Amenazas en las escuelas: especialistas advierten sobre el bullying y las redes sociales

Tras la ola de mensajes y retos virales que también impactaron en la región, psicólogas analizan qué hay detrás del malestar adolescente. Sugirieron ciertas claves para entablar un diálogo real con los hijos ante la violencia en redes sociales.

Dos psicólogas advierten sobre la vulnerabilidad de las adolescencias frente a un contexto de violencia generalizado. (Foto ilustrativa: Matías Subat).

La frase “mañana tiroteo” se multiplicó en bancos, baños y redes sociales. El fenómeno, que ya alcanzó a escuelas de Río Negro y Neuquén, activó las alarmas en la sociedad. “Esto es un llamado de atención que demuestra el malestar de los chicos con situaciones de bullying”, remarcó la licenciada en Psicología, Sofía Contreras. La psicóloga Agustina Lenarduzzi, por su parte, advirtió que los adolescentes, a través de estos actos, “demuestran que las cosas no están bien socialmente”.

Contreras pidió no entrar en «pánico», aunque sostuvo que se trata de un síntoma. Remarcó que estas amenazas no son simples bromas, sino expresiones de una generación que padece situaciones de acoso y falta de espacios de escucha real. “A veces, quienes sufren bullying toman esto como una vía de escape o una fuerza de poder. Es un mensaje de ‘ya basta’ porque ven que en otros lugares funciona para captar la atención”, explicó.

Para la profesional, hay que revisar la eficacia de los protocolos actuales dentro de los establecimientos educativos. Opinó que «dejan la sopa hirviendo” sin un seguimiento emocional posterior para alumnos y docentes. Además, pidió a los padres y madres que refuercen la comunicación con sus hijos y no se queden solo con la pregunta: «¿Cómo estuvo tu día?».

Los adolescentes como espejo de la sociedad


La psicóloga, Lenarduzzi, vinculó esta escalada de hostilidad con un contexto sistémico donde la agresión se respira en todos los ámbitos: desde la política hasta el seno familiar. “El ser humano tiene la posibilidad de tener conductas impulsivas, pero algunos no poseen los recursos para regularlas. La violencia que vemos en los adolescentes es consecuencia de lo que aprenden y ven en su entorno”, enfatizó.

Según su visión, el adolescente actúa como un espejo de una sociedad donde el discurso violento se ha naturalizado, lo que debilita el respeto por la vida propia y ajena.

Contreras agregó que el acoso no es un fenómeno exclusivo de las aulas. Para la especialista, el bullying permea todas las capas de la comunidad, incluso en el mundo adulto bajo la forma de hostigamiento laboral. “Es un malestar que se mueve en muchas áreas y que termina por filtrarse en la vida de los jóvenes”, remarcó.

Las redes sociales y el efecto contagio


Las redes sociales juegan un papel determinante en el “efecto contagio”. Para Lenarduzzi destaca, hoy la intimidad está desdibujada. Un video en un grupo de WhatsApp o un mensaje en Instagram bastan para viralizar una amenaza o humillar a un par. “En la adolescencia, el grupo es la referencia. Muchos se suman a estas conductas por imitación o por el deseo de pertenecer, sin dimensionar las consecuencias legales de sus actos”, resaltó.

Contreras también puso en duda la percepción que los jóvenes tienen sobre la gravedad de sus publicaciones. “No sé si los chicos, las chicas y los adolescentes dimensionan que esto es un delito”, señaló. Lo que para muchos surge como un desafío viral o una descarga de bronca en el anonimato de un baño escolar, escaló con rapidez hacia el fuero penal juvenil. Para la profesional agrava el problema, ya que transforma un malestar emocional en un antecedente judicial que marca el futuro del estudiante.

A eso se le suma el desconocimiento de los adultos sobre los códigos digitales. Contreras alertó sobre términos ocultos en videojuegos y plataformas digitales que los padres ignoran, lo que genera una “presencia ausente”: adultos que están físicamente en el hogar, pero desconectados de la realidad virtual de sus hijos.

Amenazas en las escuelas: cómo acercarse a los adolescentes


Frente a este panorama, ambas profesionales coincidieron en que la solución no está en el fuero penal. Si bien la justicia debe intervenir, el abordaje integral requiere fortalecer los vínculos. Contreras sugirió a los padres abandonar el interrogatorio clásico y optar por la «curiosidad genuina».

En lugar de preguntar “¿cómo te fue?”, recomendó indagar sobre la dinámica del grupo: «¿Quiénes son los referentes?, ¿quién es el más inteligente o el más vagoneta? ¿es un curso en el que te sentís cómodo y podés ser vos mismo?». Indicó que «una buena pregunta disparadora» puede ser: «¿Qué información les da la escuela sobre estos temas? ¿Vos qué opinás sobre lo que sucede?». El adolescente, para abrirse al diálogo necesita sentir que existe un resguardo y una contención real.

Lenarduzzi, en tanto, propuso impulsar el deporte como herramienta de salud mental. «Ayuda a regular la impulsividad y a conectar con otros de forma saludable”, remarcó. A los adolescentes que se sienten solos en su hogar, los invitó a hablar con un tío, un amigo, un docente, alguien con quienes se sientan cómodos.

Frente a un escenario que a veces parece gris, la profesional alentó a los jóvenes a conectar con el lado luminoso de la vida. No todo es conflicto, las cosas buenas se pueden apreciar en la materia que les despierta interés, en el encuentro con amigos o en el sabor de la comida que prepara la abuela.

Las amenazas en las escuelas son un síntoma de una crisis vincular y de la palabra. Para las psicólogas se deben abrir canales donde el dolor de los jóvenes encuentre un lugar para decirse sin necesidad de recurrir a la violencia simbólica o física. La escuela, la familia y el sistema de salud enfrentan el desafío de reconstruir una red de protección que luce degastada.


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