Se enamoraron en la Patagonia y en solo tres meses levantaron 8 invernaderos para vivir de sus cultivos
En el noroeste de Río Negro, en Cinco Saltos, Wilber Quispe y Lurdes Mamani decidieron cambiar su destino. Con la ayuda de productores de la zona, paciencia y una gran resiliencia levantaron ocho invernaderos para seguir produciendo aún cuando el frío patagónico atenta contra su principal sustento de vida.
«Acá no hay reloj de entrada ni de salida: arrancamos temprano en la mañana para ganarle al sol y nos quedamos en el surco hasta que no se ve más, porque este trabajo nos gusta y es el sustento de nuestra familia», relataron los horticultores, Wilber Quispe y Lurdes Mamani con la firmeza de quienes cultivan día a día su futuro en la Patagonia. A campo abierto, la helada es una sentencia; bajo el plástico, en los invernaderos, la esperanza se mantiene verde.
En el corazón rural de Cinco Saltos, Wilber y su esposa, Lurdes, transformaron el paisaje de un gran terreno en el Alto Valle. El año pasado, la pareja de productores que llegó desde Bolivia hace varios años decidió que el invierno de Río Negro ya no detendría su producción y construyeron ocho invernaderos unidos en tres meses.

La historia de Wilber es un viaje de mil kilómetros que comenzó en 2008, cuando salió de Bolivia hacia Tucumán, para finalmente encontrar su lugar en Río Negro en 2012. Después de años de trabajar cultivando para terceros, en 2016 inició su propio camino, al que luego se sumaría su esposa Lurdes, quien llegó en 2019 con la tradición agrícola de su padre marcada a fuego.
Del campo al invernadero: el cambio que transformó la producción de una pareja de horticultores en la Patagonia
El desconocimiento técnico no los detuvo y durante tres meses se dedicaron a la prueba y el error para ver nacer sus estructuras. «Nosotros la verdad no sabíamos nada de cómo se arma, fue con ayuda de demás compañeros y colegas de la zona lo logramos», confiesa el productor con la humildad de quien reconoce el valor del aprendizaje colectivo.
Fue una etapa de preguntar, mirar modelos de otros productores y ensayar hasta que las estructuras de 50 metros de largo por 60 de ancho quedaron firmes. Para ellos, ver los invernaderos en pie es la representación física de su voluntad: «Es un logro que se pudo hacer; nos dio la curiosidad, nos fijamos cómo hacían otros y lo hicimos».
Dentro de esos túneles de plástico, distintos tipos de tomate, morrón, pepino, chauchas, espinaca, lechuga, rúcula, entre otros cultivos crecen hoy en gran parte ajenos a las heladas y los vientos que azotan en la zona. Según explican, «la producción en invernadero es diferente que en el campo, el producto sale diferente», y les permite rotar cultivos para que la tierra nunca deje de dar frutos.
Plantines
- 3.000
- es el total que tienen sólo de tomates redondos, perita y cherry en el invernadero.
Invernaderos: el motor familiar y el sueño de la tierra propia en la Patagonia
El esfuerzo diario tiene una motivación clara que corretea entre los surcos: sus dos hijas de 4 y 6 años que ya sienten el amor por la tierra. «A ellas les gusta un montón estar acá, vienen por ahí con el agua y cultivan», cuentan sobre las pequeñas que son parte fundamental de este proyecto de vida.
«Nos empeñamos en esto porque es de lo que vivimos y lo que hacemos en familia», afirma la pareja mientras supervisan el sistema de riego por goteo que reemplazó a la inundación tradicional.
Sin embargo, el camino tiene espinas, ya que producen en tierras que no les pertenecen y la estabilidad depende del contrato. «Como no tenemos tierras propias, uno a veces no se quiere arriesgar mucho, porque estas estructuras después hay que desarmarlas para irse», explica Wilber sobre la realidad de muchos horticultores.
A pesar de las dificultades del suelo ajeno, la mirada de los Quispe-Mamani siempre está puesta en el crecimiento. Semanalmente llevan sus productos al Mercado de Productores de la Patagonia y en el Polideportivo 1 dónde está la Feria de Productores en Cinco Saltos.
«Lo que pudimos hacer, aunque no tenemos más para contar, nos da alegría ver que el proyecto sigue y que, a pesar de que es complicado, lo logramos», celebró Lurdes.
«Siempre el sueño de nosotros es producir más en cantidad, tener más. En ese camino estamos de seguir haciendo porque esto es lo que amamos»
Wilber Quispe y Lurdes Mamani, productores de Cinco Saltos.
Comentarios