Productores impulsan el crecimiento de los invernaderos en el Valle Inferior
La superficie se triplicó en ocho años. Detrás del crecimiento, hay historias de productores que apostaron a mejorar calidad, extender la cosecha y ganar estabilidad.
El crecimiento de los invernaderos en el Valle Inferior del Río Negro no se explica solo con números. Detrás del salto -de 11,95 a 35,85 hectáreas entre 2017 y 2025- hay decisiones concretas, ensayos, aprendizajes y productores que apostaron a cambiar su forma de trabajar.
Uno de ellos es René Cardozo, que comenzó a incursionar en la producción bajo cubierta a partir de una experiencia impulsada por el programa Pro Huerta. En ese momento, se instaló un sistema de riego por goteo en un invernadero de la cooperativa Savia Andina, acompañado de capacitaciones sobre manejo de cultivos e instalación de tecnología.
A partir de ahí, tanto él como otros productores -entre ellos Juan Diego Cruz- comenzaron a sumar invernaderos en sus propias chacras. Lo que empezó como una experiencia puntual, se transformó en una estrategia productiva. “Al principio uno prueba, ve cómo funciona, y después decide si sigue”, cuenta Cardozo. En su caso, la respuesta fue clara.
Calidad, tiempo y mercado
La decisión de ampliar la superficie bajo cubierta no fue casual. Según explica el propio productor, hubo razones concretas que lo empujaron a crecer. “El aumento se dio porque genera mayor calidad. Cuando uno comercializa tomate, el consumidor prefiere el producido bajo cubierta por sobre el de campo”, señala.
El aumento se dio porque genera mayor calidad. Cuando uno comercializa tomate, el consumidor prefiere el producido bajo cubierta por sobre el de campo”.
René Cardozo, productor de Valle Inferior.
Pero no es el único factor. La posibilidad de extender los tiempos de producción también juega un rol clave: “Tenés más tiempo de cosecha, una ventana más amplia para producir”. A eso se suma un aspecto central para cualquier productor: la previsibilidad. “Es más seguro desde el comercio”, resume.
Estas ventajas explican por qué, en pocos años, pasó de una experiencia inicial a sumar más superficie y consolidar el sistema en su esquema productivo.
Un crecimiento que se multiplica
La historia de Cardozo no es un caso aislado. Según un estudio del INTA, el crecimiento de los invernaderos en la región estuvo impulsado, principalmente, por productores que ya estaban en actividad y decidieron ampliar su escala.

Mientras la superficie creció un 200%, la cantidad de unidades productivas pasó de 16 a 21. Es decir, no hubo una gran cantidad de nuevos actores, sino una expansión de los existentes. “Este crecimiento muestra que los sistemas bajo cubierta no solo se expanden, sino que también evolucionan hacia modelos más intensivos y organizados”, explicó Enrique Muzi.
Mientras la superficie creció un 200%, la cantidad de unidades productivas pasó de 16 a 21. Es decir, no hubo una gran cantidad de nuevos actores, sino una expansión de los existentes».
INTA Río Negro
Ese proceso también se refleja en el tamaño de las unidades. Hoy, el 62% de los establecimientos supera los 10.000 metros cuadrados bajo cubierta, cuando años atrás predominaban las superficies más reducidas.
Mirar el territorio desde arriba
Para dimensionar este proceso de crecimiento, el INTA realizó un análisis a partir de imágenes satelitales Sentinel-2, utilizando herramientas como Google Earth Engine y QGIS.
A través de estas tecnologías, fue posible identificar los invernaderos, mapear su ubicación y analizar cómo evolucionaron en el tiempo. Luego, con interpretación técnica, se agruparon en unidades productivas.
El resultado es una radiografía precisa de la actividad, que permite entender no solo cuánto creció, sino cómo se organiza, explica señaló Evelyn Neffen, técnica de la Estación Experimental Valle Inferior.
Datos abiertos y nuevos desafíos
“Poner esta información a disposición permite fortalecer el análisis territorial y acompañar la toma de decisiones”, señaló Evelyn Neffen,

Toda la información generada por el estudio ya está disponible en la plataforma GEO INTA, dentro del nodo Río Negro y Neuquén. Allí se pueden consultar las capas correspondientes a 2017, 2021 y 2025.
El acceso abierto a estos datos busca facilitar nuevos análisis y mejorar la toma de decisiones, tanto a nivel productivo como institucional. Al mismo tiempo, el avance de los invernaderos abre nuevos interrogantes: la concentración productiva, los cambios en el trabajo y el impacto territorial son temas que empiezan a ganar espacio.
Mientras tanto, en las chacras del Valle Inferior, las decisiones siguen tomándose día a día. Y en muchos casos, como el de René Cardozo, el camino ya está marcado: producir más, mejor y con mayor previsibilidad.
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El crecimiento de los invernaderos en el Valle Inferior del Río Negro no se explica solo con números. Detrás del salto -de 11,95 a 35,85 hectáreas entre 2017 y 2025- hay decisiones concretas, ensayos, aprendizajes y productores que apostaron a cambiar su forma de trabajar.
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