“Un día decidiremos que no queremos que nos gobiernen más”

Por Redacción

Somos mudos testigos de las decisiones y los desvaríos de nuestros representantes. La clase política ya no es necesaria. Es obsoleta, deficiente y onerosa. Pacta con los intereses del capital por sobre el bien común. Su prioridad es el comercio por sobre el bienestar de la sociedad toda. Crece año a año: los empleados públicos, las “comisiones para el estudio de…”, los asesores, los viáticos. Ellos mismos votan sus aumentos de sueldo mientras los indigentes y los que viven fuera del sistema aumentan año a año. Son generaciones y generaciones de ciudadanos libres caminando por las calles, sentenciados a una vida marginal, sin ninguna esperanza de pertenecer a una sociedad que los considere semejantes. Terminemos con la mística caudilla, los líderes y los grandes ideales. Digamos las cosas como son: los políticos son empleados públicos, su misión es administrar. Son empleados administrativos, nada más que eso, y por los resultados que están a la vista lo hacen bastante mal. Hoy tenemos la infraestructura necesaria para autoadministrarnos al alcance de la mano: hardware, software de gestión y administración, la web. Es simple, hay que comenzar. Es como vaciar una industria declarada en quiebra. Reducir la administración pública a su más mínima expresión. Transferir el poder de decisión sobre inversión en infraestructura y servicios a la ciudadanía a través de las juntas vecinales y barriales fue un buen comienzo de iniciativa cuando cayó De la Rúa en Buenos Aires. Buscar la autogestión, que cada barrio autoadministre sus recursos por votación con aplicaciones para dispositivos móviles o PC. Se puede lograr, obviamente que los primeros opositores son los políticos mismos. Esto tiene que cambiar. Esto debe cambiar para bien. Ya es hora de despertar del anhelado sueño de bienestar. Bienestar de unos pocos acomodados con sueldos millonarios, viviendo a expensas de los impuestos de los contribuyentes. Esto es una injusticia flagrante. Es un crimen de lesa humanidad. Ni siquiera somos esclavos, no. Nos dejan libres y sin oportunidades, libres para morir de hambre. No necesitamos que nos digan qué hacer con nuestro dinero. No necesitamos más licitaciones fraudulentas con presupuestos diez o más veces mayores a los del mercado laboral. No necesitamos financiar empresas del estado deficitarias en millones de pesos por día. No queremos verlos más paseándose por todo el planeta en sus reuniones de mandatarios, alojándose en lujosos hoteles con inmensas comitivas, cenas de lujo y gastos ostentosos innecesarios mientras siguen sin resolver nada. Esto no puede seguir sucediendo. Benjamín Ernesto Lanusse DNI 16.941.379 Bariloche

Benjamín Ernesto Lanusse DNI 16.941.379 Bariloche