¿Se te cae el pelo? Lo que tenés que saber
La caída del cabello ya no es solo una preocupación estética: hoy es un motivo frecuente de consulta. Palabra de experta.
Notás más pelo en la ducha o simplemente al pasarte el peine, y la preocupación aparece casi de inmediato. La respuesta suele ser buscar soluciones rápidas: un shampoo específico, un suplemento o algún tratamiento que promete resultados visibles. Pero en muchos casos, la caída no es solo una cuestión estética, sino la expresión de lo que está sucediendo dentro del organismo.
Para la médica dermatóloga Florencia Paniego «la piel de la cara y la del cuero cabelludo forman parte del mismo órgano. Ambas responden a los mismos estímulos hormonales, metabólicos e inflamatorios. Por eso no es casual que muchas personas con caída capilar también presenten acné, exceso de sebo, seborrea, rosácea o inflamación cutánea persistente.
Muchas veces, todos estos signos forman parte de un mismo desequilibrio interno». A veces el cabello no se cae de manera abrupta, sino que progresivamente se afina hasta desaparecer. Esto ocurre porque la etapa de crecimiento del pelo se acorta y el folículo comienza a debilitarse. En otros casos, se desprende en exceso. Y muchas veces ambos mecanismos conviven.
«Gran parte de la industria sigue abordando únicamente la expresión visible del problema: la alopecia. El foco suele ponerse en estimular crecimiento, recuperar densidad o frenar la caída, mientras las causas biológicas continúan activas. Así se instala un circuito interminable de tratamientos orientados al efecto y no al origen», remarca la especialista.
Las alopecias tienen múltiples causas porque el cabello depende de numerosos sistemas del organismo. En ese sentido, Paniego aclara que «existen factores hormonales, causas genéticas, enfermedades inflamatorias y autoinmunes, alteraciones metabólicas, deficiencias nutricionales, estrés crónico, infecciones, medicamentos e incluso enfermedades propias del cuero cabelludo».
La caída capilar rara vez empieza solamente en el pelo. Y por eso el verdadero desafío no es solo recuperar densidad, sino comprender qué está intentando expresar el organismo antes de que el síntoma avance.
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