Análisis: La deuda pendiente con los jóvenes

La muerte violenta de un joven en Cutral Co, un choque fatal de un conductor en Plaza Huincul, son algunos de los elementos que permiten pensar la llegada de las políticas para este sector y lo que aún falta hacer, justo antes de que las elecciones los pongan en el centro de las campañas políticas.





La noticia sobre la muerte violenta de un joven en Cutral Co volvió a estar en el centro de las miradas esta semana. En la escena está -otra vez- la pregunta sobre la cantidad de armas que circulan por fuera del circuito legal porque el autor la llevaba encima y con capacidad de matar porque -de hecho- no le disparó una sino cuatro veces al pecho. 

La víctima había nacido en 1996, el año en que las dos ciudades se convulsionaron con la primera pueblada. Encontró la muerte de manera muy temprana cuando caminaba por un sector de la ciudad de Cutral Co (aunque no es exclusivo), donde las situaciones de vulnerabilidad social suelen hacerse más visibles.

Todo hace pensar que su agresor puede rondar la misma edad. Aquí es cuando es necesario reflexionar sobre qué tanto resultan la llegada de los programas o políticas oficiales implementadas a nivel municipal, provincial y nacional. O tal vez haya que preguntarse cuáles son esas políticas que los tiene incluidos y contemplados, y que los acompañan en el proceso de desarrollo y crecimiento a estos hijos de la pueblada.

En los tiempos de restricciones por la pandemia, los hechos violentos y los delictivos en general marcaron un retroceso. Sin embargo, esos registros estadísticos vuelven a incrementarse desde que no hay limitaciones de circulación.

De todos modos, las muertes de la población joven como consecuencia de siniestros viales tampoco hay que soslayarlas. Esta semana se conoció también la imputación al conductor que alcoholizado perdió el control del volante y chocó de manera brutal contra un poste. Una de las jovencitas que iba en el vehículo murió después de permanecer internada.

Aquí se piensa en la necesidad de los operativos de control de alcoholemia, en especial, durante los fines de semana cuando es evidente que conductores y conductoras no siempre cumplen con la regla de «si conducís, no manejes». En este contexto la falta de recursos para la policía provincial, que siempre son escasos. A la falta de móviles y hasta personal se le suma que hace un tiempo había dejado de funcionar el alcoholímetro. Su calibración demandó varias semanas y, mientras tanto, no se podía hacer el test a los conductores.

Más allá de las acciones destinadas al control y sanción con aplicación de multas severas y costosas -en el caso de Plaza Huincul está en vigencia la ordenanza de alcohol cero- tampoco se observan campañas serias y continuadas en el tiempo sobre la necesidad de no ingerir bebidas alcohólicas y luego conducir.

Entonces, a ojos vista, tampoco están dando resultado si es que las hubiere, las campañas o programas para sacar del circuito de la violencia a esta franja, la más vulnerable. Y a la que apuntarán dentro de poco los partidos políticos cuando pongan a los jóvenes como parte del eslogan en sus campañas políticas.


Comentarios

Comentarios

Para comentar esta nota debes tener tu acceso digital.
¡Suscribite para sumar tu opinión!

Suscribite

Logo Rio Negro
Análisis: La deuda pendiente con los jóvenes