«Se te impregna en el alma»: el testimonio de un rescatista de Villa La Angostura en el terremoto de Venezuela
Criado en Viedma, combate incendios forestales en la cordillera de Neuquén. Ahora, se tomó vacaciones y gastó su aguinaldo para colaborar, tras los derrumbes en La Guaira.
Damián Quillón es bombero voluntario en Viedma y brigadista en Villa La Angostura, pero se preparó para rescatar personas utilizando drones. Cuando ocurrió el terremoto en Venezuela supo que tenía que ir para aplicar todo lo aprendido. El viernes pasado llegó a La Guaira y, desde entonces, ya se metió en lugares confinados para rescatar personas «vivas o muertas». Mientras dialoga con Diario RÍO NEGRO le cuesta procesar lo que está viviendo: «Por más que uno se prepare, es muy doloroso». Aseguró que las imágenes y los olores se «impregnan en el alma».
Partió con la brigada de Fénix Unit Rescue liderada por Guillermo Arana Leyton, integrada por brigadistas de San Juan, Mendoza, Neuquén, Río Negro y otras partes del país. Destacó a sus compañeros de incendios forestales en Villa La Angostura, José López y Celeste Alvarenga, «todos excelentes profesionales».
“Es como una zona de guerra, con destrucción total y muchos cuerpos. Por más que uno se prepara no alcanza, porque del escritorio a la realidad es otra cosa. Es muy duro», confesó. Sin embargo, está convencido de que Venezuela es el lugar donde hoy tiene que estar. Usó sus vacaciones y sus ahorros para poder viajar.

Volar el dron y abrir ventanas: las tareas del rescatista de Villa La Angostura
Cuando llegaron a La Guaira se encontraron con una imagen desoladora. «No sé si es suerte o desgracia conocer a Venezuela en este momento. Al arribar nos encontramos con imágenes durísimas de la gente en la calle, de las estructuras colapsadas, los cuerpos. La verdad que muy impactante», contó Damián.
Frente a un escenario tan complejo, los habitantes de la localidad portuaria no pierden su calidad humana. «Es impresionante el recibimiento y cómo nos tratan. Acá en el campamento vienen y traen comida. A pesar de su dolor ellos se preocupan por nosotros. Eso te toca el corazón», remarcó el brigadista. Eso le da la fuerza para arriesgar la vida y escarbar entre las ruinas.
Damián se especializó con la organización de ayuda humanitaria, Fénix United Rescue. Se especializó en drones y esa es su principal tarea en Venezuela. «Con el dron satelital miramos desde arriba la zona, buscamos presuntas entradas, huecos, posibles ventanas. Desde arriba hago un paneo», relató.
Explicó que, una vez que ya reconoció los huecos que sirven como ventanas de acceso, introduce el dron para espacios confinados, hace un paneo y se mete. Aunque constata que sea un lugar seguro, señaló que «nada es completamente seguro porque se puede colapsar en cualquier momento». «O sea que estás arriesgando la vida», reconoció.
Al ingresar, se arrastra buscando a las víctimas. «Alguien tiene que entrar y me toca a mí. Con el dron evito salir lesionado y ver con qué me voy a encontrar ahí adentro. Estamos hablando de espacios confinados. El lugar es totalmente impactante, fuertísimo, es inexplicable. Imaginate en un lugar cerrado como debajo de la cama, encerrado ahí con un calor impresionante, lleno de cuerpos, de hedores. Es muy muy fuerte. Tenés que estar muy concentrado, hacer vista túnel y seguir para adelante, avanzar y avanzar», graficó.
Ahora se concentraron en la búsqueda de Lucas, un niño que ayer cumplió los 10 años. «Si Dios quiere lo vamos a encontrar con vida, estamos muy cerca», confió Damián. Sin embargo, hasta ahora ha tenido que comunicar hallazgos sin vida. «En este edificio estamos llegando casi al sótano. Logramos acceder al piso número seis, del seis al cinco encontramos personas lamentablemente muertas, se les transmitió a la familia y nos dijeron: ‘Gracias, cerré un ciclo’», relató.
Le cuesta deshacerse de la imagen una vez fuera de los edificios derrumbados. «Pasar al lado de un cuerpo, o de muchos cuerpos, arrastrándote en un espacio cerrado, con ese olor nauseabundo, asqueroso, que te invade totalmente. Por más que te laves, que te eches perfume, te queda impregnado en la piel, en el cuerpo y el alma», enfatizó.
Con días de vacaciones y el aguinaldo: así logró llegar a Venezuela
Damián Quillón tiene 42 años y nació en Buenos Aires, pero de muy chico se fue a vivir a Guardia Mitre y Viedma. Allí creció y se especializó como bombero voluntario y brigadista. Luego se fue a Villa La Angostura e ingresó a la brigada para combatir incendios forestales.
Pidió los días en el trabajo para poder ir a colaborar en la catástrofe de Venezuela y no se los dieron. «Tuve que pedir vacaciones porque no me dejaban venir a salvaguardar vidas, porque uno se entrena y estudia para esto, pero bueno, lamentablemente es así. No me importó, esto es lo que me gusta y no me hubiera gustado quedarme de brazos cruzados sin hacer nada», recalcó.
Lo mismo sucede con los gastos: corren por su cuenta. «El mismo viaje me lo tuve que costear yo, al igual que mis compañeros, vinimos en un avión privado, somos 15 brigadistas y 15 doctores venezolanos, a los cuales les toca muy de cerca», señaló y agregó: «Me gasté todo el sueldo y el aguinaldo para llegar hasta acá. Creo que me quedan unos 60 mil pesos».
No sabe cuándo regresará, aunque en principio eran 10 días de misión. Sin embargo, dependen de la logística y los recursos que son limitados. Lo que sí sabe es que, sin duda, la experiencia lo transformará profundamente y que no se arrepiente. «Amo lo que hago», aseguró.
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