No pudo ir a Brasil y se hizo el mural de la playa en su casa en Roca

Enrique es de Misiones, vive en el Alto Valle hace 10 años y decidió invertir la plata del viaje que la pandemia no le dejó hacer en un mural inspirado en las playas brasileñas y otro en las viñas del Valle de Uco en Mendoza. “Ahora puedo tomar algo con linda vista”, bromea.

Enrique y el mural de la playa brasileña que le encargó a Chelo Candia en su casa en Roca, Alto Valle de Río Negro, al norte de la Patagonia. Fotos de Juan Thomes

Enrique y el mural de la playa brasileña que le encargó a Chelo Candia en su casa en Roca, Alto Valle de Río Negro, al norte de la Patagonia. Fotos de Juan Thomes

A mediados de marzo de este año, el ingeniero electricista industrial nacido en Misiones Enrique Prytz Nilsson y su mujer Delia, correntina, tenían prevista una escapada de una semana a las playas de Caiobá al sur de Brasil, a 110 km de Curitiba en el estado de Paraná. La pandemia alteró todos los planes y terminaron invirtiendo la plata que pensaban usar en el viaje en un espectacular mural inspirado en esas arenas paradisíacas en su casa en Roca. También encargaron otro, inspirado en las viñas del Valle de Uco en Mendoza. “Ya tengo un rincón donde tomar una cervecita y otro donde probar un vinito”, dice Enrique y larga la carcajada. “Más allá del humor, esto es como una bocanada de aire fresco, un descanso para la vista, sentirse por un ratito en otro lado”, agrega.

De Puerto Iguazú al Alto Valle

El ingeniero es jefe de mantenimiento de la represa Casa de Piedra alimentada por el río Colorado en el sur de La Pampa, justo en la frontera con Río Negro y a 116 km de la ciudad rionegrina en la que se radicaron hace 10 años cuando llegaron al Alto Valle. La pareja tiene dos hijos (Erika y Germán) y un nieto (Renzo).

Enrique y Delia conocían bien Caiobá, ese paraíso de morros y aguas cálidas elegido cada verano por alrededor de un millón y medio de personas en la antigua normalidad: vivieron 21 años en Puerto Iguazú (a 750 kilómetros y unas ocho horas y media de ruta) y por eso era habitual subirse al auto y salir para disfrutar de unos días del irresistible encanto de las playas brasileñas a las que sueñan volver.

“¿Sabés qué lindo es tener esas maravillas a tiro? Íbamos mucho, con decirte que cuando era bebé me largué a caminar antes de los dos años en Tramandai. Desde el norte de la Mesopotamia es muy común ir. Hay buenas rutas y autopistas”, describe Enrique.

El viaje que no fue

El plan 2020 incluía escalas en Corrientes y Misiones para visitar amigos y familiares antes de seguir rumbo a Caiobá. No pudo ser. “La plata de las vacaciones terminaron en los murales”, explica él con una sonrisa que no lo abandonará durante toda la charla.

Para eso tuvo que vencer el escepticismo inicial de la familia. “¿Qué vas a hacer, te volviste loco?”, le decían. “¿Qué es este mamarracho?”, le preguntaban medio en broma medio en serio cuando la pared era una mancha en la que no se intuía lo que vendría. “Esperen, ustedes esperen, ya van a ver”, respondía.

Valle de Uco. El otro mural. Enrique es productor de vinos artesanales.

Y ahora lo disfrutan todos en el terreno en el barrio Pecini donde Roca se extiende hacia el este en loteos de crecimiento vertiginoso en la última década, sobre tierras que supieron ser chacras y ahora ya tienen un rincón para irse en un viaje imaginario a Brasil y Mendoza.

El regreso de las viñas

Cuando llegaron al barrio, aún estaban las viñas enfrente. “Ahora volvieron a su lugar”, dice Enrique, otra vez sonriente, sentado esta soleada mañana de primavera en la misma mesa del patio en la que se le ocurrió la idea de los murales, de frente al olmo que le recomendaron sacar y no quiso, a la izquierda de los dos álamos, al lado de la silla colgante que compraron en Maceió (norte de Brasil), cerca de los jazmines, las flores trepadoras y la pequeña fuente que está terminando para darle más brillo a su Valle de Uco.

Todo lo hace con sus propias manos, excepto cuando hace falta un experto.
Por eso a la hora de hacer las instalaciones de la prefabricada y levantar nuevas paredes convocó a Sergio, maestro de la construcción a quien conocía de Puerto Iguazú y que después decidiría quedarse en Roca.

Y por eso para los murales convocó a otro maestro, pero de las artes visuales, Chelo Candia, autor de la tira Viajeros que publica el suplemento de turismo Voy del Río Negro.

Los murales

El de la playa es de unos 6,50 metros de ancho por 4 de alto. El de las viñas, de unos 10 x 3. ¿Cómo fue la convivencia del ingeniero y el artista? “Muy buena. Chelo se abre a la charla, a cambiar opiniones y modificar algo si le das argumentos” responde Enrique, que le aportó detalles sobre la disposición de las viñas en los alambres y el color de la arena y el tipo de mar de la costa brasileña.

Enrique viaja a las playas de Brasil desde chico.

“Yo no lo conocía al Chelo, me gusta como trabaja. Ahora quiero que haga las etiquetas de los vinos artesanales que elaboro”, agrega. Por estos días, Enrique está envasando su última producción. Las uvas provienen del Ente Provincial del río Colorado y tiene la bodega garage en su vivienda en Casa de Piedra, la zona donde crece el incipiente polo vitivinícola pampeano con jugadores como las bodegas mendocinas Catena Zapata y Familia Cassone. De aquellas cinco hectáreas experimentales de hace una década pasó a alrededor 105 hectáreas de viñas.
“¿Y como está el nivel del río Colorado? Ya se siente el deshielo, viene subiendo lindo según las mediciones en Buta Ranquil”, comenta Enrique.

Salir del encierro

Si bien tenía la idea de los murales antes de la pandemia, fue la cuarentena lo que aceleró los tiempos y lo decidió a embarcarse en la aventura.
“La idea fue armar un espacio de esparcimiento. Si miro para un lado pienso en la cordillera. Y para el otro en el mar, la playa, Brasil. Si no podemos viajar, al menos poder ver estas maravillas descansa la vista, la mente”, explica Enrique y agrega que se viene un tercer mural en el paredón del frente.

Esta vez, inspirado en la hermosa costanera correntina, la tierra de Delia y de tantos recuerdos de estudiante para él.
“A los dos nos gusta mucho, somos fanas de esa costanera. Al fondo se verá el puente General Manuel Belgrano que conecta a Corrientes con Resistencia. Y más cerca veremos lapachos, chivatos, algún jacarandá. Quiero que sea algo más urbano, que se vea algún auto. Todo le dará más profundidad al terreno”, explica desde la mesa donde domina el panorama y el patio se muestra cada vez más lindo.

El verano se presenta como una incógnita, aunque todo parece indicar que a lo sumo habrá chance de algún viaje interno. “Si se puede, iremos”, dice Enrique. Y si no, siempre quedará la chance de descorchar una botella y disfrutar de ese patio que supo construir en cada detalle y que ahora invita a viajar desde las paredes.


Mahoma fue a la montaña, la naturaleza a la casa de Enrique

“Lo loco de esto es que nunca había hecho murales de paisajes, estos son los primeros. Para mi el protagonista siempre fue el ser humano y lo que le pasa, ni siquiera había hecho murales abstractos. Por eso fue un desafío cuando Enrique me propuso estos trabajos”, explica Chelo Candia, artista visual patagónico y creador de la tira Viajeros donde sí suelen aparecer paisajes elaborados en formato digital.

Esto fue distinto, con pincel a mano, pintura latex acrílico de exterior, barbijo y protocolo sanitario correspondiente.

Mientras avanzada en jornadas de cuatro horas, Chelo reparaba en el simbolismo de la situación: en el momento en que estamos ausentes de los paisajes, él hacía dos murales sin gente por primera vez. Y la paradoja de que contar qué le pasa al ser humano aparezca en la necesidad de un cliente de traer a su casa la naturaleza que no puede contemplar en persona. “Tiene mucho que ver con lo que estamos viviendo”, sintetiza.

Chelo Candia y su obra. Autor de más de 100 murales, estos dos son los primeros sin gente.

Y si al principio estos murales lo corrieron de su eje, lo terminó disfrutando. “Me gustó, es para continuar explorando. De hecho ahora voy a seguir porque me contrataron para hacer otro en Paso Córdoba”, cuenta.

En los dos casos tomó como punto de partida fotografías, que luego viraban hacia su forma definitiva a medida que el artista y el cliente lo consensuaban.

El primer mural, el del Valle de Uco, lo arrancó el 9 de septiembre y lo firmó el 26 de ese mes. Siguió con el de la playa, que firmó el 14 de octubre, todo mientras el olmo iba cambiando de colores a medida que pasaban los días.


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