Las reuniones sociales disparan los contagios de coronavirus en Bariloche

El virus encuentra en asados, cumpleaños y celebraciones el ámbito ideal para replicarse. Esa es la explicación sanitaria al crecimiento exponencial de los casos en una ciudad que pasa el invierno puertas adentro. Ayer detectaron 110 nuevos positivos.





En el hospital Ramón Carrillo se concentra la atención de personas con coronavirus y se realizan los hisopados. Foto: Archivo

En el hospital Ramón Carrillo se concentra la atención de personas con coronavirus y se realizan los hisopados. Foto: Archivo

La evolución de la pandemia de covid-19 registró un vuelco alarmante en Bariloche desde la última semana de julio, con una aceleración de contagios que se miden de a cientos por día.

Anoche, la secretaria de Políticas Públicas de Salud de la provincia, Mercedes Ibero, informó que confirmaron 110 nuevos casos positivos en  Bariloche, pero solo alcanzaron a cargar 32 a la plataforma oficial de Nación.  Por eso, los 78 restantes se incluirán hoy. Dijo que hubo ayer 30 altas en esta ciudad, que hasta anoche tenía 456 personas contagiadas.   

“Mucha preocupación” son las palabras que –en el afán de no generar mayor alarma– eligen los médicos, los técnicos y el personal hospitalario para describir las sensaciones que reinan hoy en el centro de salud y en los hoteles que albergan a centenares de personas aisladas. Anoche, Ibero comunicó que había 1.050 personas aisladas preventivamente, que son contactos estrechos de casos positivos.

El número de pacientes “activos” de covid-19 en Bariloche se triplicó en solo siete días. Su progresión nada tiene que ver con el ritmo moderado de los cuatro meses anteriores.

La principal causa de la aceleración, dicen los especialistas y también los funcionarios municipales, son las reuniones sociales a puertas cerradas. La prohibición impuesta a nivel nacional y la difusión de los últimos indicadores deberían imponer nuevas pautas de cuidado, esperan los responsables del sistema de salud, ya que de otro modo será cosa de poco tiempo empezar a “contar muertos” en cantidades no imaginadas.

Los operadores de salud aseguraron que “no hay conciencia suficiente” sobre el riesgo de los contactos interpersonales. Y las entrevistas con las personas contagiadas revelan que todavía es mucha la gente convencida de que nada le va a pasar, y que en el caso de contraer la enfermedad no correrá riesgo de vida.

Las últimas medidas restrictivas buscaron acortar la circulación callejera en horario nocturno y los domingos. Las prohibiciones en esos casos son más fáciles de controlar y sancionar, pero no ocurre lo mismo con los encuentros sociales en viviendas particulares.

El director del hospital Ramón Carrillo, Leonardo Gil, dijo que el miedo en la sociedad está, pero tal vez no sea suficiente. Un pequeño sacudón provocó su afirmación del martes según la cual existirían en Bariloche no menos de 15.000 personas contagiadas de covid, de lo que no hay registro fehaciente simplemente porque no se los testea.

Gil señaló que “lo que deben entender es que cuando se reúne mucha gente es imposible saber si el que está enfrente tiene el virus o está incubando. Las reuniones sociales no son una persona o dos, sino que exponencialmente todos los que están alrededor están expuestos. Y es algo que complica la salud de toda la comunidad”.

Explicó que de un caso positivo que tuvo vida social activa se desprenden “muchos contactos estrechos que posiblemente sean nuevos positivos. No es cuestión de decir ‘si te juntás cuidate’. No hay que juntarse en este momento, lamentablemente es así”.

Gil dijo que el aislamiento es la medida preventiva excluyente, “Para frenarlo es así –afirmó–. No hay otra forma, si no no se para”.

El hospital no tuvo problema con las camas de terapia intensiva y los respiradores, pero sí existe por momentos una saturación en la guardia. Y aunque la infraestructura alcance, también juega el cansancio y el desgaste del personal. Los propios trabajadores hospitalarios están muy expuestos y los contagios de covid obligan todo el tiempo a recomponer equipos.

Para Gil “sin dudas esto va a seguir así hasta que haya vacuna o un tratamiento efectivo”. “El problema son las reuniones que duran varias horas, entre amigos, en lugares poco ventilados. Es lo que estamos viendo que pasa –refirió–. Esperemos que para Navidad y Fin de Año la realidad sea otra y podamos pasarlo en familia”.


El Ejército controlará a los aislados


El aislamiento de los que en principio fueron identificados como casos “sospechosos”, así como los “contactos estrechos” de pacientes con coronavirus, se cumple desde hace varios meses en cuatro hoteles, que sólo aportan la infraestructura, ya que el personal debe ser garantizado por Salud, que ya no tiene capacidad para ampliar ese servicio.

Tampoco son suficientes los voluntarios “llamadores”, encargados de mantener comunicación continua con los pacientes.

Por eso la decisión, ante el crecimiento geométrico de los casos, fue enviar a los “contactos” a cumplir aislamiento en sus domicilios. El seguimiento estará a cargo del Ejército, con visitas de control caso por caso.

Otra de las medidas en estudio es difundir un mapa, que sin violar la confidencialidad, describa la distribución geográfica del coronavirus. Los técnicos aseguran que eso bastaría para demostrar que no hay una zona o una clase social más propensa al descuido, la reunión y los contagios masivos.


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