Probaron 16 híbridos de maíz en Río Negro y los rendimientos asombran: hasta 20.000 kilos de grano por hectárea
La prueba fue realizada en Cervantes. Los resultados confirman el enorme potencial de los valles irrigados para el maíz y destacan la importancia de la genética y el manejo agronómico para alcanzar altos niveles de productividad.
Los valles irrigados del río Negro siguen sumando evidencias de que pueden convertirse en una de las regiones más competitivas del país para la producción de maíz. Un ensayo comparativo realizado durante la campaña 2025/26 en la localidad rionegrina de Cervantes (Alto Valle) mostró rendimientos que superaron ampliamente las 18 toneladas de grano por hectárea y alcanzaron un máximo de 20.476 kilos por hectárea, cifras que ponen de manifiesto el enorme potencial productivo de estos ambientes bajo riego.
La experiencia fue desarrollada en un lote de Esperanza SRL y contó con la participación del Sistema Chacras de Aapresid, INTA, CREA y el Ministerio de Desarrollo Económico y Productivo de Río Negro. En total se evaluaron 16 híbridos comerciales en 18 franjas contiguas, con el objetivo de generar información local que permita a los productores tomar decisiones sobre uno de los factores que más inciden en el resultado económico del cultivo: la elección del material genético.
Un ensayo para generar información local
El ensayo se realizó en la localidad de Cervantes, en el Alto Valle, sobre 18 parcelas de 966 metros cuadrados dispuestas en franjas contiguas. Para cada híbrido se tomaron dos muestras de cosecha y el rendimiento se determinó mediante pesaje directo del grano, corrigiendo posteriormente los resultados a una humedad estándar de 14,5%.
La experiencia tuvo lugar en la chacra 336 de Esperanza SRL, empresa agropecuaria que conduce Francisco Pili. El establecimiento tiene una larga historia de diversificación productiva. “Ese campo fue monte frutal, luego se hizo alfalfa, maíz, soja y finalmente el ensayo de maíz”, explicó el productor.
La caracterización del suelo estuvo a cargo de la ingeniera agrónoma Alicia Apcarian. El análisis mostró un ambiente de origen aluvial, típico de los valles irrigados patagónicos, con textura franca en los primeros 60 centímetros, buena capacidad de retención de agua y ausencia de problemas de salinidad o sodicidad. Entre las principales limitantes se identificó una discontinuidad litológica a partir de los 60 centímetros de profundidad, que puede restringir parcialmente el desarrollo radicular y obliga a realizar un manejo cuidadoso del riego.

También se detectaron niveles bajos de fósforo y una alcalinidad moderada, características que refuerzan la necesidad de una estrategia nutricional ajustada a objetivos de alto rendimiento.
“Los rendimientos obviamente fueron muy buenos. El manejo fue de punta para lo que es la zona. Es un buen indicio de hasta dónde pueden llegar los rendimientos a nivel de productor, sin hacer nada extraordinario”, señaló Alfonso Cerrotta, responsable técnico de la Chacra Vinpa de Aapresid y coordinador de la experiencia.
El técnico explicó que el planteo incluyó una fertilización intensiva y cuidadosamente planificada. “Es importante el uso de un buen arrancador con zinc y con algún otro micronutriente y una dosis de fósforo apropiada para esos niveles de rinde objetivo. También es clave calcular bien la aplicación de nitrógeno que requiere el cultivo y dividir esa dosis lo más posible. En este caso fue en cuatro aplicaciones: dos en vegetativo mediante fertilización terrestre y dos en estadios avanzados con dron. Eso sin mencionar el nitrógeno orgánico de guano utilizado en el arranque”, detalló.
Los resultados reflejaron el potencial del ambiente. El promedio general del ensayo fue de 16.662 kilos por hectárea, mientras que el híbrido ARON encabezó el ránking con 20.476 kilos por hectárea. La diferencia entre el material de mayor y menor rendimiento superó las ocho toneladas por hectárea.
“Demuestra que es importante para el productor elegir bien los genotipos, basándose en datos de ensayos como este, o informes del INTA, de Aapresid o de CREA, que siempre tienen buenos datos”, sostuvo Cerrotta. Y agregó: “Hay que sostener este tipo de ensayos en el tiempo. Habría que hacerlo prácticamente todas las campañas, como se hace en otras zonas del país, de forma institucionalizada”.
Ensayo de maíz de Río Negro: Supra 3916 destacó por su estabilidad y rendimiento
Uno de los aspectos más interesantes del ensayo fue el desempeño de Supra 3916, híbrido anteriormente conocido como KWS 3916.
A diferencia del resto de los materiales, este híbrido fue sembrado en tres posiciones diferentes dentro del lote y utilizado como testigo de referencia. Esta decisión permitió evaluar no solo su potencial productivo sino también su comportamiento frente a la heterogeneidad propia de los suelos de los valles del río Negro.
Los resultados fueron consistentes. Supra 3916 registró rendimientos corregidos de 19.225, 18.760 y 16.262 kilos por hectárea en las tres franjas donde fue implantado. El promedio de las tres ubicaciones fue de 18.082 kilos por hectárea, suficiente para ubicarse entre los tres materiales de mejor desempeño del ensayo.
La importancia de este resultado radica en que el híbrido respondió favorablemente en sectores distintos del lote, a pesar de las diferencias ambientales detectadas por el propio ensayo.
“Desde Agrocultivos del Sur hemos posicionado a Supra 3916 para producción de grano en los valles irrigados. Es un material que puede sembrarse tanto en fechas tempranas como tardías”, explicó Diego Albarracín, titular de la firma distribuidora de Supra Semillas.
El empresario destacó que el híbrido combina potencial productivo con estabilidad. “Tiene muy alta eficiencia en el llenado de granos, lo que le da potencialidad para producción, y a su vez muestra una gran estabilidad en diferentes ambientes. Se utilizó como testigo porque es el híbrido más vendido en los valles irrigados, y mostró allí su altísima potencialidad y estabilidad para estos ambientes”, afirmó.
Justamente esa estabilidad aparece como uno de los atributos más valorados en una región donde los suelos suelen presentar una marcada heterogeneidad, incluso dentro de una misma chacra.
Ensayo de maíz en Río Negro: otros híbridos destacados
Más allá del desempeño de Supra 3916, el ensayo dejó otros resultados relevantes. El segundo lugar correspondió a P1669, de Pioneer, que alcanzó 19.839 kilos por hectárea. Además, se ubicó en el podio de los materiales con menor humedad de cosecha, con apenas 15,1%.
“Es un híbrido con máxima tecnología para malezas e insectos. Resistente a las principales plagas y a herbicidas como glifosato y glufosinato de amonio, ideal para planteos de maíz sobre maíz”, explicó Esteban Pero, de ABG Agro, agencia oficial de Pioneer para los valles.
El técnico destacó especialmente la velocidad de secado del material. “Se trata de un maíz templado de ciclo intermedio, con muy alto potencial para fechas de siembra entre el 20 de octubre y el 10 de noviembre. En el ensayo fue uno de los mejores en secado y el segundo mejor en rendimiento”, indicó.
También sobresalieron IS 799 y BASF 7349, comercializados por YPF Agro Servicios Cipolletti SRL. Ambos materiales finalizaron prácticamente empatados, con rendimientos de 17.895 y 17.852 kilos por hectárea respectivamente, por encima del promedio. La diferencia entre ambos es mínima y poco significativa si se considera la variabilidad propia de los ambientes de producción de los valles.
Sobre IS 799, Agostina Blázquez, coordinadora comercial de YPF Agro Servicios Cipolletti SRL, destacó que se trata de uno de los materiales más versátiles de la cartera de Illinois. “Es un híbrido semidentado anaranjado que se adapta muy bien a diferentes condiciones de clima y suelo del valle de Río Negro. Presenta un alto peso de grano y responde muy bien a altas densidades de siembra, permitiendo aprovechar mejor los lotes con un manejo adecuado”, afirmó.
La especialista agregó que, con 122 días de madurez relativa, también posee una rápida tasa de secado. “Con siembras tempranas permite estar cosechando a fines de abril o durante mayo”, indicó.
En conjunto, los resultados vuelven a poner sobre la mesa una realidad cada vez más evidente: cuando el manejo agronómico es adecuado y se dispone de riego, los valles irrigados del río Negro tienen capacidad para alcanzar rendimientos que compiten con los mejores ambientes maiceros. Y en ese escenario, contar con información local sobre el comportamiento de los híbridos aparece como una herramienta clave para seguir mejorando la productividad y la rentabilidad de los productores regionales.
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