Gigantes vivos: el registro inédito de “atunes argentinos” en el Golfo San Matías de Las Grutas

El dron de Maximiliano Cartes Salas captó por primera vez a un grupo de Gasterochisma melampus nadando cerca de Las Grutas. Científicos explican por qué es un hallazgo excepcional tras décadas de verlos solo varados.

Maximiliano Cartes Salas estaba donde suele estar: con su dron, miraba el paisaje desde lo alto, en Las Grutas, esa playa donde el mar siempre parece contarle algún secreto. De repente vio seis peces grandes moviéndose en el agua. Sin saber bien de qué se trataba, registró la escena y contactó al biólogo Raúl González, quien desde hace casi 40 años estudia esta especie en la región.

“Estamos acostumbrados a ver al atún argentino (Gasterochisma melampus) varado y sin vida en nuestras playas. Hoy logré captar a estos gigantes en su máximo esplendor: vivos, fuertes y patrullando nuestras costas a escasos metros de la orilla. Es otro documento visual histórico para el Golfo San Matías”, contó en sus redes mientras los "me gusta" se sumaban.

Para muchos, la escena resulta difícil de dimensionar. Sin embargo, hay quien puede explicarlo. Desde hace casi 40 años, el doctor en biología marina Raúl González, docente e investigador de la Universidad Nacional del Comahue y del CONICET, sigue el rastro de esta especie.

Un grupo de “atunes argentinos” fue registrado por primera vez con vida, nadando en cercanías de la costa de Las Grutas. @maximilianofcartes.

Lo primero que aclara es que, aunque se lo conoce como “atún argentino”, en realidad no es un atún. “Está más emparentado con las caballas que con los atunes. Eso es una disquisición biológica, pero es una especie poco conocida. No tiene una presencia significativa en el Atlántico sudoccidental; su distribución es más bien circumpolar, principalmente en el hemisferio sur”, explica. Suma que a nivel internacional se lo conoce como “butterfly mackerel”: mackerel significa caballa y butterfly por las largas aletas de los juveniles, que parecen alas.

Lo que sigue siendo un misterio es por qué aparecen en esta región. González recuerda que en 1988 andaba por la costa y encontró sus primeros ejemplares varados en la playa entre Las Grutas y San Antonio Oeste. A medida que aparecían ejemplares muertos, por curiosidad e interés de investigador registraba datos: los medía, los pesaba. Anotó entre 30 y 40 varamientos en décadas, generalmente de uno o dos individuos por año.

A partir de esos registros empezó a reconstruir su historia. Gran parte de lo que se sabe proviene de capturas realizadas por flotas japonesas en el Pacífico, frente a las costas de Chile.

Durante décadas se los vio varados; esta vez, los gigantes del Golfo San Matías aparecieron vivos y en movimiento.

“Las flotas atuneras son flotas offshore, que operan en aguas internacionales y llevaban científicos a bordo que hacían muestreos de las capturas. Eso permitió generar conocimiento a partir de la pesca”, detalla. Según esos datos, la especie migra de este a oeste en esta época del año y, entre mayo y junio, se concentra mar adentro en el Pacífico, frente a Santiago de Chile, incluso más allá de la Isla de Pascua.


Despejar las dudas


El video cambia esa historia. “Es inédito. Nunca se había filmado algo así. Al principio pensamos que eran delfines, pero al ver las aletas y el cuerpo quedó claro. Se ven al menos seis ejemplares y eso viene a despejar algunas dudas: siempre varan de a uno o dos, nunca de a tres. Se ve que son grupos chicos y algunos se arriman mucho a la costa; pescadores me han comentado que los vieron acercarse a comer”, señala.

También hay una estacionalidad: aparecen entre abril y agosto, con picos en mayo y junio. La hipótesis es que migran hacia zonas reproductivas en el Pacífico y que se orientan por líneas magnéticas, como muchas especies acuáticas. “En algún punto chocan con Sudamérica, vienen desde el Índico o incluso más allá, y terminan entrando en el golfo”, explica.

El registro aporta una nueva mirada sobre una especie poco conocida en el Atlántico sudoccidental.

Lo curioso es que los varamientos se concentran en la zona del Golfo San Matías, especialmente en su sector noroeste, en la Bahía San Antonio y en toda el área entre Las Grutas, extendiéndose un poco más hacia el sur. En cambio, en Península Valdés hay apenas un registro documentado y, hacia el norte, San Blas o Bahía Blanca, no se han reportado estos ejemplares.

Son peces grandes: entre 80 centímetros y 1,90 metros, con pesos que van de los 20 a los 80 kilos. Se alimentan de calamares, anchoas y otras especies pelágicas. Las hembras analizadas estaban en estado reproductivo avanzado, lo que coincide con su desplazamiento hacia zonas de reproducción en el Pacífico.

Después de décadas viéndolos muertos en la costa, la imagen cambia todo. “Hace casi 40 años que los veo aparecer varados. Verlos vivos, nadando en grupo, es completamente distinto”, dice.

La imagen captada con dron muestra al menos seis ejemplares desplazándose en grupo, algo inédito para la especie en la región.

Ya jubilado, González continúa trabajando con un contrato del CONICET para cerrar investigaciones. Ordena datos y prepara publicaciones con todo lo acumulado. “Este video es espectacular, es como la conclusión del tema, confirma algunas hipótesis. Hoy en las revistas científicas tener imágenes o videos como material suplementario es muy importante, porque hace todo más potente”, señala, y destaca el aporte de quienes registran estas escenas con respeto.

Porque detrás de la imagen también hay una forma de mirar. El propio Maximiliano Cartes Salas lo deja claro: “La captura fue posible con teleobjetivo y manteniendo distancia prudencial, sin interferir en el comportamiento de los animales. Este tipo de observación no invasiva es clave para preservar la fauna mientras documentamos su paso por nuestras costas”.

Maxi, comparte sus historias en Instagram @maximilianofcartes.


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