El hábito del médico Facundo Pereyra para cuidar el cerebro y el estado de ánimo que no pasa por la alimentación: «20 minutos por día»
La evidencia científica respalda una práctica simple que este médico incorporó a su rutina diaria para cuidar el cerebro y la salud mental.
Cada vez más investigaciones destacan los beneficios de un hábito accesible que puede favorecer el bienestar psicológico y cognitivo.
No hace falta un gimnasio, equipamiento especial ni entrenamientos extenuantes. A veces, una práctica simple y cotidiana puede generar beneficios que la ciencia recién comienza a comprender en toda su dimensión.
El médico Facundo Pereyra compartió recientemente en sus redes sociales un hábito que forma parte de su rutina diaria y que, según explicó, está respaldado por la evidencia científica: bailar durante 20 minutos al día.

«Soy médico. Y bailo 20 minutos todos los días. No lo hago por hobby. Lo hago porque la ciencia me convenció», escribió en una publicación que rápidamente despertó interés entre miles de seguidores.
La afirmación no surge solamente de una experiencia personal. En los últimos años, distintos estudios internacionales analizaron el impacto de la danza sobre la salud física, emocional y cognitiva, con resultados que llaman la atención de especialistas de todo el mundo.
Qué dice la ciencia sobre bailar y la salud mental
Uno de los trabajos más importantes fue publicado en 2024 en la revista científica The BMJ. Se trató de una revisión sistemática y metaanálisis que reunió 218 ensayos clínicos y más de 14.000 participantes con depresión. Los investigadores concluyeron que el ejercicio físico es una herramienta eficaz para reducir los síntomas depresivos y destacaron modalidades como caminar, correr, yoga, entrenamiento de fuerza y danza entre las que mostraron mejores resultados.
Los autores señalaron que la actividad física puede considerarse una alternativa o un complemento a los tratamientos tradicionales para la depresión, junto con la psicoterapia y la medicación.
Por otra parte, una revisión sistemática publicada en la revista Sports Medicine analizó 27 estudios realizados en distintas etapas de la vida y concluyó que la danza estructurada practicada durante al menos seis semanas puede mejorar significativamente la salud psicológica y cognitiva.

Los investigadores encontraron que bailar fue tan efectivo como otras formas de ejercicio para mejorar la calidad de vida, reducir la ansiedad y disminuir síntomas depresivos. Además, observaron ventajas potenciales en aspectos como la motivación, la cognición social y algunos tipos de memoria.
Por qué bailar podría tener un efecto especial
A diferencia de otras actividades físicas, la danza combina varios elementos que resultan beneficiosos para el cerebro.
Según los autores de la revisión de Sports Medicine, bailar implica aprender secuencias de movimientos, coordinar el cuerpo con la música, ejercitar la memoria, mantener la atención y, muchas veces, interactuar con otras personas. Todo eso genera una estimulación simultánea tanto física como mental.
Además, la danza suele estar asociada al disfrute, un factor clave para sostener un hábito en el tiempo. Los investigadores destacaron que las tasas de adherencia a los programas de baile suelen ser más altas que las observadas en otros tipos de ejercicio.
Un hábito simple al alcance de cualquiera
Facundo Pereyra asegura que no necesita condiciones especiales para cumplir con este hábito.
«Bailo en casa. Sin zapatillas especiales. Sin música perfecta. Solo 20 minutos que le cambian la química a mi cerebro y a mi cuerpo», escribió.
La evidencia científica coincide en que no es necesario convertirse en bailarín profesional para obtener beneficios. Lo importante es moverse, disfrutar la actividad y sostenerla en el tiempo.
En un contexto donde la depresión, la ansiedad y el estrés afectan cada vez a más personas, una práctica tan sencilla como poner música y bailar durante unos minutos podría convertirse en una herramienta accesible para mejorar el bienestar físico y emocional.
Y aunque los especialistas recuerdan que ninguna actividad reemplaza la consulta profesional cuando existe un problema de salud mental, cada vez más investigaciones muestran que pequeños hábitos diarios pueden marcar una diferencia importante.
No hace falta un gimnasio, equipamiento especial ni entrenamientos extenuantes. A veces, una práctica simple y cotidiana puede generar beneficios que la ciencia recién comienza a comprender en toda su dimensión.
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora
Comentarios