Familiares desesperados permanecieron en vilo

El episodio generó un enorme temor en una sociedad jaqueada por el crimen de Claudio Araya.

Por Redacción

CIPOLLETTI (AC).- La espera resultó angustiosa. No sólo del personal que había sido evacuado y quería noticias de sus compañeros que estaban de rehenes sino también de los familiares de los pacientes internados. Los minutos pasaban y, salvo la escasa información que podían aportar los que iban saliendo, nada se sabía del estado de salud de los que estaban aislados en el área de Terapia Intermedia. La sensación de inseguridad se trasladó a esa esquina porque lo que reinaba era la confusión entre personas aún shoqueadas por el crimen de Claudio Araya, a manos de un preso con salidas transitorias. “Tiraba y tiraba. Las enfermeras corrían, se caían. Yo le desaté la pierna a otro paciente para que también se pudiera tirar al piso”, relató conmocionado un hombre que era atendido a metros de donde la travesti Héctor Ruiz, disparaba con un revólver calibre 32. “Mi mamá pedía que cerraran la puerta porque no se podía mover. Está operada del corazón. Los que podían se tapaban con las frazadas de las camas y salían”, contó uno de los familiares que después de la espera pudo hablar con su madre. La paciente está internada en Terapia Intermedia y, según su hijo, vio cuando Ruiz ingresó al sector en una silla de ruedas (que a veces usaba porque tenía algún problema en las piernas) y comenzó a pedir a gritos y a los tiros la presencia del médico Walter Nuñez. El profesional fue acusado por la agresora de haber atendido mal a su madre que actualmente está internada en Neuquén, en grave estado. Bronca contenida Preocupación y temor fueron las palabras que más se escucharon afuera. La gente que estaba esperando liberó toda la tensión cuando vio que la Policía subía esposado a Ruiz adentro del patrullero. Atravesó las casi inocuas fajas de seguridad y corrió hacia el móvil que salió raudamente con Ruiz en su interior. “Por qué lo protegen”, gritaban algunos mientras otros efectivos intentaban calmarlos, sin demasiada experiencia en este tipo de circunstancias. Poco después que salieron los directivos de la clínica, encabezados por Juan Carlos Schroeder, hijo del director del centro de salud, y anunciaron que todos los pacientes se encontraban bien, dentro de la situación que habían vivido, la situación se fue tranquilizando. Hubo algunos intercambios de palabras con policías que cometieron el desatino de tratar de contener a la gente con armas largas en sus manos.

Laura Frank