El agua cambia: la estabilidad en revisión en el norte de la Patagonia

En la Norpatagonia, el agua dejó de comportarse como una variable estable. Los caudales ya no siguen patrones previsibles y las decisiones sobre su uso empiezan a requerir otra escala de análisis. Entender qué está cambiando en el sistema hídrico es el primer paso para anticipar escenarios productivos, ambientales y territoriales cada vez más exigentes.

Redacción

Por Federico Boggio*

Esta es la primera nota de una trilogía que propone poner en discusión el uso del agua en la Norpatagonia. No desde una mirada sectorial, sino desde una pregunta más amplia: cómo se toman decisiones sobre un recurso que sostiene simultáneamente producción, energía y ciudades, en un contexto que ya no es el mismo que hace 20 o 30 años. Ese cambio se expresa sobre un sistema físico integrado, donde lo que ocurre en la cordillera condiciona directamente lo que sucede en los valles

Durante décadas, el agua en la región fue una condición relativamente estable. Los ríos Limay, Neuquén y Negro acompañaron el desarrollo de los valles irrigados, el crecimiento urbano y la generación hidroeléctrica sin que la disponibilidad apareciera como una restricción crítica. Ese escenario empieza a cambiar. 

«Hacia las próximas décadas se proyectan reducciones significativas en los caudales medios de los ríos, del orden del 20 al 30%, junto con una mayor variabilidad interanual».

Distintos estudios sobre el impacto del cambio climático coinciden en una tendencia: hacia las próximas décadas se proyectan reducciones significativas en los caudales medios de los ríos, del orden del 20 al 30%, junto con una mayor variabilidad interanual. A esto se suma un cambio en la dinámica de la nieve y el escurrimiento, con menor acumulación invernal y adelantamiento de los picos de aporte. En términos prácticos, esto implica menos previsibilidad y menor estabilidad del recurso. 

La estabilidad que caracterizó históricamente al agua en la región empieza a resquebrajarse. 

Más demanda sobre el mismo recurso 


Pero el problema no es solo la oferta. La demanda también está cambiando. Como se observa en la tabla adjunta más abajo, el agua de estos ríos no tiene un único destino: abastece sistemas productivos bajo riego, regula un complejo hidroeléctrico estratégico para el sistema energético nacional y, al mismo tiempo, sostiene el crecimiento de uno de los corredores urbanos más dinámicos del país. 

En ese mismo sistema convergen producción, energía y ciudades en expansión. 

En Neuquén, el riego ya representa cerca del 70% de los usos consuntivos del agua pública, lo que da cuenta de su centralidad productiva. A su vez, los grandes embalses sobre el Limay y el Neuquén cumplen un rol clave en la generación eléctrica, integrados al sistema nacional y operando como reguladores de caudales a lo largo del año. Esto implica que las decisiones sobre el agua no sólo afectan la producción, sino también el funcionamiento del sistema energético nacional. 

Usos del agua en la cuenca Limay–Neuquén–Negro 
Uso del agua Rol en el sistema Tendencia actual 
Riego agrícola Principal uso consuntivo (cerca del 70% en Neuquén) Expansión 
Abastecimiento urbano Consumo humano en el Alto Valle Crecimiento acelerado 
Generación hidroeléctrica Regulación de caudales + generación eléctrica Uso estratégico 
Ecosistemas (mallines) Regulación hídrica local + soporte forrajero Presión creciente 
Fuente: Federico Boggio.

El crecimiento que acelera la presión 


Y sobre ese mismo sistema se apoya el abastecimiento de agua potable para ciudades como Neuquén, Plottier, Centenario, Cipolletti, General Roca, Allen o Villa Regina. A esta ecuación se suma un factor que tiende a profundizar todas las tensiones: el crecimiento poblacional

Impulsado en gran medida por el desarrollo de Vaca Muerta, el corredor del Alto Valle y la Confluencia viene registrando una de las tasas de expansión demográfica más altas del país. Esto implica no solo mayor demanda de agua para consumo humano, sino también un incremento sostenido en los volúmenes de efluentes que deben ser tratados antes de su devolución al sistema. Es decir, no solo aumenta el uso del agua, sino también la presión sobre su calidad. 

Señales de un sistema en tensión 


En este contexto, episodios recientes como la crisis hídrica en la cuenca del arroyo Covunco dejan de ser excepcionales y empiezan a funcionar como señales de un sistema bajo presión. Caudales mínimos, conflictos por captaciones y la necesidad de intervención estatal para garantizar el abastecimiento muestran que la competencia por el agua ya no es una hipótesis futura. 

Mallines del norte de la Patagonia: ambientes donde el agua se concentra, sostiene la productividad y condiciona gran parte de las decisiones de uso del territorio.
Mallines del norte de la Patagonia: ambientes donde el agua se concentra, sostiene la productividad y condiciona gran parte de las decisiones de uso del territorio. Foto: gentileza Federico Boggio.

Un recurso público, decisiones fragmentadas 


Hay, además, un aspecto estructural que suele pasar inadvertido: el agua es un recurso público, cuya administración corresponde a los estados provinciales. Su uso no es libre, sino que está sujeto a permisos, regulaciones y criterios de asignación. Sin embargo, muchas de las decisiones concretas sobre el territorio —desde derivaciones para riego hasta intervenciones en cursos de agua— se siguen tomando a escala predial, mientras los efectos se expresan a escala de cuenca

Del uso del agua a la decisión sobre el agua 


Así, sobre un mismo sistema hídrico convergen demandas productivas, energéticas y urbanas, en un contexto donde la disponibilidad tiende a reducirse y la variabilidad a aumentar. La consecuencia es clara: la estabilidad que caracterizó históricamente al agua en la región empieza a resquebrajarse. 

En este nuevo escenario, el desafío ya no es únicamente mejorar la eficiencia en el uso del agua o ampliar la infraestructura disponible. La cuestión de fondo es otra: cómo se decide el uso de un recurso que es compartido, limitado y cada vez más estratégico

El problema ya no es cuánta agua hay, sino cómo, dónde y para quién se decide su uso. 

En el próximo artículo, el foco se desplazará hacia un actor muchas veces subestimado en esta discusión: los mallines. Allí se juega buena parte del equilibrio hidrológico de las cuencas y, al mismo tiempo, una oportunidad productiva que hoy está siendo revalorizada y también discutida. 

(*) Ingeniero Agrónomo Federico Boggio.
Director HALKIS Consultores.
Email: federicoboggio@halkis.com.ar


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Esta es la primera nota de una trilogía que propone poner en discusión el uso del agua en la Norpatagonia. No desde una mirada sectorial, sino desde una pregunta más amplia: cómo se toman decisiones sobre un recurso que sostiene simultáneamente producción, energía y ciudades, en un contexto que ya no es el mismo que hace 20 o 30 años. Ese cambio se expresa sobre un sistema físico integrado, donde lo que ocurre en la cordillera condiciona directamente lo que sucede en los valles

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