El negacionismo opositor fortalece al Gobierno
Los adversarios del presidente están donde están por su rechazo a la realidad. El otro es siempre negacionista. La venganza de la realidad será terrible.

El autoengaño de los virtuosos.
1. Negar los problemas es una forma de abandonar la política democrática.
El pasado 24 de marzo se repitió la frase “el negacionismo del Gobierno”. Es cierto pero una cosa no quita la otra. Llegamos a este momento histórico porque también se negaron los descontentos de las mayorías que hoy sintonizan con el Gobierno.
La actual oposición, el oficialismo de ayer, negó la inflación desbordante y los efectos de una política identitaria de minorías con las mayorías encerradas en plena pandemia. Negó los malestares materiales con un discurso de supuesta “virtud” en contexto de alta incertidumbre y precariedad.
Negó sus propias pedagogías de la crueldad del progresismo policíaco, las políticas de miedo y pánico que cultivaron soledad y desconfianza en las relaciones sociales e íntimas, desde jardines de infantes a escuelas. No sólo negó tantos problemas sino que en muchos casos censuró y cerró los espacios de disenso razonable. Llamó a cualquier cosa “discurso de odio” y a cualquier persona “facho”, fomentó cancelaciones y autocensura. Así alimentó la cultura autoritaria que dice querer combatir.
En lugar de construir puentes, negociaciones y negocios comunes, siempre existentes transversalmente, se forzó una teatralidad polarizada y destructiva. Se polarizó todo hasta los extremos y la motosierra ganó el sentido común.
La mezcla de malestares económicos y emocionales gestaron estos tiempos intensos. Ese negacionismo opositor y progresista construyó al actual oficialismo. Muchas de esas negaciones y prácticas continúan. La precaria fortaleza de Milei y sus resultados electorales son prueba de ello. La oposición sigue paralizada como cuando era oficialismo.
Ese “Estado de negación” de la oposición es la que permite la destrucción del Estado. Permitió que Milei cumpliera con sus promesas con acciones irracionales, ilegales e inconstitucionales. Los despidos, las rutas que producen más accidentes, la saña con discapacitados y jubilados, el industricidio y tantas regresiones más. Hoy la oposición niega su propia parálisis, su incapacidad de acción, con denuncias de corrupción.
Que la corrupción por el caso $Libra o el episodio Adorni sea agenda central habla de la derrota política de la oposición. Vivir en la moralización de la política y su persecución judicial es repetir el ciclo de Menem, De la Rúa, K y Anti-K que nos llevó a Milei. Discutir la corrupción circularmente es pura antipolítica, otra autoderrota.
Las mayorías ya asumieron hace rato que “todos los políticos son corruptos” y por eso Milei ganó. Por eso ya habían ganado Bussi, Palito Ortega o Patti. Los escándalos no lo sacarán, ni lo debilitarán. No, este tipo de escándalo que se ve casi ininterrumpidamente hace 40 años desde los pollos de Mazzorín (que después del pánico de los “pollos radiactivos” terminó sobreseído). La oposición se cree superior y mejor a Milei pero no lo es. Y la sociedad lo sabe.
2. El show de la corrupción refuerza la antipolítica
La oposición no se da cuenta que se cava su propia fosa, que alimenta el hartazgo y se tira tierra encima. La lógica del escándalo no detiene a Milei y es central en su caja de herramientas. Hoy ya nadie recuerda cuando jueces federales censuraban -a pedido oficial- audios que circulaban. Se distrajo con una sentencia judicial que generó indignación y se ganó una elección.
Se repite la palabra negacionismo de forma superficial. Parece haber negacionistas y supuestos no negacionistas. Esa dicotomía es tan boba como falsa. La oposición no sale de su burbuja y no quiere escuchar a la sociedad transformada.
Mientras la oposición fomenta el show antipolítico, el Gobierno avanza con su política judicial e impulsa pliegos de jueces que demuestran que la Corte y Comodoro Py, la familia judicial y sus dos tribus judiciales más allá de todas sus guerras internas, pueden acordar candidatos, pueden construir y negociar a través de whatsapp o en reuniones secretas poco republicanas.
Se proponen varios jueces que estarán casi tres décadas en su cargo. El gobierno tiene acción y perspectiva de largo plazo. Mientras la oposición perdió el control del Senado.
Wittgenstein decía: “Nada es tan difícil como no engañarse a uno mismo”. Lo que hace la oposición es seguir con su pensamiento mágico incluso cuando las condiciones globales y locales siguen empeorando. No sólo abandona a su base social a un sacrificio sino que ayuda a ponerle las ataduras que vuelven casi imposible cualquier resistencia. La fantasía pasará. La venganza de la realidad será impiadosa con todos.
* Abogado y Profesor de Derecho Constitucional.
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