De la Medicina a la alta costura: la historia de Panni Margot, el diseñador que desafía los límites de la moda

En una entrevista exclusiva con este suplemento, el diseñador argentino oriundo de Río Gallegos, Panni Margot, habla de su universo creativo, el diseño sin género y los cruces entre moda, tecnología y ciencia.

Por GABRIELA SILVESTRE

Dejó Medicina para dedicarse al diseño y encontró en la indumentaria una forma de expresar su identidad. Panni Margot construyó un lenguaje propio, con referencias a la cultura japonesa, la ciencia ficción y una mirada que cuestiona las convenciones del vestir. Sus creaciones llegaron a escenarios internacionales y sus proyectos también exploran el cruce entre diseño, tecnología y ciencia. En esta entrevista, recorre su camino creativo y comparte su manera de entender la moda.

De Río Gallegos a escenarios internacionales, como NYFW. ¿Alguna vez imaginaste este camino?

¡No, nunca! Toda mi vida crecí pensando que iba a ser cirujano. Desde los cinco años decía que quería operar personas. Más adelante entendí que tenía que estudiar Medicina, pero a los 26 dejé la carrera, me enamoré de la moda y empecé a estudiar Diseño.

¿Qué te hizo cambiar de rumbo?

Se dieron tres cosas en simultáneo. Empecé a escuchar Kpop de segunda generación, que tenía una estética muy marcada, y me interesaban mucho los vestuarios. También empecé a comprar ropa de Adidas diseñada por Jeremy Scott y me llamaba la atención cómo podía dialogar con mi propia forma de vestir. Pero lo más importante fue conocer por casualidad a Verónica de la Canal. Empezó a invitarme a sus desfiles y ahí me enamoré de la pasarela y de sus diseños monumentales.

Tus creaciones tienen identidad muy marcada. ¿Cómo encontraste tu propio lenguaje?

Fue algo muy orgánico. Siempre digo que un artista tiene que hacer un trabajo de introspección: conocerse, aceptarse y, después, hablar desde el corazón. No hay que fingir ni aparentar algo que uno no es, porque la gente se da cuenta. Cuando te expresas de manera genuina, desde quien sos, aparece tu identidad. Ningún corazón es igual a otro.

En tus colecciones conviven la cultura japonesa, la ciencia ficción y el diseño sin género. ¿Qué te inspira y qué límites te gusta desafiar?

Me inspira mi propia vida. Para cada colección, tomo experiencias personales y las mezclo con alguna expresión del arte japonés. De esa combinación nace cada universo. Me gusta hacer cosas que nadie haya hecho antes. Realicé la primera colección de la historia creada con inteligencia artificial, en colaboración con OpenAI, y el año pasado estuve en el laboratorio de Madame Curie, en un simposio de astropartículas junto al Instituto Pascal, trabajando en un detector subatómico de rayos cósmicos.

¿Qué descubriste al incorporar esta tecnología?

Una herramienta se puede utilizar de forma positiva o negativa. Si la inteligencia artificial se usa de manera adecuada y responsable, es ideal para acelerar procesos. Pero no hay que dejar de lado el factor humano ni permitir que nos reemplace, porque no es una herramienta de creación en sí misma.

También desarrollás prendas y proyectos que acercan la ciencia al público. ¿Cómo nació esta iniciativa?

Todo empezó con una compra por Internet, un llamado y la idea de crear cosas juntos. No fue algo que busqué: se dio de manera muy orgánica. Al principio era una colaboración para hablar sobre materia oscura, pero el proyecto fue creciendo hasta convertirse en una iniciativa de educación científica, con colaboraciones de distintos institutos de investigación científica y espacial.

Vestiste a figuras conocidas (Cazzu, Natalie Pérez, entre muchas otras) y presentaste tus colecciones en el exterior. ¿Qué momento te hizo tomar dimensión de lo que habías logrado?

Es una pregunta muy difícil. Me cuesta asumir todo lo que logré porque siempre estoy buscando más. No sabría decirte si soy realmente consciente de todo lo que alcancé.

El año pasado volviste a Río Gallegos. ¿Cómo fue reencontrarte con tus raíces? ¿Tenés prevista una nueva presentación en el sur?

Fue impactante volver a la ciudad donde me crié. Me movilizó muchísimo encontrarme con ese lugar y ver cuánto había cambiado. No esperaba tanto cariño por parte de la gente de allí. Estamos programando volver el año que viene.

Tu trabajo cuestiona las convenciones de la indumentaria. ¿Sentís que hoy nos vestimos con más libertad o todavía quedan prejuicios por derribar?

Todavía hay muchos prejuicios. Siempre digo que cuesta sacar al argentino de la remera y el jean, aunque también hay gente que se anima a probar otras cosas. Hay de todo, pero lo importante es seguir aportando opciones diferentes y evitar que terminemos todos vestidos como fotocopias.

Alguna vez dijiste que los sueños no se cumplen, se trabajan. ¿Qué aprendiste en este recorrido y qué le dirías a alguien que recién empieza?

Les diría que todos los días hagan algo que los acerque a donde quieren llegar. Una acción quizás no te lleve directamente al lugar en el que soñás estar, pero sí te saca de donde estabas. Por eso digo que los sueños no se cumplen, se trabajan.


Comentarios