Parece un submarino, es única en el país y promete revolucionar la salud desde Neuquén
La Clínica Pasteur sumó una cámara hiperbárica que funciona como "una olla a presión". Qué beneficios trae y para qué patologías se utiliza.
«Guau», se escucha al entrar en la sala. Sobre la derecha un conteiner muy similar a un submarino ocupa la casi mitad del consultorio. Es la cámara hiperbárica que adquirió la Clínica Pasteur en Neuquén. La médica clínica, Cintia Becerra, indicó que puede ser útil en casos como heridas difíciles de cicatrizar, úlceras diabéticas y venosas, quemaduras, algunas infecciones y lesiones con inflamación.
«Esta cámara es única a nivel país, es de origen alemán, no existe en otro lado. Implica que vamos a hacer centro de referencia a nivel nacional para todos los otros centros que ya hacen hiperbárica hace muchísimo tiempo», enfatizó la profesional.
Actualmente, el equipo se encuentra a la espera de la habilitación sanitaria definitiva por parte de las autoridades de Salud. Una vez concluidos los trámites, estará en condiciones de comenzar a operar de manera oficial, recibiendo a pacientes ambulatorios.
«Esperemos que sirva para toda la región y para toda la comunidad», confió el buzo profesional que integra el equipo, Jonatan Padilla.

Qué es y qué beneficios trae la medicina hiperbárica que llega a Neuquén
La medicina hiperbárica es un tratamiento en el que una persona respira oxígeno puro. Becerra explicó que, en condiciones habituales, el aire que ingresa a los pulmones tiene un 21% de oxígeno, pero en la sesión el paciente respira oxígeno al 100% a través de una máscara. Todo esto ocurre mientras permanece sentado dentro del habitáculo, el cual se presuriza con aire ambiente.
«Es como si fuese una olla a presión», graficó la médica. Al aumentar la presión del entorno, el oxígeno no solo viaja en los glóbulos rojos, como ocurre habitualmente, sino que se ve forzado a disolverse directamente en el plasma sanguíneo. Así, la persona logra tener «200 veces más de oxigenación en el cuerpo», un efecto terapéutico para desinflamar y recuperar tejidos dañados.
Becerra señaló que, pese a los beneficios y a que la técnica existe hace más de 60 años, su uso en la medicina tradicional se ha difundido poco. Históricamente, su desarrollo quedó circunscripto a las fuerzas navales y al buceo comercial.
Según su perspectiva, no se ha popularizado en el sistema sanitario del país porque: «No es simple de instalar, no es simple de mantener. Necesitás tener gente especializada, tanto el médico como el técnico».
Mencionó que, además de las barreras logísticas, se suma el desafío de la evidencia médica estandarizada. Como cada paciente responde de manera diferente, los tratamientos hiperbáricos son muy personalizados. «A veces se enlentece poder demostrar científicamente los beneficios y ese es el punto cuando te quieren discutir las farmacéuticas, que te dicen ‘mi antibiótico sí lo puedo demostrar con reglas, con tablas'», remarcó la especialista.
Sostuvo que «no es una medicina que reemplaza nada», sino que «complementa» y busca acortar los tiempos de cicatrización, reducir el consumo de analgésicos o antiinflamatorios, pero sobre todo: «Mejorar la calidad de vida de los pacientes». «Un paciente con una úlcera diabética que no cierra sufre dolor crónico y riesgo de amputación. Este oxígeno extra ayuda a cicatrizar esa herida», ejemplificó.
El camino de Becerra hacia esta disciplina fue paulatino. Tras recibirse en la Universidad Nacional del Comahue, hizo su especialidad en clínica médica y luego se enfocó en heridas. Fue allí donde descubrió el potencial de esta terapia. Al ingresar a la Clínica Pasteur y enterarse del proyecto, aceptó el desafío de formarse. Completó un curso dictado por la Sociedad Argentina de Medicina, con prácticas intensivas en un centro especializado de Buenos Aires.
Hoy, la indicación del tratamiento depende de una evaluación individual exhaustiva, ya que existen contraindicaciones. Antes de comenzar, el equipo médico revisa los antecedentes de la persona para determinar si tolera los cambios de presión. Un neumotórax no tratado, por ejemplo, impide realizar la terapia. Además, durante la sesión pueden aparecer molestias en los oídos, por lo que la presurización se hace de forma gradual y bajo estricta supervisión.
En cuanto a la cobertura, Becerra explicó que, una vez habilitado, al tratarse de un servicio nuevo la participación de las obras sociales se definirá mediante convenios futuros, aunque patologías puntuales como la intoxicación por monóxido de carbono o el pie diabético suelen tener mayor reconocimiento.
Cómo funciona la cámara hiperbárica y cómo se vincula con el buceo
Para entender el funcionamiento técnico del equipo hay que seguir a Jonatan Padilla, buzo experto especializado en medicina hiperbárica. Detalló que el sistema trabaja modificando la presión ambiente del recinto gracias a una instalación externa.
«Se agrega presión a través de una planta de aire que está afuera, de compresores y tanques de volumen, que tienen el doble de volumen de aire que lo que tiene este recinto”, precisó. De este modo, los especialistas logran aumentar la presión interna garantizando una reserva constante durante toda la sesión.
Señaló que, adiferencia de los equipos tradicionales que operan de forma puramente mecánica, este modelo combina mecánica con electrónica avanzada, priorizando un alto nivel de seguridad. Al trabajar con un gas combustible como el oxígeno, los pacientes tienen estrictamente prohibido ingresar con celulares, pilas o baterías.
Para mantener la comunicación constante, utilizan micrófonos y teléfonos especiales que funcionan sin corriente eléctrica, similares a un sistema de radio. «En caso de que se corte la luz, este equipo tiene un sistema de batería que nos puede abastecer dos horas y media», indicó el buzo.
El diseño de la cámara está ligado al mundo submarino, ya que fue fabricada para operar en condiciones extremas como la Antártida o la cubierta de un barco. Tiene una «precámara» que funciona como una sala de transición.
Padilla explicó que este compartimento secundario resulta vital ante una urgencia: si un paciente se descompensa, un médico puede ingresar por allí, asistirlo y volver a salir sin necesidad de interrumpir el tratamiento del resto, ya que este sistema permite conservar «la presión de trabajo dentro de la cámara principal».
Padilla indicó que las máscaras que utilizan los pacientes son «a demanda», lo que significa que el sistema se activa únicamente con la inhalación de la persona. «Es muy parecido a un regulador de buceo», graficó.
Esta similitud en el equipamiento refleja el vínculo entre ambas disciplinas, fundamentado en las leyes de la física y los cambios de presión. El experto explicó que cuando un buzo asciende a la superficie con rapidez, la caída abrupta de la presión provoca la formación de burbujas de gas en su torrente sanguíneo.
La cámara hiperbárica actúa para revertir este proceso: al aumentar de nuevo la presión del entorno y suministrar oxígeno puro, logra disolver esas burbujas y restablece la circulación habitual. Así, el equipo recrea las condiciones de inmersión para ejecutar una descompresión controlada que estabiliza al paciente de forma segura.
La primera jornada de medicina hiperbárica en Neuquén
El viernes 2 de octubre se desarrollará la Primera Jornada de Medicina Hiperbárica en Neuquén capital. El encuentro, declarado de interés municipal, tendrá lugar en el auditorio de la Universidad UFLO, ubicado en la intersección de Buenos Aires e Independencia, entre las 13:30 y las 18:30 horas.
Esta actividad está dirigida a profesionales de la salud con el objetivo de compartir conocimientos sobre la fisiología, los mecanismos de acción y las normativas de bioseguridad del oxígeno hiperbárico.
El cronograma cuenta con disertantes locales y nacionales de múltiples especialidades para abordar la aplicación de esta terapia desde un enfoque interdisciplinario. El doctor Alberto Teme, la doctora Nina Subbotina y la propia médica Cintia Becerra expondrán sobre el uso de la cámara en traumatología, oncología, pediatría, infectología y medicina deportiva.
A través de este espacio formativo, los especialistas buscan despejar mitos, analizar evidencias científicas y establecer rutas de derivación claras para ampliar los horizontes terapéuticos de los pacientes.
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