Juicio a Laila Díaz puso a prueba la ley de Género

La acusada por el crimen de Carla Milla dijo no haber sentido discriminación por ser trans. Sin embargo, aun contra las órdenes judiciales, varios testigos la referenciaron como varón.

Por Redacción

Río Negro

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CIPOLLETTI (AC).- El caso de Laila Díaz, acusada por el crimen que ocurrió en una clínica de Cipolletti en el 2013, fue el primer juicio penal en el que se aplicó la ley nacional de Identidad de Género, promulgada en mayo de 2012. En la última audiencia del debate, el presidente del tribunal le consultó a la acusada si se había sentido “discriminada” y ella respondió que no. La familia de Carla Milla, víctima del asesinato, también respetó la elección de género de la imputada y en ningún momento utilizó esa circunstancia para menospreciarla. Donde sí se advirtieron dificultades para aceptar la identidad autopercibida por Laila Díaz fue en la declaración de algunos testigos, quienes a veces, con insistencia, la trataron como varón. También se pudo percibir esta situación en algunos de los informes periciales, lo que dejó en evidencia que aún queda un largo camino por recorrer para que la sociedad en su conjunto respete las elecciones individuales relacionadas con el género. Hubo un momento, en la declaración de uno de los peritos, que Díaz le preguntó si tenía algún prejuicio con las personas homosexuales. El profesional le respondió que no, que su análisis era “estrictamente médico”. Apenas se le inició el proceso penal, el juez de instrucción Santiago Márquez Gauna aplicó la ley de Identidad de Género y obligó a las partes (y también a los medios de comunicación) a otorgarle un “trato digno” y respetar el uso de “un nombre de pila distinto al consignado en su documento (…) tanto en los ámbitos públicos como privados”. También, al inicio del juicio, el camarista Pablo Repetto reiteró los alcances de la legislación y le pidió a los testigos que se refirieran a la imputada de acuerdo a su identidad autopercibida. El debate culminó el viernes en la Cámara Criminal Segunda de Cipolletti y las partes exigieron condenas de hasta 38 años de prisión por el asesinato de Carla Milla y los daños en la clínica. Los defensores públicos plantearon un caso de inimputabilidad y solicitaron medidas de seguridad (concretamente que Laila Díaz sea internada en un psiquiátrico). Como segunda opción peticionaron que se aplique “la idea de justicia y no de venganza”. Carla Milla, una joven técnica en laboratorio que trabajaba en la Clínica Radiológica del Sur, quedó en medio de la balacera que desató Díaz en la mañana del 23 de marzo de 2013. Surgió en el juicio que la imputada estaba “furiosa” por el mal estado de salud en el que se encontraba su madre Elena Sigri, de 81 años. La anciana estuvo 60 días internada en la clínica de Mengelle e Yrigoyen de Cipolletti y después el médico Walter Núñez consideró que tenía que seguir un tratamiento domiciliario. El día siguiente al que le dieran el alta, la paciente tuvo que ser nuevamente internada en el hospital Castro Rendón de Neuquén. Los profesionales le dijeron a Díaz que su madre tenía “un grado de conciencia mínima” a raíz de una falla generalizada en todos sus órganos. En ese contexto, Laila guardó en su cartera un revólver calibre 32 y tomó un taxi a la clínica de Cipolletti. Subió al sector de internación y exigió hablar con el doctor Núñez. Quería matarlo y después suicidarse, según relató. Cuando una de las enfermeras intentó retirarla de ese sector del centro médico ella abrió fuego. Efectuó 27 disparos y, además de provocar numerosos daños en la instalaciones, asesinó por la espalda a Carla Milla, que tenía 24 años y apareció tirada detrás de una mesada. Díaz tiene 51 años y en ese momento se movilizaba en silla de ruedas. Ahora utiliza un bastón. A los 25 años decidió cambiar su identidad y mostrarse como mujer. Tiempo después comenzó a prostituirse. En su adolescencia su padre la inscribió en la Fuerza Área de Mendoza con la idea de reforzar su masculinidad. Sin embargo duró sólo seis meses hasta que la expulsaron. Ese año estuvo dos veces internada en un hospital psiquiátrico y también registró intentos de suicidio. Una de las peritos dijo que, además de haber sufrido un “trastorno intermitente explosivo” al momento del hecho, es pirómana. Durante el cambio de identidad, un enfermero le colocó, clandestinamente, silicona en los muslos y esa práctica redujo su movilidad. Además sufre de enfermedad pulmonar. Cuando su madre debió ser internada, Díaz estaba deprimida y hacía dos años que no salía de su casa en Neuquén. Los psicólogos dijeron que tenía una dependencia “muy fuerte” con la mamá.


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