El futuro es botánico: tres hermanos crearon un jardín acuático que maravilla en El Bolsón
Con más de 15 años de trayectoria, Kementári combina el cultivo de plantas acuáticas, el diseño de estanques y el paisajismo sustentable en un paseo que crece al pie del cerro Piltriquitrón. Detrás del proyecto están los hermanos Merino, que buscan impulsar la cultura verde y apuestan a que el futuro sea botánico.
Con más de 15 años de trayectoria, el jardín acuático “Kementári”, ubicado en una de las laderas del cerro Piltriquitrón, se convirtió no solo en un vivero abocado al cultivo de plantas acuáticas, el diseño de estanques y el paisajismo sustentable sino en un paseo que seduce cada vez más a los turistas en El Bolsón.
Detrás de este emprendimiento, hay tres hermanos que, desde hace años, se deleitan con el hecho de trabajar con “las manos en la tierra mojada”. “El futuro es botánico” es la premisa de la que parten.
“Nuestro papá es antiguo poblador y con mi hermano gemelo, siempre sentimos una fascinación por las plantas, por lo verde. Cuando teníamos siete años, tuvimos nuestro primer estanque y conseguimos una planta acuática: un nenúfar. Ahí arrancó todo: porque como cualquier niño curioso, empezamos a investigar”, relató Juan Merino, uno de los tres hermanos.

Se obsesionaron con la búsqueda de información del mundo acuático en revistas de jardinería y en documentales. Y luego, accedieron a una planta carnívora y a varios cactus. “Nuestros papás, Marta y Tomás, siempre nos apoyaron en esta dirección y nos traían alguna planta de regalo. Ese era nuestro mejor regalo. Mi padre es fanático de los animales y tiene pavos y gallinas de Guinea que andan por el estanque. Imaginate la jungla”, dijo.
Muchas veces, la gente se acercaba para mirar el estanque, atraída por los nenúfares, una especie exótica que prefiere las aguas más cálidas. “En 2011 pusimos un cartelito y empezamos nuestros primeros trueques, miniventas. La fascinación por sumar más plantas acuáticas al vivero hizo que fuéramos creciendo”, admitió.
Hoy el vivero cuenta con más 25 especies de nenúfares -las flores que salen del agua- distribuidos en ocho estanques en una hectárea en el predio del cerro Amigo. “El nenúfar es nuestro fuerte. El inconsciente colectivo les dice loto, pero en realidad es otra planta que también tenemos”, acotó.
Cuando los empezó a visitar gente de Bariloche, Neuquén, Esquel, Puerto Madryn, se dieron cuenta que el emprendimiento estaba creciendo. Necesitaban “una mano más y en lo posible, una mujer”. Así fue que Almendra, la hermana mayor, se sumó al proyecto y, en opinión de Juan, aportó “mayor belleza estética al lugar”. En ese momento, optaron por buscar un nombre para el emprendimiento y se inclinaron por uno vinculado a la mitología: “Kementári” que significa “Diosa de la Naturaleza”.
En el último tiempo, los hermanos Merino tuvieron la oportunidad de conocer distintos jardines botánicos de otros países que los motivó a replicar ideas en El Bolsón y “trabajar con más fuerza”. Visitaron los Jardines de Kew, el jardín botánico más importante del mundo, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Ubicado en el suroeste de Londres, cuenta con invernaderos victorianos (esbeltas estructuras de hierro o acero forjado y grandes paneles de vidrio que retienen la humedad y el calor de manera particular). “Tienen la Victoria boliviana y la Victoria cruziana (conocida comúnmente como irupé), dos de las especies más fascinantes de nenúfares gigantes. Allá se trabaja mucho el lema de que el futuro es botánico. Lo verde genera fascinación y es esperanzador”, planteó.
Para esta temporada de verano, los hermanos tienen previsto articular el paisajismo con la producción, la educación y el turismo. En estos años, han visitado escuelas rurales y han ofrecido charlas gratuitas sobre plantas en la universidad. «Estamos muy involucrados en esto de la cultura verde”, señaló Juan y aclaró que no hay proyectos similares “en el sur del país”.
“Más allá del cultivo de acuáticas, nos dedicamos además a la construcción de estanques. Somos pioneros en esto y con los años, hemos reunido experiencia”, dijo. Muchos vecinos han solicitado reservorios de agua próximos a sus viviendas, a partir de los incendios que son cada vez más frecuentes en la zona. “Un cliente nos comentó que el estanque le salvó su casa del fuego en El Hoyo», valoró Juan. Contó además que hay “miniestanques” y mencionó el caso de una tía que vive en un departamento en Bariloche. En una maceta con un poco de arcilla, sembró un nenúfar que florece todos los años. “Las posibilidades de disfrutar son infinitas”, acotó.
Lo que más les atrae del mundo acuático a los Merino es “la paz y la armonía que transmite un estanque con sus peces y plantas”. Juan lo definió como un santuario de la biodiversidad en el que “la flora y fauna están en equilibrio y armonía”.
“Un estanque implica que el agua debe estar serena, estancada, pero no significa que deba estar verde. Debe estar equilibrada», planteó.
El vivero cuenta con palustres, plantas que se encuentran en la orilla de los estanque, además de las flotantes como las lentejitas (Lemma), las arraigadas -que sujetan sus raíces al fondo del estanque- y las oxigenadoras -especies acuáticas que viven completamente sumergidas y liberan oxígeno al agua durante el día mediante la fotosíntesis-. Abundan las carnívoras, también, que son plantas de pantano.
Los hermanos han traído algunas plantas del norte hace más de 15 años y aseguraron que “ya están muy adaptadas, aunque somos honestos al comercializar”. “Muchas personas compran a viveros de otras latitudes y nos les explican que el frío por la noche mata todo. Nuestra plantas pasan por procesos de adaptación en invernaderos hasta que están en condiciones de resistir el frío de esta zona”, señaló.
Mediante el contacto por redes sociales, se coordinan las visitas al vivero. Aclararon que la temporada está atrasada porque la apertura se da cuando brotan las plantas. Por eso, estiman que será a fines de octubre, comienzos de noviembre.
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