Los temibles personajes del folklore terrorífico en la Patagonia

El escritor Jorge Castañeda, oriundo de Valcheta, repasa algunas de las míticas figuras del terror que aparecieron en los relatos boca a boca en la región. Desde el Trelquehuecuve hasta el Chonchón, un vistazo por esta extensa fauna.

El diabólico Chonchón, los anchimallenes que se llevaron a don Antinao, el cuero uñudo. El investigador Félix Coluccio, respecto a la fauna del terror en nuestro folklore, escribió que “cada uno de estos míticos seres aparece arteramente en los poblados y en los caminos, en lo espeso del monte y de los ríos, en los lagos y lagunas, en el mar y en la selva, en las calles desoladas y en los cementerios”.


“Estos engendros demoníacos –prosigue Coluccio- son crueles, sanguinarios, no retroceden ante nada ni nadie y son ciegos en su furia. Todos ellos integran la legión de criaturas creadas por la superstición popular y presentan individualmente una fuerza tan poderosa y maligna que el hombre no puede vencer”.

La región patagónica es prolífica en estas leyendas infernales, desde el mismísimo Gualicho, pasando por la temible piedra rodadora de la meseta o el feroz cuero del agua, fenómenos estudiados y cuyos relatos amedrentan las “contadas” en los fogones.

El Trelquehuecuve, “es un fabuloso monstruo concebido como un pulpo cuyos brazos rematan en afiladas uñas y vive en las aguas de ríos y lagunas acechando a sus víctimas, animales y humanos, a quienes envuelve en un abrazo letal”. En la región sur de Río Negro se lo conoce como “el cuero uñudo”.

Sobre el Camahueto, dice Vidal Gormaz: “Los supersticiosos, que son algunos, hablaban impresionados de éste animal, que se come a la gente y tiene el singular poder de variar el tiempo a su antojo y de hacer llover o tronar como mejor le cuadre, para intimidar a los osados que intentan llegar al lugar de su reposo”.


Según Vicuña Cifuentes “el Chonchón es un animal mítico que tiene la figura de una cabeza humana: las orejas, extremadamente grandes le sirven de alas para volar en las noches oscuras”.

Don Elías Chucair, prestigioso escritor rionegrino, supo rescatar en sus libros muchos sucedidos con estos seres míticos y temidos. Uno de sus relatos más conocidos se basa en un hecho real. Su protagonista don Antinao, es presa de los terribles “anchimallenes”.

Cuenta Elías que “desde hacía mucho tiempo, la gente de Colitoro, lo venía mirando con cierto recelo al viejo Antinao. Alguien echó a correr la noticia que el hombre tenía “brujos”, y eso fue suficiente. Entonces, aquellos que creían en el Gualicho, posiciones del ñanco, el trauco, y otros elementos de la mitología de los mapuches, comenzaron a temerle y a observarlo como un bicho raro. No faltó quién dijera más de una vez, que el viejo Antinao tenía miedo de quedarse solo, porque de noche llegaban a su rancho ciertos espíritus extraños que lo perturbaban”.

El relato de Chucair finaliza narrando que Antinao había tenido la visita de unas luces que le anunciaron que al otro día se moriría. Los que al otro día lo fueron a buscar “simultáneamente se vieron sorprendidos ante la aparición de dos pequeñas luces o fuegos que se movían verticalmente entre los matorrales, a no más de cincuenta metros del sitio donde estaban acampando. Los caballos, bufando y reculando, hicieron cimbrar las sogas que los tenían atados y los perros se enfurecieron ladrando… Los hombres, sin decir palabras, se entendieron solamente con la mirada y se marcharon hacia el lugar de la aparición. El orgullo de ambos no les permitía claudicar, ni ensayar pretextos, no se podía retroceder.A medida que avanzaban, las luces se iban alejando y perdiendo su intensidad hasta desaparecer totalmente. Cuando llegaron al sitio preciso donde las vieron en el primer momento, encontraron apoyado contra el barranco que miraba hacia el naciente el cuerpo sin vida del viejo Antinao. La luna se asomaba enorme en el filo del horizonte y amagaban encenderse las primeras estrellas. Momentos después desde lo alto del cielo, con lumbre velaban al muerto”.


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