En Challacó los niños aprenden de la tierra: la escuela 176 promueve la producción junto a la tecnología

El edificio escolar está a pocos metros al sur de la Ruta 22. El paraje se encuentra a 20 kilómetros de Plaza Huincul.

Estudiantes de primaria están involucrados con la propuesta. (Foto: Gentileza)

En el paraje Challacó, la escuela primaria N° 176 atiende a nueve estudiantes repartidos en dos plurigrados. El equipo de docentes de este establecimiento rural impulsa los proyectos vinculados con la producción mientras avanzan a que la institución se transforme en una de jornada completa.

Al lugar se accede por la Ruta nacional 22, desde Plaza Huincul, después de transitar hacia el este, unos 18 kilómetros aproximadamente. Está al sur de la vía nacional.

La escuela que funciona hace 39 años está enclavada en la meseta y recibe a niños cuyas familias viven en los alrededores, en puestos con crianza de animales. El equipo de docentes y directora, está abocado a transformarla para que sea de jornada completa, con la aplicación de distintos proyectos orientados a la producción.

La cosecha de membrillos para la producción de dulce, el funcionamiento de la huerta y la granja, son parte de las actividades que plasman en las clases. La innovación es la cría de codornices en incubadora.

Los estudiantes están repartidos en dos salas plurigrado: una que agrupa a nivel Inicial y primer ciclo de Primaria. La otra incluye desde cuarto a séptimo grado. Al respecto, la directora institucional, Paola Godoy, describió que cuentan con «laboratorio científico-tecnológico donde pueden hacer experiencias, sala de computación equipada con una notebook para cada uno, pizarras digitales y conectividad”.

Son nueve los niños que se distribuyen en dos plurigrados. (Foto: Gentileza)

En este contexto, buscan que el equipamiento se vuelque al servicio de propuestas integrales que resulten significativas para las niñas y los niños. Entonces, el equipo de docente se dedicó a articular los contenidos troncales a propuestas pedagógicas de fuerte vinculación con la naturaleza y sus ciclos.

Esto permitirá conectar e interrelacionar los saberes de diferentes áreas. Es por eso que la huerta y la granja que tienen vinculan a la mayoría de los proyectos. «La profe de Educación Física, con sus horas excedentes, trabaja con los maestros de grado y lleva el cronograma de siembra, el abono de la tierra. El profe de Plástica trabaja con lombricultura, entonces con lo que se saca de las lombrices después se abona”, sostuvo Godoy.

Para describir otras actividades, la docente especificó que con los árboles de membrillo que hay en el lugar, pudieron cosecharlos y a partir de ahí realizaron el proceso de la mermelada que luego consumieron en la escuela. «En computación había aprendido a diseñar etiquetas, hicieron los rótulos, imprimieron esas etiquetas y las pusieron en los frascos de dulce», acotó.

En tanto, la directora de Ruralidad, Fátima Piussi señaló que es de suma importancia amplicar la carga horaria para que toda la producción tecnológica y agroecológica sea sustentada y afianzada en cada estudiante.

Además, «se le da la significancia a cada contenido planteado desde el territorio situado». Con todo estos fundamentos se impulsa el trámite para que la escuela pueda pasar a ser de jornada completa.

Se inició el proyecto de cría de codornices en incubadora. (Foto: Gentileza)

Una incubadora para criar codornices


La granja del establecimiento incluye patos, gansos, conejos y próximamente tendrán gallinas ponedoras. Godoy describió que en este espacio se aprovecha a fondo la interacción con los conocimiento. «Todo lo que pasa con los animales se relaciona con Ciencias Naturales. Entonces, llevar a cabo proyectos permite trabajar contenidos y que las y los estudiantes vean ciertos procesos en vivo y en directo, de manera práctica», contó.

En la escuela funciona un aula tecnológica equipada, entre otros elementos, con una incubadora. La docente Valeria Ramidan inició hace dos semanas el proceso de incubación y cría de codornices con los estudiantes de los dos plurigrados.

«Queríamos que pudieran ver lo que es la incubación de un huevo, el crecimiento, hasta la producción, o sea todo el ciclo de la vida de un polluelo. Como las codornices tienen un período de incubación muy corto, van a poder observar y va a ser maravilloso», auguró la maestra.

Finalmente, se explicó que la incubadora automática permite la investigación y el aprendizaje activo a través de la experimentación y el uso de herramientas innovadoras. En la escuela esperan que se cumplan los 18 días de incubación, después 15 días en criadora y luego a los 35 días que las aves ya adultas empiecen el ciclo de puesta de huevos y reproducción.


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