Dormir dentro de un avión, colgado de una montaña o en un vagón: los alojamientos más extraños del país

a no siempre se elige un destino para después buscar dónde dormir. Cada vez más viajeros hacen el camino inverso: descubren un hospedaje extraordinario y convierten la estadía en el motivo principal de la escapada. En Argentina hay propuestas que permiten dormir frente al Fitz Roy, en antiguos vagones de tren, dentro de un huevo de dragón o en un avión convertido en hotel.

Por Redacción

Dormir también puede convertirse en una experiencia: alojamientos singulares que invitan a viajar de otra manera.

¿Y si esta vez el lugar donde dormir fuera el motivo para hacer las valijas? No se trata solo de un mapa o una reserva de pasajes, sino del descubrimiento de un lugar diferente. Una habitación suspendida frente a una montaña, un antiguo vagón de tren convertido en refugio, una estructura con forma de huevo o la cabina de un avión transformada en suite pueden ser suficientes para cambiar el rumbo de una escapada.

La forma de viajar está cambiando y el alojamiento dejó de ser, en muchos casos, el lugar donde simplemente se pasa la noche. La habitación, el entorno y la historia detrás del proyecto forman parte de la experiencia y, para algunos viajeros, son directamente el motivo para hacer las valijas. En Argentina hay propuestas que llevan esa idea al extremo. Algunas nacieron de una obsesión, otras de un hobby familiar y otras de la imaginación de sus creadores.


A 340 metros de altura, frente al Fitz Roy


En El Chaltén hay quienes caminan durante horas para conseguir la postal perfecta del Fitz Roy. Otros encontraron una manera mucho más radical de quedarse frente a la montaña. Ovo Patagonia está compuesto por cuatro cápsulas de acero y policarbonato adheridas a una pared de roca, a cientos de metros de altura y con una vista privilegiada del Fitz Roy. Pero el verdadero desafío comienza antes de entrar a la habitación: el acceso se realiza por una vía ferrata suspendida sobre el vacío.

Las cápsulas de Ovo Patagonia están suspendidas frente al Fitz Roy y ofrecen una experiencia donde el paisaje es protagonista.

Cada cápsula está distribuida en tres niveles. Arriba se encuentra la cama matrimonial; en el sector intermedio, un pequeño living y baño seco; y debajo, una red suspendida sobre la montaña, con almohadones para quedarse mirando el paisaje desde una perspectiva difícil de olvidar. “Es un espacio diseñado para que nunca más te olvides que estuviste en el OVO, colgado de la montaña”, explicó Ezequiel Ruete, uno de los responsables del proyecto.

Aquí dormir no es solamente descansar. Es despertarse frente a una de las postales más impactantes de la Patagonia y convivir durante unas horas con la sensación de estar suspendido entre la roca y el cielo.


Dormir en un vagón y viajar al pasado


Los trenes tienen algo que los hoteles convencionales difícilmente puedan reproducir: historias. Tal vez por eso Arturo Figueroa decidió rescatar antiguos vagones ferroviarios y darles una segunda vida en San Antonio de Areco.

Antiguos vagones ferroviarios fueron restaurados y convertidos en habitaciones en San Antonio de Areco.

Los Vagones de Areco nació a partir de una idea familiar. Arturo comenzó restaurando un antiguo vagón y, de a poco, fue sumando otros. Cada incorporación tenía detrás una búsqueda: enterarse de que alguien vendía un vagón, viajar hasta el lugar, negociar y finalmente llevarlo hasta el predio.

“Todo lo hizo mi viejo, desde la decoración hasta la restauración”, cuenta Candelaria, una de sus hijas, que hoy forma parte del proyecto. Los vagones fueron transformados en habitaciones con baño privado, aire acondicionado y hasta calienta colchones para los meses fríos. El Peña, por ejemplo, es un antiguo furgón de cola llegado desde Corrientes, mientras que un vagón comedor que pasó tres décadas en la estación Devoto se convirtió en el corazón gastronómico del lugar.

La experiencia no termina en la habitación. Los huéspedes reciben una picada y vino, por la tarde hay budines, chipá y algo caliente, y la cena se sirve en el histórico vagón comedor. Después llega el fogón bajo las estrellas. El predio también funciona como una pequeña cápsula del tiempo, con objetos y reliquias ferroviarias que forman parte de la colección de Arturo.


Un huevo de dragón en medio del valle


En Trevelin, donde los campos de tulipanes transforman el paisaje en primavera, hay una construcción que parece salida de una historia fantástica. Huevo de Dragón es una estructura metálica instalada en un predio de 6.000 metros cuadrados. Su forma es justamente la que le da nombre y fue distinguida por Airbnb como uno de los proyectos ganadores del primer fondo destinado a alojamientos singulares.

Una estructura con forma de huevo se convirtió en un singular alojamiento en el valle de Trevelin.

Antes de convertirse en hospedaje, el huevo fue pensado como atelier por el arquitecto Martín De Estrada. En su interior hay una cama para dos personas, una mesa, cocina y baño. Por fuera, la estructura está revestida con chapa cortada y oxidada.

La inspiración también tiene raíces locales. “Lo pensé como figura de renacimiento, de la totalidad, como un arquetipo de renacer. Después apareció lo del huevo de dragón, por la cultura de los pobladores galeses, tan arraigada en Trevelin”, contó De Estrada. La propuesta combina arquitectura, paisaje e identidad local y convierte una noche de alojamiento en una experiencia diferente dentro del valle chubutense.


Dormir dentro de un avión, en Córdoba


En Oncativo, a poco más de 80 kilómetros de Córdoba capital, el viaje puede comenzar en una pista de aterrizaje y terminar dentro de un avión. Oscar “Pupi” Scorza había comenzado con un proyecto hotelero convencional, pero todo cambió cuando en un remate apareció un Boeing 737 que había pertenecido a la aerolínea Southern Winds. Terminó comprando tres aviones y trasladarlos hasta Oncativo se convirtió en una historia en sí misma.

Uno de ellos terminó convertido en espacio para eventos. Los otros dos dieron origen a Air Damasco, un alojamiento donde los huéspedes pueden dormir dentro de antiguos aviones. La experiencia conserva buena parte de la identidad de una cabina: ventanillas, puertas de emergencia y, en algunos casos, hasta la cabina del piloto. Pero el interior fue llevado a otro nivel: las habitaciones tienen jacuzzi en el balcón, aire acondicionado, wifi, baño privado y tecnología.

Antiguos aviones fueron transformados en habitaciones con detalles que conservan la identidad de una cabina.

El ingreso también forma parte del juego. Los huéspedes suben por una manga similar a las de los aeropuertos y llegan a una sala VIP que funciona además como pequeño museo, con objetos vinculados a la historia de los aviones. “Es un lugar único en el mundo”, asegura Scorza. Y la curiosidad parece ser parte importante del atractivo: llegan visitantes de distintos lugares especialmente para conocer cómo es dormir dentro de una aeronave.

Montaña, trenes, arquitectura fantástica o aviones. En algunos casos, el paisaje es el protagonista. En otros, la historia del objeto recuperado. También están quienes buscan una arquitectura que no se parezca a nada conocido o simplemente la posibilidad de pasar una noche en un lugar que jamás imaginaron como hotel.


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