La Defensoría del Pueblo de Viedma está sobrepasada de casos
Empeño, vocación, polifuncionalidad y, a veces, excediendo los límites de competencia, componen los fragmentos del mosaico que le pone el cuerpo a la Defensoría del Pueblo viedmense. Es que la burocracia de los Estados municipal, provincial o nacional fallan a la hora de solucionar necesidades que demandan los ciudadanos.
Hoy, precisamente ese órgano de control cumple un año de funcionamiento con Nora Cader al frente. A la defensora se la llama la funcionaria “nómade” en virtud de que deambuló por oficinas municipales, y atendió por bastante tiempo en la Mutual Mepuc merced a la solidaridad de sus dirigentes, antes de conseguir que la comuna capitalina le alquile dependencias propias en Garrone 121.
En ese primer período lleva administrados un millar de expedientes, entre reclamos, gestiones y pedidos de asesoramiento.
Sobresalen solicitudes de ayuda económica y de empleo –a razón de cinco por día-, y de soluciones a los problemas de desbordes cloacales en barrios construidos por la Provincia, del Instituto Provincial del Seguro de Salud (Ipross), de defensa del consumidor o con las concesionarias de servicios públicos.
Por caso, para los reclamos ante la distribuidora Camuzzi Gas del Sur, las profesionales de la Defensoría diseñaron una nota “tipo” a fin de aliviar la carga a la persona afectada que a veces, no razona una explicación o no se hace entender al momento de un exigir una contestación.
En menor medida, esta institución tuvo que atender quejas sobre la contaminación del río, situaciones de discapacidad y relacionadas con el alto valor por el pago de infracciones.
Cader admite que muchas veces las intervenciones pasan los límites de competencia, sin embargo aduce que “nosotros no le podemos decir a la gente que no es mi área” porque en definitiva se trata de buscarle soluciones a un inconveniente que “sufre un vecino de nuestra comunidad”.
Insiste en que a pesar de que existen muchas instituciones “estamos fallando en la comunicación”, y además la gente necesita acompañamiento para ser escuchada sobre todo “cuando hay una vulneración de derechos”.
A veces, ha tenido que apelar a recursos propios cuando hay urgencias alimenticias en el medio, y algunos organismos piden tiempo ya que hay que armar un expediente y pasarlo por un circuito administrativo antes de que llegue la ayuda.
Puso como ejemplo que tras la presentación realizada por un vecino hipoacúsico de la cual se realizaron distintas gestiones tuvo que solicitar la colaboración de una maestra especializada para establecer un canal de comunicación mediante el lenguaje de señas. Finalmente, Cader terminó organizando un curso de aproximación a la cultura sorda e iniciación de señas.
Un mes atrás y ante la inacción de las áreas provinciales, la Defensoría se hizo presente en el barrio Ceferino de propiedad horizontal, construido por el IPPV. Ante la falta de respuestas de la Provincia logró la refacción de un ducto cloacal. Afectaba al departamento de una mujer postrada en su cama durante la mayor parte del día por razones de salud, y que hacía tiempo sufría el ingreso de materia fecal al interior.
Como consecuencia de diversas presentaciones sobre casos del “Cuento del tío” lanzó una campaña para advertir a la población en general que tome los recaudos pertinentes, haga la denuncia y no brinde ningún tipo de información personal, en caso de recibir llamados telefónicos de dudosa procedencia aun cuando se presenten en forma amable y familiar.