Dejar la ciudad para volver a la naturaleza: glamping, lagunas y vida de chacra en Roca

A solo 10 kilómetros del centro de General Roca y a 45 del aeropuerto de Neuquén Capital, Las Lagunas Agroturismo transforma 18 hectáreas de frutales, animales y tranquilidad en una experiencia de turismo rural pensada para reconectar con la naturaleza.

Las lagunas y el monte nativo convierten a este rincón de General Roca en un refugio de naturaleza. Fotos: Juan José Thomes.

Menucos debe su nombre al vocablo tehuelche que significa “Ojos de Agua”, y en este rincón tranquilo de Roca las lagunas forman parte del paisaje. En sus bordes, anidan aves de todo tipo durante todo el año. En ese lugar, a las 9 de la mañana de un día de otoño, una nutria se lava la cara con sus patas delanteras y luego se lanza a nadar entre la niebla que sube furiosa mientras el sol comienza a entibiarla.

Emilio Scola y Cintia Monsalves llegaron allí hace años para cambiar de vida, apostar al turismo y criar a sus hijos en contacto con la naturaleza. Transformaron esas 18 hectáreas en un paréntesis de ciudad, lindo y necesario.

Las Lagunas Agroturismo está a solo 10 kilómetros del centro de General Roca. Al llegar, como manda la vida de chacra, tres perros salen a recibir al visitante moviendo la cola. Detrás aparece Emilio y el entusiasmo con el que habla de lo que hacen se contagia enseguida.

Las lagunas naturales son el corazón de este proyecto.

Cuenta que ambos nacieron en Roca y que un día decidieron dejar sus trabajos porque querían vivir de otra manera. “Compramos estas 18 hectáreas y armamos este proyecto de turismo rural, que más que un proyecto turístico es nuestro proyecto de vida. Todo lo que hacemos lo pensamos para la gente que viene, pero también para la vida que queremos nosotros y nuestros hijos”, explica.

Emilio recuerda la chacra de su abuelo, el esfuerzo cotidiano y también los enojos cuando las cosas no salían. Aun así, eligieron ese camino. “No fue heredado, no hubo mandato. Dejamos nuestra vida, agarramos la plata que teníamos y dijimos: nos vamos. Estamos felices. A los chicos los tengo que obligar a salir para ir a la escuela. Esto es naturaleza, es la esencia total de la vida”, cuenta.

La chacra tiene plantaciones de manzanas y peras, pero también lagunas que suben y bajan de caudal según el comportamiento del río. A eso se suma un sector de monte nativo con jarillas, alpatacos y piquillines.

“Todos hablamos del Valle verde, pero en realidad vivimos en un desierto irrigado. Acá sobrevivieron cuatro hectáreas del monte original y es mágico. Cuando caminás ahí ves aves que no aparecen en la chacra. Hacen nido, comen coirón. Por eso decimos que acá conviven tres o cuatro ambientes distintos”, relata.

La casa principal está frente a un parque. A un lado hay mesas y bancos prolijos; al otro, los corrales donde los animales esperan el desayuno. Emilio avanza por una huella, atraviesa el monte y llega hasta la laguna grande. “Esto es un ecosistema vivo funcionando. Hay cisnes de cuello negro, patos, nutrias, garzas y peces. Ahora tenemos biguás que llegan desde la cordillera escapando del frío y en septiembre desaparecen de golpe. Después llegan las golondrinas”, dice.

Los animales son los favoritos de los más pequeños.

Más adelante aparecen los domos blancos, instalados frente a otra laguna más pequeña. Tienen deck bajo los árboles y están preparados para alojar hasta cuatro personas, con cocina, baño, parrilla, ropa blanca y utensilios. El servicio incluye un desayuno artesanal y personalizado. “A la tardecita les traigo una canasta con huevos de nuestras gallinas, frutas, panes caseros, dulces y productos de la huerta. Todo es muy personalizado”, explica.

Emilio recuerda a las dos hermanas jubiladas de Neuquén que se fueron hace poco. “Se levantaban, desayunaban mirando la laguna, después recorrían el lugar y a la noche se hacían un asadito. Estaban felices”, cuenta Emilio.

Desde hace un año también ofrecen excursiones para familias y visitas educativas para escuelas. Allí los chicos aprenden haciendo: podan frutales, esquilan ovejas o alimentan animales de granja.

“Después de recorrer los ambientes vamos a la granja. Hay ovejas, gallinas, vacas, conejos, un burro, un caballo y pavos reales. Largamos las gallinas, juntan huevos, les damos un fardo a las ovejas. Los chicos conectan con eso y los padres también. Muchos dicen: ‘me hace acordar a la chacra de mi abuelo’. Conectar, esa es la palabra”, asegura.

Cuenta que hacer turismo en estas tierras, no es lo mismo que en ciudades netamente turísticas. “Yo tengo que salir a buscar al turista asegura”. Por eso, para sostener el proyecto también diversificaron la producción. Tenían dos condiciones: no usar agroquímicos y apostar a productos con valor agregado.

“Plantamos lavandines para hacer aceites esenciales e hidrolatos, sembramos alfalfa para los animales y tenemos cultivo de gírgolas sobre troncos”, explica mientras muestra el invernadero oscuro donde crecen los hongos.

Emilio recibe a los visitantes entre perros, gallinas, lagunas y domos frente al agua.

Más allá, tres hombres trabajan en la construcción de una plaza para los chicos que llegan con sus familias o con las escuelas. Un poco más adelante, la vieja casa de la chacra empieza a transformarse en un futuro salón de eventos.

“Los chicos vienen, aprenden y se llevan una experiencia. Nosotros hacemos esto con pasión. Queremos que quienes pasen por acá se lleven un poco del amor que sentimos por la naturaleza y por este lugar”, concluye Emilio.


Dónde queda y como llegar


  • Está a solo 10 kilómetros del centro del Roca, y a 45 del aeropuerto de Neuquén Capital. Podés llegar en auto, colectivo y bicicleta se encuentra ubicado en la calle Lago Quillen 4949.
  • Para llegar debes tomar la rotonda de Ruta 6 y 22, siguiendo la primera, cruzar el primer puente, al pasarlo tomar la primera calle a mano derecha y seguir 1.8 kilómetros hasta llegar a Las Lagunas.
  • Para reservar contactar en Instagram a @laslagunasagroturismo.
Emilio y Cintia buscaron criar a sus hijos en otro entorno.

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