, como a la semana llega la confirmación de participación en este festival y Claudio me pidió opinión. Le dije que tenía que ir y si hacía falta lo acompañaba. Ahí nació la idea de empezar a armar nuestro viaje. Fue modificándose en el camino porque iba a reemplazar, entre comillas, la guitarra y después pasé a formar parte de la propuesta con canciones patagónicas”.
Como fue bien recibida, continúa describiendo Eduardo, “emprendimos la marcha hace dos meses atrás y ya estamos próximos a llevar nuestra música, incluidos algunos aires de loncomeo, a través de vientos y guitarra. Los aerófonos a cargo de Claudio, uno de los mejores vientistas del país”, aprecia Paillacan.
En su caso el acercamiento a la música, a la guitarra, fue “natural. Tengo memoria de muy niño, a los tres, cinco años tocaba la guitarra, a los siete afinaba, todo autodidacta. No tengo formación ni de taller, simplemente oído, vista, acompañamiento y vivencias en los fogones con los tíos y abuelos en el campo, en la nieve, en los puestos de trabajo. Mi familia es leñatera del monte y durante los descansos tocaba milongas de (José) Larralde para que mis tíos cantaran. No tengo otra vida, fue distinta y la música me acompañó”.
Enriquecido, “siempre que lo necesito vuelvo a esas imágenes y vivencias porque uno acude a la niñez para fortalecer este camino. Son muy fuertes para mí, permanecen en el alma y la fecundan como guitarrero. Las llevo marcadas a fuego, a fogón, a campo”, describe.
El recuerdo de los amigos será compañía durante las interpretaciones en el escenario lejano. “Es un sabor dulce y amargo, tristeza porque Roberto y Manuel ya no están pero con la gratificación de la continuidad y el vínculo que persiste”, expresa Chehébar.
Es como una red, agrega Paillacan. “Es el camino. Nos encontramos en el arte, en la música, en la expresión genuina. Más allá de las ausencias, es para siempre”.
DeBariloche