El arte abstracto que la tierra oculta y solo el cielo puede revelar en el Valle de la Luna de la Patagonia
Una experiencia con dron reveló una nueva dimensión del Valle de la Luna Rojo y Amarillo, en General Roca: un paisaje de más de 100 millones de años despliega formas y colores únicos.

Quiero compartirles una experiencia que realmente me cambió la forma de ver el entorno que me rodea. Desde siempre he sentido que mirar desde otro lugar, adoptar un punto de vista distinto, nos convierte en personas diferentes, y esa diferencia nos permite descubrir cosas nuevas, inesperadas. Fue con esa idea en mente que decidí mirar desde la perspectiva de un ave en vuelo, para intentar entender y sentir el paisaje de una manera completamente distinta.
Cuando veo a los pájaros volar, me impresiona la libertad con la que se desplazan y la manera en que observan el mundo desde arriba. Esa mirada única es algo que nosotros, en nuestra rutina cotidiana, rara vez podemos experimentar. Solo desde un avión; si usamos parapentes, ala deltas o con un dron podemos aproximarnos a esa sensación. Precisamente fue gracias al uso de la tecnología que comencé esta aventura: mostrar lo que siempre vemos, pero desde el punto de vista de un ave, desde las alturas.
En mi ciudad, General Roca, tenemos dos formaciones naturales que me fascinan y que siempre recomiendo recorrer: el Valle de la Luna Rojo y el Valle de la Luna Amarillo. Son formaciones geológicas de rocas sedimentarias esculpidas por la erosión del viento y el agua a lo largo de más de 100 millones de años.
Cada uno tiene su propia magia; uno está dominado por impresionantes volúmenes rocosos que parecen esculturas gigantes, mientras que el otro se caracteriza por sus numerosos y profundos cañadones que invitan a la exploración y el descubrimiento. Uno con su superficie pintada de rojo y el otro de amarillo. Caminar por estos lugares es una experiencia hermosa, llena de conexión con la naturaleza, pero fue al elevarme con el dron que pude revelar algo más profundo, que no imaginaba.
Desde el aire, el paisaje se transforma en un espectáculo completamente distinto. Las formaciones rocosas dejan de ser solo montañas y paredes, para convertirse en verdaderas obras de arte abstracto. Sus líneas, volúmenes y formas se combinan para crear una composición que parece salida de un sueño.
Volar y fotografiar desde esa altura fue una experiencia enriquecedora, que me enseñó a redescubrir estos lugares que ya conocía tan bien. Y esa revelación me hizo comprender que la belleza no reside únicamente en lo que mis ojos encuentran caminando sobre la tierra, sino también en esas nuevas imágenes capturadas desde el cielo.
Cada trazo que el drone captaba, cada sombra, cada curva, transformaban la percepción del paisaje, generando nuevas imágenes que despertaban nuevas emociones en mí. Fue un ballet visual donde el terreno se volvió vivo, dinámico y lleno de misterios por descubrir. Siento que esa experiencia me ofreció una nueva mirada, una forma renovada de conectar con la naturaleza y conmigo mismo. Entendí, con una claridad profunda, que a veces basta con cambiar la perspectiva para abrirnos a un mundo nuevo, justo frente a nuestros ojos, que simplemente esperando ser descubierto desde otro ángulo.
Este viaje me invitó a ser más curioso, más abierto, a buscar siempre nuevas formas de observar y valorar lo que tengo cerca. Mirar desde otra altura, desde otro lugar, ya no es solo un recurso visual, sino una forma de vivir y sentir que quiero seguir explorando. Porque en cada vuelo, en cada toma desde arriba, se revela un pedazo distinto del mundo que me fascina conocer y compartir.
Los colores característicos
Los colores que caracterizan al Valle de la Luna Rojo y Amarillo, en General Roca, se deben principalmente a las diferentes etapas de oxidación del hierro presente en sus rocas sedimentarias y arcillas. Este paisaje prehistórico, situado dentro del Área Natural Protegida Paso Córdoba, revela capas terrestres acumuladas durante millones de años que reaccionaron de manera distinta ante el oxígeno y el agua.
¿Por qué cambian los colores?
El Valle de la Luna Rojo debe su intenso color a sedimentos ricos en hierro provenientes del período Cretácico, hace aproximadamente entre 100 y 120 millones de años. En aquel entonces, la región estaba cerca del mar y tenía abundante vegetación. La exposición constante a una atmósfera con alto contenido de oxígeno provocó la oxidación completa del hierro, similar a la corrosión de un metal antiguo, lo que tiñó las arenas y arcillas con un rojo profundo.
Por otro lado, el Valle de la Luna Amarillo exhibe tonos beige y dorados más suaves, correspondientes a sedimentos más recientes del Paleoceno, hace cerca de 55 millones de años, durante la era Cenozoica. En esa época, la zona fue parcialmente cubierta por el antiguo Mar Rocanense. Los suelos marinos arcillosos experimentaron una oxidación parcial o una hidratación distinta de minerales como la limonita o la goethita, originando así los característicos tonos amarillentos en lugar del rojo intenso.
Además, la luz solar influye notablemente en la percepción de estos colores. Durante el amanecer y el atardecer, los rayos solares intensifican los pigmentos naturales y generan sombras que transforman las formaciones rocosas y cañadones, convirtiendo el paisaje en un espectáculo visual realmente único.
Cómo llegar
El Rojo es el más accesible
Se encuentra a 18,5 km del centro de Roca. Para ir se debe tomar la Ruta Provincial 6, cruzar el puente del río Negro en Paso Córdoba y seguir hasta la curva en donde están los santuarios. Allí se debe tomar una calle de ripio que lleva hasta el Valle. Hay estacionamiento.
Como se llega en vehículo es el destino de familias enteras que lo eligen para pasar el día. Los fines de semana se llena.
Avistajes y atletas en el Amarillo
Acceso a pie. Desde el sector del río Negro conocido como Náutico, se debe caminar en dirección al este, hasta un gran sauce. A pocos metros, inicia un cañadón que lleva hasta el Valle.
Dificultad baja. Se deben atravesar arenales pero no es un camino escarpado. Se llega en 30 minutos a un ritmo moderado. Es el más utilizado por grupos de avistajes de aves, trekking y ciclismo.
Transporte Público
Colectivo local: Puedes tomar un colectivo urbano cartelizado como «Paso Córdoba» desde el centro de la ciudad. Último tramo: Al bajar en la zona de Paso Córdoba, puedes caminar o acercarte a la oficina de informes turísticos local para recibir detalles de los senderos peatonales.
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