Una era agitada y sangrienta
La ceremonia de ayer marca el fin de una era agitada y sangrienta, durante el cual EE. UU. creyó que eliminando al dictador Saddam Hussein, ganaría automáticamente la confianza de los iraquíes. Pero este guión fracasó rápidamente debido a sus errores, en particular el desmantelamiento del ejército y de los servicios secretos o la depuración despiadada de los ex miembros del Baas, el ex partido en el poder. De esta manera dejaron el campo libre a una muy violenta insurrección y no pudieron impedir una sangrienta guerra confesional entre chiitas y sunnitas. Los estadounidenses reconstruyeron a partir de cero el ejército, la policía y las instituciones . En 2008 consiguió cambiar el curso de la guerra que estaba perdiendo al enviar 170.000 soldados al terreno. También debió favorecer el retorno de jefes tribales sunnitas enojados por los abusos de los combatientes de Al Qaeda. (AFP)